La guitarra flamenca que Julio Anguita regaló a Durutti Column sigue sonando 40 años después
Cuando el exalcalde de Córdoba y exlíder de IU Julio Anguita dejó la primera línea política a principios de siglo, pasó a vivir en un anonimato que solo rompía cuando publicaba alguno de sus libros, y que se desquebrajó completamente cuando una generación joven, la del 15M, vio en él el molde moral con el que debían ser esculpidos todos los nuevos políticos de este país. Ese último Anguita, el que deambulaba de manera anónima por la ciudad de Córdoba, no llevaba una vida muy distinta a la de Vini Reilly, líder de Durutti Column, un músico que durante gran parte de su trayectoria ha vivido de espaldas al gran público, siendo idolatrado por una ferviente minoría, antes de que, en los últimos años, una nueva generación joven lo haya redescubierto gracias a artistas como Blood Orange o Harry Styles.
Lo curioso es que estos dos personajes, tan distintos y a la vez tan mitificados, llegaron a darse la mano. Anguita le sacaba doce años a Reilly cuando se conocieron, en Manchester, en junio de 1985. Vistas desde el presente, las fotografías de aquel encuentro tienen algo de insólito. Anguita, con su porte andalusí y su presencia recia, parece por momentos una suerte de hermano mayor del músico, cabizbajo, enjuto y ensimismado. Y ahí está, además, el gesto que vuelve la escena todavía más extraña y fascinante: Anguita le entrega una guitarra española a Reilly, que, aunque la recibe con una expresión casi de desconcierto, como si tampoco él terminara de entender del todo a qué viene aquel regalo, es capaz de esbozar una sonrisa que parece sincera.
Aquella guitarra era una pieza única. Había sido construida y reconstruida por un artesano cordobés. Y acabó en manos de uno de los músicos más singulares de Manchester gracias a algo tan protocolario como un hermanamiento entre dos ciudades de dos países distintos.
Aquel instrumento, sin embargo, ha marcado la trayectoria de Durutti Column desde mediados de los años 80 hasta la actualidad. El reciente lanzamiento de Renascent, el primer disco de Vini Reilly en 15 años, recupera acordes y fraseos hechos con una guitarra flamenca, algo que Reilly ha venido incorporando a su universo sonoro y visual prácticamente desde que aquel alcalde comunista español puso en sus manos aquel trozo de madera hecho por el artesano Juan Montero.
El factor Tony Wilson
Al final de la película 24 Hour Party People (Michael Winterbottom), Tony Wilson recibe la visita de Dios, que le recuerda que Vini Reilly merece desde hace tiempo un homenaje y le sugiere que quizá debería plantearse publicar un Greatest Hits de The Durutti Column. “Es buena música para relajarse”, le dice Dios todopoderoso en una bella licencia ficticia que, por otra parte, funciona como un reconocimiento simbólico a uno de los miembros más antiguos y menos reconocidos de la familia Factory (The Durutti Column fue el primer grupo que Wilson contrató para actuar en la primera noche del club Factory, celebrada en 1978, y Reilly se convirtió además en el primer artista en firmar un contrato con Factory Records, con la que lanzó New Order, Joy Division o Happy Mondays).
Algo similar debieron pensar en Córdoba unos 20 años antes de Winterbottom tres cabezas pensantes: la del periodista Julián Estrada, y la de los músicos Álvaro Tarik y Cisco Casado (entonces parte del grupo Yacentes). Ellos fueron los que, aprovechando la Semana de Córdoba en Manchester, que se iba a celebrar entre el 22 y el 30 de junio de 1985, tuvieron la idea de llevar una guitarra española para regalársela a algún grupo de aquella ciudad. Y ellos fueron quienes acabaron eligiendo a The Durutti Column por encima de todos los grupos de la Factory Records de Tony Wilson que ya entonces estaban casi más interesados en los cables de los sintetizadores que en las cuerdas de las guitarras.
