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Baena, 90 aniversario de uno de los primeros crímenes de lesa humanidad de la Guerra Civil

Dibujo de una imagen de la Guerra Civil

Blogópolis Opinión

27 de julio de 2026 20:02 h

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Qué ocurrió en Baena en julio de 1936

En el verano de 1936, Baena era un feudo de la CNT, donde contaba con más de 1000 afiliados. Las relaciones laborales entre la patronal agraria y los jornaleros eran todavía semifeudales. Moreno Gómez recoge a este respecto el testimonio del jornalero baenense Juan Misut Cañadilla: “…Aquellos señores que … se gastaban ochenta mil duros en comprarle un manto a la Virgen o una cruz a Jesús… escatimaban a los obreros hasta el aceite de las comidas…”

El 18 de julio, cuando tienen noticia de lo ocurrido en Córdoba y Sevilla, la patronal agraria y la guardia civil se suman a la sublevación. El domingo 19, por la mañana, el teniente de la guardia civil Pascual Sánchez Ramírez publicó el bando de guerra, constituyéndose en comandante militar de la plaza. Según Moreno Gómez aquel día, en el alto del Coscujo, los guardias fusilaron a 11 campesinos cogidos prisioneros.

Sin embargo, con una sorprendente rapidez y organización, aquellos campesinos atacaron el pueblo la noche del 19 al 20 de julio, lo que provocó que los insurrectos (dos centenares, entre guardias, falangistas, terratenientes y varios militares de la localidad) quedaran sitiados en torno a su punto defensivo principal: la plaza del Ayuntamiento, haciéndose fuertes en este edificio, el cuartel y la Telefónica; así como en el convento de Madre de Dios, el Hospital de Jesús Nazareno, el castillo y en otros puestos secundarios.

La masa obrera y anarquista estableció su puesto de mando en el Asilo-Convento de San Francisco. Cada día que pasaba la subsistencia de los sitiados se tornaba más angustiosa y la resistencia más difícil. Sin embargo, el 28 de julio por la mañana salió de Córdoba una impresionante columna al mando del coronel de Regulares Eduardo Sáenz de Buruaga, compuesta por infantería, guardia de asalto, guardia civil, legionarios y tropa de regulares en vanguardia.

Atravesaron Fernán Núñez, Montemayor, Montilla y Nueva Carteya, donde hubo tiroteo y fusilamientos, según la táctica rifeña que la legión había empleado contra los moros rebeldes del Protectorado español. Estos eran los métodos que ahora venían de vuelta con las tropas de Africa.

A una hora algo incierta de esa tarde se iniciaba la ocupación de Baena, con los moros y legionarios en vanguardia. Entraron por el Pilancón, lavadero público situado en la Fuente Baena, donde empezaron las primeras violencias y, como consecuencia, las primeras víctimas: violaciones, allanamientos y asesinato de los hombres. A otros muchos hombres se los llevan detenidos a la plaza, según la táctica rifeña que ya ensayó Buruaga días antes en Villafranca: concentrar a los hombres para aterrorizar a la población con el fusilamiento público.

Cuando la columna de Buruaga llega a la plaza del Ayuntamiento liberan el sitio sobre los insurrectos y también fusilan a la mayor parte de los rehenes que los golpistas tenían en el Consistorio. Sin embargo, Buruaga no libera ese día a los presos de derechas del Asilo de San Francisco, lo cual hubiera podido hacer sin dificultad, ya que los campesinos republicanos y anarquistas carecían de armas, a excepción de unas pocas escopetas de perdigones que pudieron requisar en los cortijos que rodean Baena. Este craso error estratégico, sumado a los desmanes que causan las tropas franquistas en la localidad, donde se comete uno de los primeros crímenes de lesa humanidad de la guerra civil española, supone la condena a muerte de los 80 presos de derechas que son asesinados a golpes (dato importante, no tenían armas) antes de emprender la huida y abandonar el convento de San Francisco en desbandada.

La matanza de la plaza se prolongaría durante, al menos, dos días más. Los datos del Registro Civil que utilizan la ocultación y eufemismos varios para soslayar la magnitud de los hechos ya fueron estudiados por Moreno Gómez en 1985, a lo que se añade la revisión del Registro llevada a cabo en 2008 por Arcángel Bédmar. En suma, ambos historiadores logran identificar 302 víctimas republicanas, de las que 79 no proceden del Registro sino de otras fuentes. En una revisión aún más reciente (8 de marzo de 2012, Conferencia en el IES Carrillo de Sotomayor en las II Jornadas de Historia de Baena) Arcángel Bédmar identifica hasta un total de 339 personas fusiladas, cifra mínima que, como indica el historiador, está sujeta a futuras revisiones.

