El agua como servidumbre de la Base Logística
En el número 1 de la calle de los Plateros, sede central de Emacsa, se está ejecutando una reconfiguración profunda de la ciudad. Tras analizar un registro de 48 páginas con la facturación real de Córdoba entre 2021 y 2025, junto a la descripción técnica de la red de abastecimiento (firmada por los ingenieros Cañadillas y Gimeno) y los acuerdos del Boletín Oficial de la Provincia, la conclusión es inapelable: Córdoba está sacrificando la autonomía de su sistema hídrico para convertirlo en el soporte vital de la futura Base Logística del Ejército (BLET).
Alcolea: 81 millones de litros para un escenario vacío
Los registros oficiales de consumo revelan una anomalía técnica de gran escala. En la zona de Alcolea y la barriada del Ángel, el consumo de agua para usos industriales y oficiales creció un 47% en solo tres años. El dato más revelador ocurre en 2024, cuando esa zona consumió 81 millones de litros de agua adicionales.
Lo sorprendente es que en 2024 no se había construido ni un solo edificio de la Base Logística. Ese volumen de agua —que equivale a llenar 33 piscinas olímpicas— se evaporó literalmente en las obras de urbanización: mover 500.000 metros cúbicos de tierra y humectar el terreno para evitar el polvo. El sistema ha desviado una cantidad masiva de agua, que habitualmente forma parte del sistema de captación de emergencia desde el río, solo para preparar el suelo de un proyecto que aún no ha empezado a funcionar.
El aseguramiento del perímetro militar
La reciente decisión de Emacsa de asumir la gestión de la red de la urbanización Encinares de Alcolea y de la barriada del Ángel no responde a un criterio de ayuda vecinal. Es una operación de aseguramiento del perímetro militar. El organismo municipal no puede permitirse que redes privadas o envejecidas, con sus previsibles fugas y averías, resten presión o generen inestabilidad en el suministro de la Base. Al “nacionalizar” estas redes, Emacsa toma el control total del flujo en la zona. El objetivo es eliminar cualquier “ruido” técnico en los alrededores de la Base para que el suministro militar sea impecable, aunque el coste de reparar esas tuberías viejas se traslade ahora al recibo de todos los cordobeses.
La urgencia de los 30 millones y el cuello de botella
Emacsa ha adjudicado un contrato marco de 30,5 millones de euros para el mantenimiento de las redes. Aunque se presenta como una inversión para toda la ciudad, la prioridad es el Este. La rehabilitación del colector de Alcolea se ha realizado con una urgencia inaudita: turnos de 48 horas ininterrumpidas. Esta prisa se explica por la fragilidad del sistema: Alcolea se abastece a través de un único conducto (la arteria de Tejavana) de entre 400 y 800 mm de diámetro. Es el punto más débil de la red. El sistema sabe que esta tubería no soportaría el estrés de la construcción de los 34 edificios de la Base que comienza en septiembre. Se está reforzando el sistema a contrarreloj para que la infraestructura militar no falle, mientras otros barrios reciben una atención desproporcionadamente menor.
El Sector Sur y el Centro: la anemia y el turismo
Mientras el Este se refuerza, los barrios del Sector Sur muestran una caída del 10% en el consumo. Esto no es solo ahorro; es el resultado de gestionar una red vieja reduciendo la presión para evitar que las tuberías estallen. Es una realidad invisible: el vecino del Sur pierde fuerza en su grifo para que el sistema pueda garantizar el caudal necesario hacia el nuevo polo militar. La inversión en la zona de la Base es hoy inmensamente superior a la que recibe un vecino del Sur. Por su parte, el Casco Histórico refleja otro cambio de prioridades. Mientras los residentes se marchan, el consumo de hoteles y negocios ha subido un 27%. Con temperaturas de 42ºC, los hoteles utilizan sistemas de refrigeración que enfrían el aire evaporando agua potable que no vuelve a la red. Un solo turista gasta hoy el triple de agua que un vecino, y el nuevo sistema de gestión digital prioriza este consumo comercial frente a la estabilidad de las viviendas.
El imán de los fondos: El agua como indicador de riqueza
Este despliegue tecnológico ha convertido el registro del agua en un imán para fondos de inversión internacionales y grandes grupos inmobiliarios. Al analizar el consumo agregado de cada zona, estos inversores pueden radiografiar la rentabilidad de la ciudad con una precisión quirúrgica. No es una hipótesis: es el modelo de negocio de SOCIMIs y fondos como Blackstone (a través de su filial logística Logicor) o Azora, que monitorizan la capacidad de carga de las infraestructuras antes de desembarcar en un territorio. Para ellos, el dato del agua es un termómetro que marca dónde hay dinero y dónde hay oportunidad de negocio.