Álvaro Tarik recuerda a Cordópolis que el nombre de Vini Reilly apareció casi de inmediato y que solo The Smiths podían hacerle sombra como banda guitarrera mancuniana de ese momento. Reilly, que de hecho tocó y grabó con el grupo de Morrisey, era el guitarrista de The Durutti Column, y su música transitaba por un territorio propio, entre el pop, la experimentación, la electrónica y una delicada concepción de la guitarra. Para aquella pequeña comunidad musical cordobesa que seguía con atención lo que ocurría en Manchester, era el candidato natural.
Su grupo, además, había tomado el nombre de un famoso guerrillero anarquista, y el alcalde de Córdoba pasaba por ser el primer alcalde comunista de una capital española desde la muerte de Franco. Todo rimaba, así que solo hacía falta la guitarra. Y resultó que el instrumento, por su lado, también tenía su propia y fascinante historia.
La guitarra rota en una reyerta
Todo esto aparece en el documental Una guitarra para Durutti (2008), dirigido y producido por Evaristo Vinuesa y Juan Carlos Merino, y también lo recuerda desde el presente Julián Estrada: la guitarra la había construido Juan Montero Aguilera, un artesano cordobés ya fallecido, y había pertenecido a un guitarrista flamenco, que la había usado en sus recitales hasta que resultó dañada durante una trifulca en un tablao. El guitarrista entonces pidió al luthier que la reparase y el artesano optó por darle una nueva, y acabó quedándose con ella, restaurándola con cuidado.
Esa fue la guitarra que el 20 de junio de 1985 salió de Córdoba rumbo al Reino Unido, primero en un autocar desde la capital hacia el Aeropuerto de Málaga, después en la bodega de un avión de Iberia que aterrizó en Londres, y finalmente en otro autobús de dos plantas que llevó a la comitiva cordobesa desde la metrópolis británica hasta la ciudad de Manchester. Una vez allí, Julián Estrada charlará con Bruce Mitchell, batería de la banda, en los días previos a la entrega, que tendrá lugar en el Ayuntamiento de Manchester, el día 22. Mitchell, según recogen las publicaciones municipales de la época, ya advierte de que Reilly es una persona particular y, de hecho, deja caer que es posible que ni siquiera acuda al acto.
Pero acude. Con su novia. Puntuales los dos (los tres, contando a Mitchell). El que tarda es Anguita, que no encuentra taxi. Así que, mientras llega el alcalde, aprovechan para contarle a Reilly la historia de la guitarra, y le pasan el manuscrito del luthier, que se despide: “Ahora que me desprendo de esta guitarra, quisiera hacer llegar a la persona que va a disfrutarla que la trate con mucho cariño y la conserve para siempre como una joya artesanal cordobesa”. Estrada recuerda que el músico recibió toda la información con cara de sorpresa, como si no entendiera por qué lo merecía. “Why me?”, apenas acertó a articular, antes de acomodarse el instrumento y comenzar a tocarlo.
Anguita, en la línea que siempre caracterizó su etapa política, aprovechó el momento para cargar un buen discurso: cita a Buenaventura Durruti y apunta que, con el mapa de Andalucía en la mano, allí donde en la República había anarquismo de la CNT, en 1985 hay comunismo fuerte. A Reilly probablemente esto le importa un pimiento, mira el suelo mientras el político habla y, cuando termina, asiente y le da la mano.
Parte de su universo
Aquella noche, comenzará a trastear la guitarra. Y no tardará en incorporarla a su trabajo. Dos años después publica The Guitar And Other Machines, y en 1989 usa la española tanto para abrir su LP Vini Reilly, como para una colaboración con el grupo Swing Out Sister. Ya por entonces había confesado su amor por la sonoridad única de este tipo de acústica: “Mi guitarra preferida española, tocada acústicamente en una habitación pequeña. Pero he visto que, cuando está en escena, no puedes utilizar este tipo de guitarra por las dificultades de amplificación (…) Yo procuro producir un sonido claro, nítido que se parece mucho a una guitarra acústica”, contaba Reilly en una entrevista con la delegación española, recogida en la prensa de la época.