Según Moreno Gómez la fiabilidad del Registro Civil, en cuanto a las matanzas cometidas por el franquismo en 1936, dista mucho de la verdad. Su tesis es que sólo fue inscrito, aproximadamente, un tercio de las víctimas reales. En Baena, como en otros sitios, muchos familiares no inscriben a sus víctimas en el Registro, por miedo, porque se marcharon para siempre del pueblo, porque no quedaron familiares directos o porque la burocracia franquista imponía todo tipo de trabas. Sirva como ejemplo que en Baena no se hizo ninguna anotación en el libro del Cementerio. En suma, como balance global, estima Moreno Gómez, que hay que hablar de un mínimo de 700 víctimas en la masacre cometida por los golpistas en Baena en 1936. Porque después de la sangría de finales de julio continuó la masacre de gente desafecta, ya no en las ejecuciones masivas y públicas de la plaza, sino en el cementerio, día tras día, durante todo el resto de 1936.

Los días 5 y 6 de agosto sabemos de, al menos, 48 fusilamientos, de los que 29 aparecen inscritos y 19 constan como no identificados. Los golpistas de Baena causaron tal catástrofe humanitaria que el censo de huérfanos sin recursos en la ciudad ascendió a 600 niños desamparados en 1937. Muchas mujeres hubieron de arreglárselas solas y las señaladamente de izquierdas vivieron en una humillación perpetua: Las pelaron, les dieron aceite de ricino y fueron objeto de abusos sexuales.

Tras la victoria franquista de 1939 tuvieron que regresar, humillados, varios miles de baenenses; al menos 2.174 personas, según datos de Falange. Ni que decir tiene lo que les esperaba: cárcel, torturas, consejos de guerra y muerte, en muchos casos. Durante la posguerra fueron fusilados 46 baenenses más, todos hombres, en Baena, Castro y Córdoba.

La catástrofe humanitaria no acabó ahí. Al menos 171 baenenses sufrieron trabajos forzados en batallones disciplinarios. En la prisión de Córdoba perecieron de hambre 13 hombres de Baena, sobre todo en 1941. También conviene recordar que 17 hombres de Baena acabaron su triste vida en el campo de exterminio nazi de Mauthausen, donde perecieron un total de 4.781 españoles, unos 230 de ellos de la provincia de Córdoba. Calcula Moreno Gómez que sumadas las víctimas de la posguerra a las causadas por el golpe militar, las pérdidas humanas de “presuntos desafectos” al régimen franquista se situarían en torno al millar de personas de Baena. Toda una catástrofe demográfica en el sector de población de hombres adultos, en una localidad que en 1936 tenía unos 23.000 habitantes.

Imagen de la plaza

La matanza del paseo del Ayuntamiento

Sobre lo ocurrido en el paseo del Ayuntamiento esa tarde hay numerosos testimonios de testigos directos, lo cual debemos agradecer a la gran labor que en los años 80 hizoFrancisco Moreno Gómez, que pudo escuchar de los propios labios de algunos de sus protagonistas testimonio de lo ocurrido, de uno y otro bando. Su primer libro “República y guerra civil en Córdoba” ve la luz en 1982. Este libro ha tenido varias revisiones y ampliaciones a lo largo de los años, la más actual de la que tenga constancia, publicado por la editorial Crítica, “El genocidio franquista en Córdoba”, fácil de encontrar todavía. Si no fuera por él, que tuvo la ocasión de entrevistarlos cuando todavía vivían, hoy ya no queda ninguno, habríamos perdido en buena medida la verdadera historia de lo que ocurrió en Baena y en otras localidades, más allá de la versión camuflada de la propaganda franquista, pues se recorrió toda la provincia durante sus vacaciones como profesor de secundaria. Para no ser tildado de tendencioso me limitaré a recoger de todos los que aporta Moreno Gómez, sólo el testimonio de Juan Martínez Imbern, que entró en Baena como integrante del ejército rebelde, en la columna del coronel Sáenz de Buruaga:

“Se oyó un disparo y fue el teniente de la guardia civil (Pascual Sánchez Ramírez) que disparó sobre uno de los tendidos (es decir no los fusilaban, los tendían en el suelo y les disparaban en la nuca, seguramente para ahorrar munición)… Me parecía estar durmiendo, en medio de una pesadilla… A medida que subía la calle, me daba cuenta que no era una pesadilla, que era verdad lo ocurrido, pues al lado del bordillo de la acera bajaba un líquido rojizo, agua mezclada con sangre. Al llegar a la plaza vi dos montones de cadáveres, unos encima de otros, como si fueran sacos. En algunos lugares de la plaza echaban agua para lavar la sangre, pero en otros hacían estirar a los detenidos que iban llegando (de sucesivas redadas) sobre la sangre de los anteriores fusilados” (aunque no se trató en ningún caso de fusilamientos, técnicamente hablando, sino de algo mucho más indigno).

