Juan Escribano: “Córdoba ha dicho adiós a la ciudad de la paz por la de la guerra”
La Base Logística del Ejército de Tierra está a un paso de marcar un punto de inflexión en la historia contemporánea de Córdoba. Las cifras son inapelables. Decenas de fábricas de armas, cientos de empresas auxiliares, miles de puestos de trabajo. El macroproyecto transformará previsiblemente el pulso económico de la ciudad. Pero no solo. También desfigurará su imagen mundial de símbolo de la paz y las tres culturas.
La iniciativa ha sido bendecida por todas las fuerzas políticas, sociales y económicas sin excepción. Salvo una. Una pequeña plataforma que navega a contracorriente bajo el nombre de Mejor sin Armas. El señor de la imagen es su portavoz. Catedrático de Derecho del Trabajo, activista irredento y defensor del medio ambiente desde que tiene uso de razón. Lo suyo, desde siempre, es meterse en los charcos. Y no lo oculta.
La Base Logística convertirá a Córdoba en un objetivo militar
PREGUNTA. ¿Mejor sin armas?
RESPUESTA. Mucho mejor sin armas. Las diferencias entre los seres humanos son mucho menores de lo que creemos. Y no necesitamos armas para resolverlas.
Juan Escribano se reconoce en uno de los cientos de niños de barrio de los años setenta. Uno de los pocos que logró salir de Fátima con un título universitario debajo del brazo. Hijo de activistas antifranquistas, forjó su carácter en una familia militante de la izquierda extraparlamentaria. “Los perdedores de la Transición”, remarca sentado en una mesa redonda del amplio despacho que ocupa en la primera planta de la Facultad de Derecho.
Tomó conciencia ecologista muy joven, en los años del instituto, y eligió la carrera de Derecho como salvoconducto para lograr un trabajo rápido que le permitiera escapar de las dificultades del barrio en aquella Córdoba renqueante que apenas acababa de sacudirse las secuelas de la dictadura. “La gente de la clase trabajadora necesitábamos tener carreras que nos proporcionaran empleo lo antes posible”, razona nada más activarse la grabadora.
P. ¿Y eligió bien?
R. Había una razón pragmática y otra idealista: el modelo de los abogados laboralistas que a mí me atrajo siempre.
P. Usted era un chaval comprometido.
R. Sí, desde el principio.
P. Por influencia familiar.
R. Mi padre pertenecía a partidos políticos que se situaron al margen de la Transición y eso fue lo que me llevó a militar desde el principio pero siempre en el movimiento ecologista.
La industria verde genera mucho más empleo que la industria de la muerte
P. Usted mama el compromiso político en su propia casa.
R. Sí, aunque fue ya el compromiso político del desencanto de finales de la Transición. Se puede decir que yo pertenezco al sector que perdió la Transición. Aquellos partidos políticos de izquierda que no se incorporaron a la normalidad parlamentaria.
P. Y militó joven.
R. Sí. En el movimiento ecologista desde el instituto con compañeros que todavía conservo en Ecologistas en Acción. Constituimos un grupo cuando estaba en tercero de BUP.
P. ¿Y cómo se acercó al movimiento ecologista tan joven?
R. Yo soy de familia de campo y eso me generaba mucha empatía con la defensa del medio ambiente. Soy de la generación de Greenpeace, cuando salía por televisión oponiéndose a la industria nuclear o luchando para impedir que tiraran la basura atómica en la fosa atlántica, en aquella imagen tan icónica. Yo soy de esa generación. Y de Félix Rodríguez de la Fuente, claro.
P. ¿Y sigue militando en Ecologistas en Acción?
R. Soy el portavoz. Y antes fui coordinador durante ocho años. Cuando empecé no existía Ecologistas en Acción. La organización que en aquel momento vertebró a todos los grupúsculos de Córdoba era Aedenat, a través de Pepe Larios, Curro Cobos y otros compañeros.
P. Pepe Larios ha sido su maestro.
R. Sí. Y muchas otras personas. Pepe era un referente, aunque en lo político no siempre estábamos de acuerdo, pero sí en lo social y en lo ambiental.
P. ¿Cuál fue su primera batalla ecologista en Córdoba?
R. La ampliación de las canteras de áridos de Asland y la destrucción de las dehesas de la zona de Román Pérez.
P. El cementerio nuclear de El Cabril fue uno de los grandes desafíos ambientales de aquella época.
R. A mí me pilló demasiado joven, pero sí que participé en alguna de las manifestaciones donde hubo personas represaliadas como Pedro [Urbano] y Pepe Larios.
