La increíble historia de El Cordobés: a los mandos de su propio avión vestido de torero para llegar a tiempo a la plaza
Manuel Benítez El Cordobés era, en los años sesenta, una de las personas más famosas de España. El torero fue el protagonista del primer fenómeno fan del país. Su historia personal, de la extrema pobreza al triunfo absoluto, y sus excentricidades lo convirtieron en una celebridad. En aquella España del tardofranquismo, cualquier cosa que hiciera El Cordobés era noticia. Y muchas de las que se le ocurrían eran de lo más estrambóticas e increíbles.
El creador del salto de la rana es, probablemente, la única persona en el mundo que se ha vestido con un traje de luces para pilotar un avión. Y que se ha comprado su propia avioneta para no llegar tarde a su corrida de toros. El programa de Radio Televisión Española (RTVE) Los archivos secretos del No-Do ha sacado a la luz unas imágenes inéditas, que nunca se emitieron en el noticiero franquista por excelencia. Y ha recuperado una historia que, no obstante, sí que era conocida. Que El Cordobés tuvo un avión y que incluso se sacó el carnet de piloto para manejarlo.
El Cordobés compró uno de los aviones más modernos de la época en 1965. Era un Piper Aztec con matrícula EC-AZV. Se trataba de un bimotor al que bautizó originalmente con el nombre de El Cordobés después de un bautizo en el Aeropuerto de Córdoba. El cura que le arrojó agua bendita al fuselaje fue el padre Arroyo, coadjutor de la iglesia de Santa Marina (la iglesia de los toreros de Córdoba), como escribió en 2019 Ladis, el hijo del mítico fotógrafo que inmortalizó aquella escena.
Manuel Benítez había tenido que cambiar de residencia tras su éxito taurino. De su infancia paupérrima en Palma del Río pasó al triunfo y el dinero que le permitió comprarse una finca en la Sierra de Córdoba. Aquella hacienda es hoy un lugar de celebraciones. Y aunque está a unos diez kilómetros de la ciudad tras una subida, la finca se convirtió en un lugar de peregrinaje de los fans del torero desde Córdoba. Conforme crecía su éxito y su fortuna, El Cordobés se compró una segunda finca, esta vez más lejos, en el paraje de Villalobillos, entre los términos municipales de Córdoba y Almodóvar del Río.
En Villalobillos, Benítez encargó al arquitecto Rafael de la Hoz (director general de Arquitectura en el tardofranquismo) que le construyese un chalet con todos los lujos. Y a la vez que se compraba el avión, El Cordobés construyó a los pies de su finca una pista de aterrizaje. Durante sus primeros años de avión, el torero contrató a un piloto profesional, que era el que le llevaba por las Españas, de corrida a corrida, e incluso de juerga a juerga. En 1969, Manuel Benítez se convirtió en uno de los primeros españoles en pilotar su propio biomotor corporativo (el avión tenía en la cola el sello de la ganadería de El Cordobés). El torero se sacó la licencia y una de las primeras cosas que hizo fue llamar a la prensa.
El 29 de septiembre de 1970, un cámara del No-Do, junto a varios fotógrafos (uno de ellos Ladis padre), acudieron a la finca de Villalobillos. En la casa pudieron fotografiar y grabar a Benítez mientras se vestía de torero. De la vivienda salía una especie de procesión con varias amazonas sosteniendo pancartas con números. Eran el 111 y el 112, y significaban el número de corridas que El Cordobés había llevado a cabo ese año. Era un récord gracias, precisamente, a su avión. Sin un medio de transporte tan rápido habría sido imposible torear todos los días del mes de agosto de 1970 en España, un país que entonces tenía un enorme problema con sus propias comunicaciones por tierra.
Tras aquella procesión, Benítez, con su traje de luces, se subía a su avión. Y le abría las puertas al cámara del No-Do y a los fotógrafos. Arrancaba los motores de su Piper Aztec, recorría la pista de Villalobillos y despegaba en dirección a la lejana Córdoba. El vuelo tuvo que durar muy pocos minutos. Unos 20 kilómetros después aterrizaba en el Aeropuerto de Córdoba donde, a la fuerza, tuvo que coger un coche para que le llevase hasta el Coso de los Califas. Allí le esperaba Miguel Mateo Miguelín para un mano a mano.
Las imágenes del No-Do no se llegaron a publicar, pero la prensa sí que se hizo eco de aquel vuelo de El Cordobés. Lo hizo el diario Pueblo o el Diario Córdoba. La historia la contó la radio. Pero aquella cita permaneció oculta en los archivos de la Filmoteca de España hasta que RTVE los ha desempolvado.
El Cordobés siguió usando su avión hasta que dejó de torear con tanta asiduidad. La aeronave era propiedad de su empresa familiar, Firga, como recuerda en experto en aviación Javier Ortega. Tras acabar en una empresa de trabajos aéreos llegó a formar parte del aeroclub de Sabadell, donde servía como avión para formar a pilotos. Al parecer, se conserva su fuselaje en algún hangar, pero no sus alas. Sus restos son aún reconocibles, ya que la marca de la ganadería, la famosa C de El Cordobés, sigue grabada en el timó de cola del avión.
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