En el año 1991, además, se dio el milagro de que Reilly pudiera tocar en Córdoba. The Durutti Column actuó en el teatro de La Axerquía en octubre de aquel año, en un concierto que quienes estuvieron allí todavía recuerdan con especial intensidad. Álvaro Tarik lo describe como un acontecimiento para aquella pequeña comunidad musical cordobesa que llevaba años siguiendo a Reilly: escuchar en directo a uno de aquellos músicos que parecían pertenecer a un mundo lejano tenía algo de excepcional.
Pasaron unos días en la ciudad y se movieron por los bares y tabernas. Hace unos años, en una entrevista en The Guardian, Reilly se reía cuando le llamaban virtuoso: “Pásate por cualquier bar de Córdoba, en España, y los tipos que encuentres tocando me harán parecer un estúpido”, dijo al periodista un músico, esquivo y propenso al mito, que pese a los altibajos, ha mantenido a pulso una carrera hecha disco a disco, a partir de devaneos entre el ambient, el rock instrumental, la música clásica y el toque flamenco.
Una subasta
Nadie sonaba como él y, sin embargo, ser único no lo hizo ser lo que se dice un músico exitoso. Más bien lo contrario. Es probable que Reilly no estuviera de acuerdo con romper el pacto con el luthier que le fabricó y restauró su guitarra española. Pero a punto estuvo de hacerlo. En 2011, una página vinculada a Phil Kooky Cleaver (que, a principios de los 2000 comenzó a reeditar parte del catálogo de Reilly) publicó un anuncio con un título inequívoco: Vini Reilly's Juan Montero guitar for sale. La guitarra que Anguita le regaló a Reilly salía a la venta.
El contexto hacía comprensible aquella decisión. Reilly había atravesado graves problemas de salud y una situación económica complicada. La guitarra aparecía así vinculada a una posible operación destinada a conseguir fondos para ayudarlo a levantarse. La pregunta, entonces, es: ¿se vendió realmente aquella guitarra? Este periódico ha contactado con Phil Kooky Cleaver para interesarse por el resultado de aquella subasta y tratar de despejar la incógnita, pero no ha obtenido respuesta.
Todo apunta, sin embargo, a que la guitarra no llegó a venderse. Hay dos datos especialmente significativos: el primero, que ese mismo año se reeditó Vini Reilly con dos nuevos temas (bocetos, eso sí) que llevan por título Juan Montero. El segundo, la aparición de nuevos acordes de guitarra española en Renascent, su nuevo disco, publicado hace unas semanas. Este hecho, conociendo bien al personaje y la historia de aquella guitarra, alimenta la hipótesis de que Reilly no incumplió su promesa.
Porque hay otro elemento importante en la historia de este nuevo disco, el primero de The Durutti Column en 15 años. El material de Renascent no responde a un proceso de composición y grabación desarrollado ahora. Buena parte de estas piezas procede de un periodo amplio, que se remonta a la década pasada y llega hasta la actualidad. Reilly ha ido trabajando y registrando este material después de una etapa especialmente dura de su vida.
El músico ha sufrido dos ictus y ha atravesado además una severa depresión. Su regreso a la grabación ha sido posible en buena medida gracias al apoyo de sus amigos y colaboradores Bruce Mitchell y Keir Stewart. De ahí que la publicación de un nuevo trabajo tenga un significado que va más allá de la propia discografía de The Durutti Column: significa que Reilly ha vuelto a hacer música y que aquella manera tan personal de entender la guitarra sigue viva.
Y que, ahora, al igual que hace 40 años, Reilly sigue buscándose a sí mismo en el sonido evocador de una guitarra española que le regaló un alcalde comunista y que había sido restaurada para él, tras ser destrozada en una pelea en una taberna cordobesa. La historia es tan bonita, que hasta Tony Wilson la querría para su revival de ese genio de la música contemporánea que es Vini Reilly.
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