P. ¿La ecologista es una batalla perdida?
R. A nosotros nos gusta decir que si no hubiéramos existido, el mundo sería peor de lo que es. Aunque, si analizamos lo que está ocurriendo en los últimos tiempos y la reversión de todo aquello que parecía que estaba asentado, sí que hemos perdido. Es casi impensable hace 20 años declaraciones como las que hoy hacen Miley o Trump.
Si los ecologistas no existieran, el mundo sería peor de lo que es
P. ¿Vamos para atrás?
R. Desde un punto de vista ideológico, sí. Hace un par de décadas o tres estaba muy normalizado considerar que teníamos que revertir los abusos que estábamos cometiendo en la biosfera. Actualmente, eso ya no es así.
P. Usted eligió derecho del trabajo y no derecho penal ni derecho civil.
R. Mi padre era sindicalista y eso marca. Recuerdo cómo lo acompañaba a los Juzgados de lo Social desde pequeño. Y también la referencia histórica de los abogados laboralistas.
P. ¿El derecho sirve para algo?
R. El derecho del trabajo probablemente no. Cuando empiezo las clases siempre les digo a los alumnos que el derecho del trabajo es el más capitalista de todos, porque es el derecho que regula la compraventa de la fuerza del trabajo. Es decir, regula cómo nos compramos y nos vendemos unos seres humanos a otros. El hecho simplemente de que exista derecho del trabajo implica la existencia de una injusticia y es que unos pocos detentan los medios de producción y otros muchos tenemos que vender nuestro trabajo a quienes monopolizan lo imprescindible para la vida.
Terminó la carrera en 1994. Justo entonces, su profesora María del Mar Ruiz Castillo se traslada a la Universidad de Almería y Juan Escribano sigue sus pasos. Allí ha desarrollado casi toda su vida profesional. Nada menos que 26 años. Hasta que hace cuatro regresó a la UCO. Poco después emergió el macroproyecto de la Base Logística del Ejército de Tierra, cuyas obras de urbanización se encuentran ya en marcha mientras que el medio centenar de pabellones empezarán a levantarse en abril.
La plataforma Mejor sin Armas se creó para hacer frente a una feria de material bélico programada en 2024, que finalmente fue suspendida. “Sentimos desde algunos colectivos sociales la necesidad de hacer oposición a algo que nadie cuestionaba. Córdoba se estaba convirtiendo en uno de los grandes centros de la industria de la guerra y nos constituimos como plataforma contra ese monocultivo militar y la deriva que está teniendo Rabanales 21”.
P. Y si queremos la paz, ¿no es mejor prepararse para la guerra?
R. No. Prepararse para la guerra siempre es para la guerra. Nunca para la paz. Y prepararse para la paz es prepararse para ser capaz de sentir empatía por el sufrimiento de cualquier otro individuo en cualquier otra parte del planeta. Y yo creo que esa es la cultura que hay que fomentar.
P. El discurso dominante, en cambio, sostiene que cuanto más rearme, más seguridad. ¿Compra usted el silogismo?
R. No. Cuanto más rearme, más necesidad de rearme, porque la industria de armas es como una especie de rueda infinita: estás permanentemente rearmándote porque el competidor también se rearma. Es una falacia incluso desde el punto de vista de la propia lógica de la industria de la guerra. El rearme nunca es suficiente.
La alternativa al rearme es poner en el centro los valores humanos
P. Europa ha anunciado hace algunos meses un gasto de 800.000 millones de euros en armas y el 5% del PIB. ¿Hacia qué mundo nos dirigimos?
R. Quiero pensar que hacia un mundo mejor, pero por ahora no hay ningún indicio que lo muestre. Sería impensable hace 30 o 40 años proponer de manera abierta, como hace hoy Von der Leyen, la reducción de las inversiones en sanidad, educación y cultura por considerar que el rearme es lo prioritario. Por lo tanto, a corto plazo nos dirigimos hacia un mundo más feo.
P. ¿El miedo es la gasolina que alimenta el militarismo?
R. Sí. El miedo hacia el otro. El miedo hacia lo diferente. Un miedo fomentado por aquellos que se benefician de este tipo de industria. Y no creo que esté justificado. Esa es mi fe.
