En busca de la iglesia bajo la Mezquita de Córdoba: una nueva hipótesis plantea un templo de entre 30 y 50 metros
Si hay un monumento en la Península Ibérica sujeto a debates e interpretaciones, ese es la Mezquita Catedral de Córdoba. Es uno de los edificios más singulares del mundo, un templo que fue una mezquita fascinante, construida a partir del siglo VIII con una técnica arquitectónica que permitió un enorme espacio diáfano. Pero que ahora también es una catedral, con un crucero cristiano incrustado en su interior. Y un edificio inmatriculado por la Iglesia Católica, en un acto envuelto en una enorme polémica, basado en la ya derogada Ley Hipotecaria que hacía que los obispos pudiesen poner a su nombre los espacios de uso religioso que no lo estaban.
Uno de los grandes argumentos de la Iglesia para poner a su nombre la Mezquita de Córdoba es que allí antes había un templo cristiano. En la visita turística actual se exhibe una excavación bajo un metacrilato en la que se afirma que ahí abajo está la iglesia de San Vicente. Los arqueólogos han alcanzado la unanimidad de que al menos esos restos no son los de San Vicente. Es más, se considera que lo de la antigua iglesia de San Vicente, el templo que compró el primer emir Abderramán para construir encima la Mezquita, es más un mito que otra cosa, basado principalmente en fuentes escritas muchos siglos después de la llegada del islam a la Península.
Pero los arqueólogos y también la Iglesia católica no han dejado de buscar lo que había antes de que se construyera la Mezquita de Córdoba. ¿Un complejo episcopal? ¿La sede del obispo Osio? ¿Restos de la Córdoba romana abandonada? Desde el siglo XIX, los expertos tratan de responder a esas preguntas con mucha dificultad. Es muy complicado excavar bajo la Mezquita, aunque se ha hecho. E incluso cuando se hace y se descubre lo que hay ahí abajo surgen casi más preguntas que respuestas.
Desde hace años, el propio Cabildo Catedral, que gestiona la Mezquita, está patrocinando el trabajo de dos arqueólogos: Alberto León-Muñoz y Raimundo F. Ortiz Urbano. Ambos, a su vez, siguen las huellas de la gran excavación de Félix Hernández, que llegó a levantar gran parte del Patio de los Naranjos y de la propia Mezquita en los años treinta del siglo XX. Félix Hernández, considerado una institución dentro del mundo de la arqueología nacional, tuvo que abandonar los trabajos y tapar lo excavado por el estallido de la Guerra Civil en julio de 1936. Había riesgo de que con los bombardeos la Mezquita colapsase a causa precisamente de la excavación.
Los trabajos de Félix Hernández han permanecido ocultos durante décadas. Pero este nuevo equipo que sigue sus pasos han reexcavado donde han podido (principalmente en el Patio de los Naranjos) y han encontrado imágenes originales de 1936 de otros lugares donde no han podido intervenir. Ahora, acaban de publicar los resultados de su investigación, que ha durado varios años. Y han lanzado una curiosa hipótesis: bajo la actual Mezquita sí que hay una iglesia, de unos 30 a 50 metros de longitud. Abderramán construyó su primer oratorio sobre ese templo, al que no se le pone nombre. Pero sí fecha: el siglo VI. Y todo gracias a la imagen de un mosaico que encontró Félix Hernández, considerado claramente religioso, y los resultados de un georradar que se ha ejecutado sobre el suelo que cada año pisan dos millones de turistas.
Una década de investigación tras los pasos de Félix Hernández
La investigación sobre la visión del pasado cristiano de Córdoba nació en 2015 con el proyecto Didacta. Lo que durante décadas se consideró una información escasa y fragmentaria sobre las excavaciones de Félix Hernández resultó ser un tesoro documental oculto en el Museo Arqueológico de Córdoba. El equipo formado por León-Muñoz y Ortiz Urbano localizó nueve planos finales de excavación, más de 280 fotografías y tres cuadernillos con notas y croquis acotados que hasta entonces eran casi una “leyenda urbana”.
