No vengan a jodernos con la ética, por favor
Córdoba pasará de producir naranjas a producir misiles
En términos económicos, producir naranjas o producir misiles es irrelevante. Las naranjas necesitan suelo fértil, semillas, abono, agua, sol, mano de obra y una larga cadena de distribución hasta que la fruta llega a la mesa. Todo el proceso genera valor añadido y empleo perfectamente cuantificado en magnitudes contables. Exactamente igual que la fabricación de un misil. Un artefacto que requiere aluminio, litio, titanio, cerámicas técnicas, un motor de propulsión, sistemas de navegación inercial, infrarrojos, espoletas de proximidad y explosivos de alta potencia para reducir a escombros un objetivo militar en cualquier parte del mundo.
Usted dirá que no es lo mismo producir vitamina C y ácido fólico para la función antioxidante del organismo que descuartizar seres humanos y reventar hospitales. Y, en efecto, no es lo mismo. Pero la ética es un ingrediente que no computa en los sistemas macroeconómicos de generación de riqueza, tal como venimos observando en los últimos años.
El Campus Tecnológico de Rabanales fue concebido para impulsar la transformación agropecuaria de una provincia eminentemente agrícola. Y hoy se prepara para convertirse en un gigantesco emporio de la industria militar con una inversión multimillonaria y la generación de cientos de puestos de trabajo, que nos traerán prosperidad y desarrollo a manos llenas.
Córdoba pasará de producir naranjas a producir misiles, nos recordó el profesor Juan Escribano en una entrevista publicada por Cordópolis días atrás. Y no es exactamente lo mismo, por lo visto. Además de profesor de Derecho del Trabajo, Juan Escribano es portavoz de un colectivo que se hace llamar Mejor sin Armas. Como verán, predica en el desierto y formula ideas simples como un abrelatas.
Por ejemplo, asegura que la industria de la muerte es lo que parece y que el objetivo de las armas es matar. Que, por cierto, es algo que se nos olvida recurrentemente cuando nos ponemos en clave macroeconómica y nos llueven los millones y los puestos de trabajo como caídos del cielo.
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