P. ¿Qué hay que gastar en defensa para garantizar nuestra seguridad?
R. ¿Qué pasaría si un año de nuestro presupuesto no invirtiéramos nada en el Ejército? Probablemente no ocurriría nada. Entre otras cosas, porque la inversión de hoy no serviría para nada mañana. Estamos viendo, por ejemplo, que todo el embargo de armas al Estado de Israel es prácticamente imposible, porque todo aquello que le hemos comprado durante tanto tiempo tenemos que estar abasteciéndolo continuamente.
P. ¿Usted cree en el Ejército?
R. No. Y además por generación. En mi juventud el movimiento antimilitarista tuvo mucha fuerza. Y no creo, desde luego, en un Ejército que no anteponga la auténtica necesidad de la humanidad. No entiendo que ante la situación a la que nos dirigimos como consecuencia del cambio climático, estemos defendiéndonos unos contra otros y no contra la gran amenaza de la humanidad.
P. Media humanidad no cree en esa amenaza.
R. Yo creo que mucho más de media humanidad. Cuando son las elecciones me suelo acercar a las mesas de Vox para preguntarles por qué no creen en las teorías científicas sobre el cambio climático y la necesidad de reducir los residuos. Y no saben responder. Lo único que dicen es “porque no lo creo”. Es una cuestión de fe. Y yo sé que la razón está de nuestra parte. De su parte solo está una ideología basada en la irracionalidad.
P. ¿Y usted se acerca a las mesas de Vox?
R. Sí. Entiendo que hay que intentar convencer a todos. Y como estoy profundamente convencido de que lo que digo es lo cierto, pues creo que también me puedo acercar a sus mesas y discutirles.
P. ¿La suya es una voz que clama en el desierto?
R. Estoy seguro de que no. Decía Diamantino García Acosta, el cura del SOC, que cuando se defiende algo intrínsecamente justo terminarán obligatoriamente haciéndote caso. Y yo pienso que las batallas en las que he estado son batallas justas y, por lo tanto, terminarán siendo ganadas, aunque ahora mismo no existe muchos indicios de que eso ocurra.
P. ¿Cuál es la alternativa al rearme?
R. Poner en el centro los auténticos valores humanos. Creo que la humanidad es un todo, que tenemos muchas cosas en común y que si supiéramos verlas no necesitaríamos rearmarnos. El entendimiento de los pueblos ha sido una realidad histórica. No solo nos hemos relacionado a través de la guerra, sino también del entendimiento, los avances y el progreso común. Esa sería la manera de avanzar y no invirtiendo en algo que, por mucho que se oculte bajo el concepto de defensa, es para la guerra. Y en eso Trump es mucho más sincero.
El respaldo de todos los grupos municipales a la Base Logística es la foto de la vergüenza
P. ¿Por qué la Base Logística del Ejército no es una buena idea para Córdoba?
R. Hay argumentos puramente pragmáticos. Al ser una Base Logística del Ejército a apenas 16 o 17 kilómetros de la ciudad, Córdoba se convertirá en un objetivo militar. Cuanto más cerca estemos de las estructuras militares será peor. En los bombardeos de Caracas se ha visto claramente. Las zonas bombardeadas fueron justo las que estaban más próximas a las bases logísticas. Y hay otras cuestiones no pragmáticas: ese tipo de estructuras no deben existir en ningún lugar y, por lo tanto, tampoco aquí.
P. Vamos a ser un objetivo militar.
R. Sí. Vamos a ser un objetivo militar. Ya tenemos la Base de Cerro Muriano que se quiso convertir en Base del Euroejército. Y ahora tenemos industrias de armas como Escribano, que tiene unas vinculaciones muy oscuras con el sionismo.
P. Según sus promotores, la Base Logística atraerá a más de 40 industrias nacionales, 1.400 empresas auxiliares en la provincia y más de 4.000 empleos. Es una oferta difícil de rechazar.