Según diversos testimonios, mandaron subir a los hombres al paseo. La plaza o paseo del Ayuntamiento se llenó de vecinos a los que obligaban a subir, sin criterio alguno, muchos de ellos campesinos que a esa hora de la tarde regresaban del campo, puesto que el cuartel general de los defensores de la República no fue liberado hasta el día siguiente, por lo que la mayoría pudo huir hacia Castro del Río. El dato revelador es que el escarmiento se hizo indiscriminadamente sobre población civil, casi exclusivamente hombres adultos, la mayor parte ajenos a la resistencia, que efectivamente hubo en Baena pero sin medios y carente de armas. Resistencia contra los golpistas locales, a los que sin embargo lograron acorralar.

Pues una de las personas congregadas en la plaza esa tarde, como convidado de piedra, fue mi abuelo. El escritor local Fernando Jiménez Ocaña le contó una anécdota al periodista Francisco E. Expósito, que también recoge Arcángel Bédmar en su monografía sobre Baena. Su abuelo estaba ya tendido en el suelo para ser ejecutado, de lo que se salvó por los pelos por idéntico motivo que el mío: obtuvo un aval a tiempo; muchos otros, la mayoría, no tuvieron esa fortuna: “Mi abuelo era un campesino, no estaba metido en política, pero un día las milicias lo llevaron al Paseo, lo tumbaron y le iban a pegar un tiro en la nuca, pero un señorito, un terrateniente, lo vio y dijo: -A este hombre no lo ejecuten porque nunca se ha metido en política y me ha trabajado a mí-. Mi abuelo se levantó asustadísimo el hombre, le pusieron un brazalete, que era una especie de salvoconducto. Lo que mi abuelo me dijo se me ha grabado para siempre, él vio como cargaban muertos en camiones preparados para llevarlos al cementerio”.

No sólo los asesinaban o les obligaban a huir del pueblo, también les confiscaron sus bienes. La apropiación por moros y soldadesca del botín de guerra empezó esa misma tarde, entraban en las casas y se agenciaban de todo lo que tuviera algún valor: comida, joyas, dinero, aparatos de radio, etc. Después, el robo se seguiría haciendo de forma legal. Arcángel Bedmaren su blog, analiza una interesante documentación al respecto, que le proporciona al historiador Gabriel Caballero Cubillo, nieto del que fuera responsable de la Comunidad de Labradores, derechista que estuvo sitiado en el Cuartel de la Guardia Civil, que perdió a mujer e hijos en de San Francisco, y finalmente terminada la guerra fue nombrado juez militar jefe de los partidos judiciales de Baena, Castro, Cabra, Priego y Rute. Entre sus papeles, está el que lleva por título “Relación de muebles traídos de los marxistas y entregados por don Manuel Cubillo”. En suma, una buena fuente de ingresos para las nuevas autoridades municipales fue el expolio de los bienes muebles, ajuares y viviendas de los que habían muerto o escapado. No tengo constancia de que a mi abuelo o a mi abuela le pudieran haber robado algo, puesto que entre poco y nada tenían.

El “supuesto” acto sacrílego de los “rojos” en San Francisco

Hubo durante mucho tiempo una placa en la iglesia conventual de San Francisco, ya retirada, según la cual durante la dominación roja se efectuaron varios disparos contra la imagen de Jesús Nazareno, pero “milagrosamente ninguno llegó a alcanzarla”. Creo que esta versión es sencillamente un fraude. Aunque las fotos son antiguas tienen la suficiente definición, creo, para apreciar claramente que los disparos no son de escopetas de perdigones sino de bala, de fusil con toda probabilidad. Les vuelvo a llamar la atención sobre un dato ya reflejado en el capítulo anterior: los campesinos republicanos y anarquistas carecían de armas, a excepción de unas pocas escopetas de perdigones que pudieron requisar en los cortijos que rodean Baena. De hecho, todas las personas asesinadas en San Francisco lo fueron a golpes, excepto algunos presos que colocaron como parapeto en los balcones, los cuales fueron tiroteados por la fuerza del ejército rebelde que inició la ocupación de la iglesia en la mañana del 29 de julio.

Así que estaríamos ante un bulo más del nacionalcatolicismo. La propaganda franquista también nos hizo creer que Guernica fue incendiada por los rojos o que la matanza de Badajoz era una mentira más del enemigo. En el foro de Facebook “Fotos de Baena antigua”, el 13 de febrero de 2021 se inició un debate con mucha participación, algunas de fechas recientes, y varios e interesantes testimonios en este sentido, algunos de gran valor testimonial porque procedían de testigos directos, señalando que los disparos contra el camarín los realizaron “a discreción” las tropas que tomaron la iglesia, en previsión de que pudiera haber todavía allí gente hostil a los golpistas. Es interesante leerlo. Cuando tomaron la iglesia, cuartel general de anarquistas y republicanos, en su mayoría ya habían huido hacia Castro del Río, a escasos 20 Km.