Este archivo ha permitido georreferenciar con precisión las estructuras descubiertas hace casi un siglo, revelando que no se trataba de edificios aislados, sino de un vasto complejo monumental que ocupaba un sector urbano completo. Según los investigadores, Córdoba alberga “el mayor de los conjuntos episcopales de Hispania”, con una superficie que podría alcanzar las tres hectáreas, dimensiones comparables a los grupos episcopales de ciudades como Barcelona o Ginebra.
La arqueología actual permite distinguir tres grandes áreas dentro de este complejo, que funcionó ininterrumpidamente entre los siglos V y VIII. De esta manera, se habría localizado en lo que actualmente es el Patio de los Naranjos una especie de área de representación, con un edificio monumental de más de 30 metros de lado, decorado con mosaicos y pinturas. Bajo el oratorio islámico, se localizaría la iglesia, una gran basílica episcopal con su baptisterio. Y ya al sur el espacio comercial que llegaban hasta la muralla y el río, y donde fluía la vida de la ciudad.
La conexión con Rávena
El punto de inflexión de esta nueva hipótesis es un mosaico descubierto por Hernández en 1932 bajo la nave 15 de la Mezquita, actualmente oculto. El análisis de las fotografías originales ha permitido identificar un diseño inédito en la Península Ibérica: octógonos formados por trenzados que enmarcan cuadrados con hojas cruciformes y lirios.
Este esquema decorativo es idéntico al de grandes iglesias de la arquitectura imperial de Oriente de mediados del siglo VI, como la basílica de San Vital de Rávena o la basílica Eufrasiana de Poreč (Croacia). La asociación de estos motivos con contextos estrictamente litúrgicos permite a los arqueólogos afirmar con rotundidad que este mosaico pertenecía a una iglesia de grandes dimensiones, muy probablemente la basílica episcopal de Córdoba. Según la orientación de estos restos y los datos del georradar, y siempre según la propuesta que estos dos arqueólogos acaban de publicar, el templo tendría entre 30 y 50 metros de longitud y al menos tres naves. Su cabecera coincidiría exactamente con el límite oriental de la mezquita de Abderramán I.
Las reexcavaciones iniciadas en 2020 han permitido corregir errores de interpretaciones previas basadas en documentación incompleta. En el Patio de los Naranjos ha vuelto a ver la luz un edificio del siglo V que fue monumentalizado en el siglo VI con un ábside ultrasemicircular y un vestíbulo porticado (nártex) con exedras laterales.
Este tipo de acceso, conocido como ingreso “a forcipe”, es característico de los “palacios episcopales bizantinos” de Asia Menor, como los de Éfeso o Mileto. Los investigadores interpretan este edificio como el salutatorium o secretarium, el espacio donde el obispo ejercía sus funciones públicas, administrativas y judiciales, consolidando su papel como la máxima autoridad de la ciudad en la Antigüedad Tardía.
Spolia
La evidencia del complejo episcopal no solo está bajo el suelo, sino a la vista de todos. La investigación confirma que la mezquita fundacional se construyó en apenas un año gracias al uso masivo de materiales reutilizados (spolia) del propio complejo cristiano previo. Entre las columnas y capiteles que sostienen las naves islámicas se han identificado piezas con cruces o crismones que fueron borrados intencionadamente para adaptarlos al nuevo culto.
Destacan hallazgos singulares que demuestran la calidad de los talleres locales cordobeses del siglo VI, como una columna con una cruz incrustada mediante la técnica de opus sectile, conservada en la Capilla de la Antigua, y un sarcófago del siglo IV retallado en el siglo VI con una técnica oriental de resalto (à champlevé), hallado en los cimientos de la mezquita.
Más allá de la arquitectura, el hallazgo de elementos de tan claro influjo “paleobizantino” plantea una pregunta: ¿Estuvo Córdoba bajo control político de Bizancio? Los arqueólogos sugieren que no se trata de una presencia física de tropas imperiales, sino de una elección voluntaria de la élite católica cordobesa. Al adoptar modelos estéticos de Justiniano, la aristocracia local de profunda tradición romana manifestaba su singularidad cultural y religiosa frente a la monarquía visigoda arriana de Toledo.
Al final, los hallazgos responden a antiguas preguntas, pero dejan abiertas muchas más.
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