R. El tema de los empleos es un poco tramposo. Vivimos en una economía donde no planificamos conforme a unos criterios lógicos, sino que se basa exclusivamente en la obtención de beneficios por aquellos que tienen el capital. Ese es el único objetivo. No puedes crear empleo de otra manera porque los mecanismos económicos no te lo permiten. En una economía planificada se crearía empleo de otra manera. Y, desde el punto de vista moral, crear un empleo basado en la destrucción del planeta y de la vida no es ético. Recuerdo un documental de la Transición en el que los últimos verdugos se quejaban de que con la supresión de la pena de muerte se iban a perder sus trabajos. Algo parecido se puede decir aquí. ¿Hasta qué punto es legítimo por muchos empleos que se creen? Genera mucho más empleo la industria verde. Los estudios son clarísimos. La industria de la vida genera muchísimo más trabajo que la industria de la muerte. El trabajo que se va a generar aquí es un trabajo muy tecnologizado y simplemente se va a desplazar de otros lugares que se van a cerrar. Lo que no es lícito es trabajar para la muerte.
P. ¿La industria militar es un caramelo envenenado?
R. Sí. Es un caramelo envenenado. Aunque tampoco creo que sea tan rentable como se dice. Los estudios del Centro Delàs sobre el impacto en el empleo de otras bases logísticos de España llegan a la conclusión de que no es verdad que se cree un tejido productivo al margen de lo expresamente establecido. Y además se producirá un aumento de las poblaciones vinculadas al Ejército con una deriva hacia posiciones ideológicas que hasta ese momento no existían.
P. O sea, se va a crear poco empleo y muchos votos de Vox.
R. Exacto.
P. Hay algunos estudios que hablan de que la inversión militar crea 2,5 veces menos empleo que la educativa.
R. Exacto. La industria del reciclado es una de las que más volumen de empleo genera y, si queremos revertir el proceso del cambio climático, tenemos que invertir mucho más ahí. Escribano lleva aquí un tiempo con una inversión de centenares de millones de euros y, sin embargo, yo no veo que haya generado un tejido de empleo significativo.
P. Todos los grupos municipales respaldaron, por cierto, la Base Logística. ¿Por responsabilidad o por inconsciencia?
R. Aquella foto de todos los grupos políticos en la puerta del Ayuntamiento estrechándose la mano, desde Vox hasta Izquierda Unida, es la foto de la vergüenza. Entiendo que en un sistema electoral donde cada 4 años tienes que presentarte es difícil proponer una alternativa a largo plazo.
A 100 metros del aulario hay una empresa que fabrica armas y la Universidad se ha callado
P. Algunos se habrán arrepentido.
R. Ellos dicen que sí. Yo se lo he preguntado expresamente. No sé si lo volverían a hacer, pero sí que no están contentos con aquella foto.
P. Córdoba hoy fabrica armamento de tecnología israelí que se ha probado en combate en el genocidio de Gaza. Empezamos bien.
R. La industria de la guerra es la industria de la guerra. El objetivo de las armas es matar. No tienen otra otra función. Y la perfección que ha llevado a cabo el Ejército israelí en la capacidad de destrucción y de vida es muy significativa. Una de las armas probadas en combate que han resultado ser más eficaces se especializa en mutilar las extremidades de las personas sin matarlas. Yo saco una reflexión triste: esos ingenieros que dedican sus vidas a perfeccionar ese tipo de armas no sé hasta qué punto son empleos dignos.
P. Hay tratados internacionales que prohíben expresamente el comercio de armas con países que vulneran los derechos humanos.
R. El derecho internacional es muy peculiar y está basado en la voluntariedad de los estados que lo aplican. Desgraciadamente, el Estado de Israel no forma parte del Tribunal Penal Internacional. Ni Estados Unidos ni Israel tienen suscritos tratados como, por ejemplo, de las minas antipersona. El Estado español comerciando con Israel vulnera claramente sus compromisos internacionales. El Estado de Israel, según todos los organismos internacionales, es sospechoso de haber cometido actos de genocidio y España no tendría por qué negociar ni comprar o vender armas con él.
P. ¿España ha cumplido con sus obligaciones éticas en el concierto internacional?
R. Depende de cómo se analice. Si lo analizamos desde el punto de vista comparativo y lo relacionamos con Alemania, Francia, Italia o Hungría, aquí por lo menos no te detienen si vas por la calle con una kufiya. Pero yo creo que se podían haber hecho muchas más cosas. Se reaccionó tarde y probablemente por cuestiones electoralistas. Cuando se ve que hay un porcentaje importante de la población que está en contra de lo que está ocurriendo en Gaza es cuando el Gobierno toma cartas en el asunto. Y no sé hasta qué punto se ha hecho todo lo posible. Por ejemplo, el comercio con el Estado de Israel no se ha cerrado. Y el tránsito de buques [con armas con destino a Israel] por los puertos españoles se ha condicionado a que las poblaciones se manifiesten en contra.