José Cortés de los Ríos, profesor vecino de Baena, me ha hecho llegar el siguiente testimonio:

“El ejército que entró al mando del coronel Sáenz de Buruaga tenía la capacidad militar suficiente para apoderarse de Baena sin derramar una gota de sangre, pero dicho coronel fue fiel a la consigna de amedrantar a la gente para que no se unieran a los republicanos.

Si en lugar de ir casa por casa apresando a los hombres, reunirlos en el Paseo y asesinarlos, se hubiese dirigido directamente a San Francisco para liberar a los rehenes que allí tenían los republicanos, una y otra matanza se podrían haber evitado.

Los republicanos establecieron su cuartel general en San Francisco. El número de asesinados en dicho convento fue de 81, cuyos nombres y apellidos constan en una lápida existente en el patio del convento.

Uno de los bulos y mentiras del franquismo y de la iglesia católica es presentar estos disparos “realizados por los rojos” como un milagro. Ni los disparos que aparecen en el cristal son un “misterio sin resolver” ni los realizaron los “rojos”. Se sabe que fueron obra de las llamadas tropas nacionales o “golpistas” durante la toma de la iglesia. Está clarísimo, física y matemáticamente, que los disparos fueron realizados desde el coro al suelo del camarín y no a las imágenes, ante el temor de que algunos “rojos” estuviesen escondidos bajo las túnicas y hábitos de las tallas. Siendo yo estudiante, la religión católica era una asignatura obligatoria en bachiller. Mi profesor de religión era el cura D. José María Romero, conocido por “Sandalico”.En más de una ocasión en clase nos dijo que fueron los “nacionales” quienes dispararon al camarín por el temor antes expresado“.

Imagen de Jesús Nazareno con disparos

Tres apuntes rápidos

Franco, al finalizar la guerra mundial, con la derrota de las potencias del Eje, cuya ayuda fue decisiva para ganar la guerra civil, estaba en una situación muy precaria. Hace ahora 81 años, en la Conferencia de Potsdam, se decidió el futuro de España, entre otras cosas. El 19 de julio, Stalin planteó la viabilidad de acabar con el régimen de Franco. Truman tibiamente y Churchill de forma enérgica, rechazaron cualquier intervención contra el dictador. El asunto se zanjaría impidiendo la entrada de España en la ONU. Pero Franco tuvo suerte porque la Alianza de EE.UU y la URSS duraría poco. Dos años después, en el inicio de la guerra fría, España ingresó en la ONU y EE.UU puso fin al aislamiento del nuevo régimen franquista.

La situación en los primeros años de posguerra fueron dramáticos. Los años 1941 y 42, especialmente duros, “los años del hambre” como se conocen en Baena. Recuerdo la anécdota que cuenta el poeta Juan Bernier en sus Memorias, libro absolutamente insólito en la literatura española. Bernier hizo la guerra con Franco, no por ser especialmente de derechas, sino porque lo reclutaron en Córdoba. De la misma forma, todos los mozos de Villanueva en edad militar lucharon por la República, como cuenta Moreno Gómez, fueran de izquierdas o de derechas. Pues en Sevilla, recién terminada la guerra, tras un altercado, estuvo preso Bernier. A los “comunes” los tenían en el patio del piso bajo. A los rojos en la planta superior, aislados. Cuenta como todas las noches, también cuando estuvo de maestro en Puente Genil más tarde, había sacas y podía escuchar los disparos de fusilería. Estando ya en Córdoba, en los años del hambre, dice que preferían pensar, supongo que los que podían llenar el estómago, que la gente que encontraban tirada en la calle era porque estaban borrachos, no porque estuvieran famélicos, muriéndose literalmente de hambre.

Han transcurrido ya 90 años desde inicio de la guerra civil, más de la mitad de ese tiempo sin el dictador, del que este año se cumplirá el 51 aniversario de su fallecimiento. Dando por bueno que durante los primeros veinte años de la Transición hubiera un pacto de silencio, por las circunstancias que atravesaba el país -ruido de sables incluido-, no tiene ya razón de ser la lentitud en realizar las exhumaciones y la reparación a las víctimas del franquismo. De seguir a este paso, no sólo habrán desaparecido los hijos de los represaliados, efectivamente ni mis padres ni ninguno de mis tíos vive ya, sino también los nietos.

Pero la historia de mi abuelo y las tribulaciones de mi familia en la guerra la dejamos para otro momento, para no hacer más largo este relato.

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