Un ejemplo claro lo encontramos en la barriada del Brillante, donde el consumo doméstico supera los 119.000 metros cúbicos anuales. Al entregar estos datos a la nube gestionada por multinacionales como Schneider y AVEVA, Emacsa actúa involuntariamente como un 'broker' de información. Estamos regalando la biografía económica de nuestros barrios a entidades que, asesoradas por consultoras como CBRE o JLL, buscan predecir la gentrificación y especular con el valor de nuestras calles incluso antes de que el propio Ayuntamiento sea consciente de ello.
El Granadal y el algoritmo de la escasez
El polígono de El Granadal consume casi medio millón de metros cúbicos al año, un gasto enorme comparado con la eficiencia del Parque Tecnológico de Rabanales 21. Además, la modernización hacia el sistema digital REDES 5.0 entrega la gestión a software de multinacionales externas como Schneider y su plataforma AVEVA. En la próxima sequía, un algoritmo decidirá las prioridades. Con una Base Militar que tiene blindada por ley una potencia eléctrica de 10,89 MVA y su propio depósito de 8,2 millones de euros, el software protegerá la actividad estatal y sacrificará la presión de las casas particulares.
La inercia de la ubicación estratégica
Esta subordinación de los recursos locales al interés estatal no es un fenómeno nuevo, sino una constante en la evolución urbana de Córdoba marcada por la búsqueda del enclave logístico perfecto. En 1568, Felipe II ya eligió la zona más noble y estratégica de la ciudad, la antigua huerta califal junto al Alcázar, para sus Caballerizas Reales, tomando para sí el caudal de los veneros de la Sierra. Siglos después, el patrón se repitió en el Marrubial con la cesión gratuita de terrenos municipales para el Cuartel de Alfonso XII, aprovechando un nodo de expansión clave que el Estado obtuvo sin coste de suelo.
Sin embargo, el precedente que mejor explica el presente es el del Cuartel de San Rafael en 1900. Si hoy la Base Logística se proyecta junto a la Autovía del Sur (N-IV) para garantizar su conectividad, hace un siglo el enclave crítico era la proximidad a la línea del ferrocarril. Para asegurar aquel despliegue en Cercadilla, el Ayuntamiento no solo aportó 250.000 pesetas, sino que ejecutó el desvío del Arroyo del Moro hacia el Oeste. Aquella obra de ingeniería eliminó un obstáculo natural que 'molestaba' al flujo militar, de la misma forma que hoy se reconfigura la red de Emacsa para eliminar cualquier 'ruido' técnico en el suministro de la Base.
La historia revela que el Estado siempre elige los nodos vitales de Córdoba —ayer el Alcázar y el tren, hoy la autovía—, pero delega en la ciudad el coste de adaptar el territorio. Si en 1900 se movieron cauces de arroyos para atraer regimientos, en 2024 se aceptan peajes de mantenimiento de carreteras nacionales y se compromete la estabilidad de la red pública. La diferencia es que la servidumbre actual ya no es solo física, sino digital: antes se sacrificaba el trazado de un arroyo; hoy se entrega la soberanía de nuestros datos de consumo a la lógica de los mercados globales.
El peaje de la carretera y la conclusión
Como remate, la ciudad ha tenido que aceptar la propiedad de 12 kilómetros de la antigua carretera N-IV. El Estado ha traspasado este gasto a los cordobeses, que ahora deberán pagar 2 millones de euros anuales de su presupuesto municipal para mantener una vía que sirve de acceso alternativo a la Base.
Este peaje final confirma que el Ayuntamiento y Emacsa, lejos de pilotar el futuro de la ciudad, están siendo succionados por la inercia de una historia que se repite. Córdoba vuelve a comportarse como una ciudad-huésped, incapaz de imponer sus propias necesidades biológicas frente a las urgencias del soberano de turno. Bajo el barniz de la digitalización y los algoritmos de Schneider, late la misma sumisión que cedió veneros en 1568 y movió arroyos en 1900. El agua, rastro físico de esta transformación, delata que estamos financiando con nuestro recibo un enclave de seguridad nacional mientras permitimos que la red de nuestros barrios se degrade por puro agotamiento institucional. No es modernización; es la vieja servidumbre de siempre, ahora monitorizada en la nube. Estamos pagando la puesta a punto de un sistema que garantiza el futuro de la Base Logística, sacrificando la red y la estabilidad de los barrios donde realmente vive la gente.
Basado en datos de facturación de Emacsa, la descripción técnica de la red de abastecimiento y el BOP nº 120, la Real Academia de Córdoba.
*Pancho Gamero. Doctor Ingeniero Agrónomo
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