P. ¿Qué hace una fábrica de armas en un polígono tecnológico universitario?
R. Eso tendrían que responderlo los que son dueños de ese lugar. Y es mayoritariamente la Universidad, pero también la Diputación y el Ayuntamiento de Córdoba, que ceden espacio para unas funciones que no eran las que estuvieron en su origen. El Campus Tecnológico de Rabanales tenía como objetivo la transformación de la industria agropecuaria. Y de ahí hemos pasado a cedérselo a una industria como Escribano. Pero, si investigamos, vemos que la SEPI está participada mayoritariamente por capitales públicos y el presidente es uno de los dueños de Escribano. Aquí podríamos seguir el rastro del dinero y ver cuáles son las administraciones que se encuentran implicadas en el asunto. Desde luego, la UCO, el Gobierno central, la Junta y el Ayuntamiento. Habría que ver quién no está implicado en este proceso de rearme y potenciación de empresas con dudosa moralidad y ética, como es el caso de Escribano.
P. O sea, que hemos pasado de producir naranjas a producir misiles.
R. Además, misiles contrastados en combate. Y lo que estamos haciendo aquí en Rabanales 21 es perfeccionar esos misiles para hacerlos todavía más eficaces. La tecnología que desarrolla Escribano de los misiles SILAM revierte de nuevo en Gaza haciéndola más efectiva para matar a gazatíes.
P. En 2012 la Universidad de Córdoba suscribió un compromiso ético en contra de la transferencia de armas susceptibles de contribuir a la comisión de crímenes de guerra. ¿Estamos en ese caso?
R. Haberse mantenido callada en relación a la presencia de Escribano en Rabanales 21 no es acorde con esa declaración institucional de la Universidad de una ciudad que tradicionalmente ha apostado por la paz. Ese compromiso no se cumple. Y no sé hasta qué punto se podía llegar a cumplir una vez que se cede el espacio. La cesión del espacio es un poco compleja porque, aunque Rabanales 21 es de gestión de la UCO, no es la Universidad la que directamente vende a Escribano la parcela, sino que la adquiere en subasta pública. La Universidad dice que no pudo hacer nada en ese contexto.
P. ¿Y usted cree que la Universidad no pudo hacer nada?
R. Yo creo que sí se puede hacer, aunque sea desde el punto de vista puramente institucional, no jurídico, si manifiestas claramente que no te gusta que a 100 metros del aulario haya una empresa que esté fabricando ese tipo de armas. Y esa declaración institucional sigue sin existir.
No entiendo que nos defendamos unos contra otros y no contra la gran amenaza del cambio climático
P. La Universidad no quiere enfrentarse al Ministerio de Defensa.
R. No. Ni tampoco a Escribano.
P. ¿Adiós a la ciudad de la concordia y la convivencia entre culturas?
R. Pues parece ser que sí. Durante mucho tiempo ese era el lema de Córdoba, pero hoy en día posiblemente ya no esté de moda. Si nos remitimos a nuestro pasado histórico, significa la concordia entre las tres culturas. Y actualmente es difícil decir que existe concordia con la cultura islámica. Vivimos en un contexto de islamofobia muy fuerte. Y, de hecho, pocas veces se dice lo de la ciudad de la concordia y la paz. Probablemente, porque ya se ha olvidado.
P. O sea: adiós ciudad de la paz, hola ciudad de la guerra.
R. Sí. Y además de una manera muy explícita. No se nos está ocultando a la población. La Base Logística no es algo oculto. Es algo que se publicita, se vende y es electoralmente rentable. No se puede decir que los políticos hayan cambiado su manera de pensar, sino que la ciudadanía es también un poco lo que quiere en este momento.
P. Tras la Segunda Guerra Mundial se ha triplicado el gasto militar y el número de conflictos, en cambio, ha pasado de 20 a 56. ¿Qué nos explica ese dato?
