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Datos y ciencia para aclarar por qué el calor extremo del verano en Córdoba no es un mito

Calor nocturno en Córdoba, el pasado verano.

Juan Velasco

12 de marzo de 2026 20:00 h

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La biblioteca Antonio Gala, situada en el barrio de Lepanto, ha acogido esta tarde la charla Córdoba, entre sequías e inundaciones, un encuentro organizado por Rebelión por el Clima con el de analizar los extremos meteorológicos que ha vivido la ciudad en los últimos meses. Uno de los participantes ha sido Carlos Puentes, miembro del colectivo Meteofreak, que ha centrado su intervención en desgranar los registros meteorológicos de 2025 en la capital.

En una conversación previa al encuentro, Puentes ha explicado que su exposición se apoyaba principalmente en los datos de la estación del aeropuerto de Córdoba, y que pretendía usar “pura y duramente” los registros para exponer cifras y tendencias, mientras que el análisis sobre las causas del cambio climático recaiga en otros participantes del acto.

En este sentido, aludiendo al estudio previo hecho por su compañero Miguel Moya, Puentes ha aclarado que datos de 2025 dibujaron un panorama singular. “En temperaturas medias anuales ha sido un año más o menos normal, pero el gran titular es ese: ha sido el año más caluroso y más húmedo desde que hay datos”, explica este experto, que recuerda que esta dualidad es algo anómalo.

Al igual que considera que el rasgo más llamativo del año pasado fue la duración y la intensidad del calor. Según los registros, el periodo de temperaturas propias del verano comenzó mucho antes de lo habitual. “La dorsal anticiclónica típica del verano nos empezó a afectar a mediados de mayo”, explica Puentes. “Y hemos tenido un periodo estival prácticamente constante durante cinco meses, prolongándose hasta la primera mitad de octubre”.

Así, apunta que, si se analiza únicamente el verano climatológico —del 1 de junio al 31 de agosto—, 2025 aparece como el segundo más cálido desde que existen registros. Y, que curiosamente, el mes que más destacó fue junio. “Fue realmente insoportable”, recuerda. “Tuvimos una anomalía de 4,9 grados por encima de lo normal en las temperaturas máximas. Estamos hablando de casi cinco grados más de lo que debería ser habitual”.

El calor de agosto en Córdoba

Desmitificar el calor en verano, “una irresponsabilidad”

Estos datos llegan unos días después de que el canónigo portavoz del Cabildo Catedral, José Juan Jiménez Güeto, hiciera un llamamiento a las instituciones y al sector privado para “desmitificar” las alertas oficiales por calor en Córdoba para así favorecer el turismo. Preguntado por esta cuestión, Puentes rechaza de plano este planteamiento.

“Intentando ser lo más académico posible, si se dijo en serio me parece una irresponsabilidad manifiesta”, afirma, aclarando que las altas temperaturas suponen un riesgo real para la salud. “Salir a pasear por Córdoba en julio o agosto por la tarde, con avisos por altas temperaturas, no es cualquier cosa”, señala. También critica cualquier intento de rebajar la importancia de los avisos meteorológicos. “Sugerir que se revisen a la baja los avisos de la Agencia Estatal de Meteorología o de Protección Civil simplemente por motivos turísticos es muy grave”, añade.

Además, a su juicio, la experiencia del visitante desmonta por sí sola la idea de que el calor cordobés sea un mito. “El turista, cuando llega y se topa con el calor abrasador y se mete en el hotel”, explica este experto que concluye que “la realidad climática se impone” ante el planteamiento hecho desde el portavoz del Cabildo.

Desembalse de San Rafael de Navallana

Pantanos llenos, nuevos debates

Asimismo, también remarca que, tras los intensos temporales del invierno y con los embalses de la provincia en niveles que hace años que no se veía, es lógico que ahora haya una actitud laxa respecto al uso del agua, con la sequía reciente en un limbo memorístico. Así, Puentes cree que es normal que la población se relaje tras varios meses de lluvias abundantes, pero no considera que el consumo doméstico sea el principal problema.

“No me preocupa demasiado esa parte. El consumo humano está teóricamente más que asegurado en Córdoba”, indica, antes de poner el foco en la presión sobre los recursos hídricos, que se encuentra en otro ámbito. “El consumidor fundamental de agua es la agricultura, para eso se construyen realmente los pantanos”, explica este experto que vaticina que el próximo debate llegará ahora que los embalses están llenos. “Las patronales agrarias van a volver a pedir mayores cargas de agua para sus cultivos y ampliar la superficie de regadío”, advierte.

Ese escenario, concluye, plantea interrogantes sobre la gestión futura de los recursos en un contexto climático cada vez más variable. Mientras tanto, los datos que ha expuesto esta tarde en la biblioteca Antonio Gala pretenden aportar algo esencial al debate público: una fotografía basada en registros que demuestra que el calor extremo de Córdoba está muy lejos de ser un mito, por mucho que el agua de enero y febrero lo haya ahogado en la memoria de los cordobeses.

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