R. Nos explica que el sistema está claramente en crisis. El negocio se va estrechando cada vez más y se necesita que la competencia sea más agresiva. Cada vez necesitamos que los estados se impongan frente al otro. La política de Trump es clarísima, pero también la de la Unión Europea. Ahí está Libia para demostrarlo. Necesitamos un petróleo que posiblemente, según muchos geólogos, ya ha pasado su cenit de producción. Vivimos una economía profundamente carbonocéntrica y, por lo tanto, necesitamos de ese petróleo. La mejor manera de conseguirlo es gratis. Y ahí están los conflictos. Si analizamos todos y cada uno de ellos, detrás existe una materia prima, unos recursos, una fuente energética que cada vez es más escasa. La manera más económica de conseguirla es hacer una guerra y quedándote con los recursos sin ningún tipo de reparo.
P. La historia del colonialismo.
R. La historia del colonialismo ha vuelto con toda su crudeza y no sé si alguna vez se fue. Cuando los observadores de Naciones Unidas han llegado a la zona cero del conflicto de Sudán han visto a través del satélite montones de cadáveres quemados. ¿Por qué en Sudán? ¿Qué materias primas tiene? ¿Qué fuentes de energía existen allí que nos obligue a llevar a cabo esa guerra colonial de nueva generación? Ya no necesitamos poner un gobernador, sino simplemente potenciar a uno de los dos bandos para que ellos destruyan sus propios países y luego nos suministren sus recursos al mejor precio.
P. El exministro Moratinos, hoy responsable de la Alianza de Civilizaciones, aboga por abolir la guerra. ¿Un ingenuo o un visionario?
R. Abolir la guerra implica abolir el capitalismo. Y yo estoy completamente seguro de que el capitalismo se puede abolir. Por lo tanto, es posible también abolir la guerra.
P. La Unión Soviética abolió el capitalismo y, sin embargo, también invadía países y mataba a seres humanos.
R. La Unión Soviética fue un ensayo para intentar transitar a otro modelo de organización. Fue un ensayo que no dio los frutos que se esperaban, pero eso no inhabilita la posibilidad de llevar a cabo una economía que no esté presidida por el lucro sino por la planificación en la que los intereses de los seres humanos estén en el centro.
P. ¿Por qué una parte de la izquierda defiende a las víctimas en Palestina y a los verdugos en Ucrania?
R. No creo que sea mucha la izquierda que lo hace. Hay de todo, desde luego. Pero la izquierda que yo conozco es una izquierda que no está de acuerdo con la invasión de Ucrania, aunque la explica de una manera más amplia de lo que se explica aquí como un simple acto de maldad de Putin. Hay otras razones, aunque eso no implica justificar lo que está pasando en Ucrania, que es un conflicto igual de imperialismo en el que Rusia no quiere perder territorio y se siente agredida por el avance de la OTAN hacia su país.
España vulnera sus compromisos internacionales si comercia con Israel
P. Rusia es un imperio.
R. Rusia fue un imperio. Era la segunda potencia mundial y con la caída del muro y la generación del capitalismo en los territorios de la antigua Unión Soviética cae en la absoluta miseria y ahora renace a través de un nacionalismo como el de la extrema derecha, que le devuelve una cierta posición en el mundo. Por supuesto sobre unas bases con las que no estoy de acuerdo.
P. Le devuelve el orgullo imperial.
R. Le devuelve el orgullo imperial.
P. ¿Y si Trump invade Groenlandia?
R. Ha dicho que se la vendan o la invade. Como dice El Padrino, va a hacer una proposición que no va a ser capaz de rechazar. Yo creo que si invade Groenlandia no pasará absolutamente nada. Se quedará con ella. ¿Quién se va a oponer a que Trump la convierta en una nueva estrella de la bandera?
P. ¿Y eso va a cambiar la historia de las relaciones atlánticas?
R. Cuando el amo de las relaciones atlánticas cambia las reglas del juego, simplemente el resto de los súbditos se adaptan a las nuevas reglas del juego.
P. Somos vasallos.
R. Sí.
P. Calentamiento global, tercera guerra mundial, desigualdades sociales. ¿De qué morirá el planeta Tierra?
R. Yo espero que no muera de nada, sino que entremos en razón. Tenemos muchas capacidades como seres humanos para conseguir revertir todo esto. Si pusiéramos todos nuestros esfuerzos en revertir la auténtica amenaza de la humanidad, que es que el planeta está siendo cada vez más inhabitable, yo estoy completamente seguro de que lo conseguiríamos. Y esa es la lucha.
Los europeos somos vasallos de Trump
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