El acento, el habla y el andalucismo
Acento, habla, dialecto o lengua. En el intento por homogeneizar a Andalucía, una comunidad autónoma, una singularidad histórica, ¿una nación?, el debate sobre el acento, o las hablas, o el intento de que en verdad hablamos una lengua, ha ocupado miles de tuits, conversaciones de bar, sesiones parlamentarias, plenarias en muchos ayuntamientos y hasta estudios filológicos muy serios.
Ahora, por fin, un grupo de investigación de la Universidad de Granada está analizando medio millón de audios de andaluces hablando para trazar un Atlas sobre la multitud de acentos y lugares comunes (o no) sobre la forma de hablar en el sur de la Península. El Atlas y el estudio es una maravilla, un sueño para los amantes del juego de adivinar de qué pueblo eres escuchándote un puñado de frases. Y, espero, un arma para tratar de bajar el balón al suelo de un extraño andalucismo como aquel se se popularizó en plan “habla bien, habla andalú”, que pedía a los locutores de Canal Sur una especie de acento neutro muy extraño (en vez de conservar el suyo). Más o menos como el castellano de Valladolid que dicen que es el que tienen los presentadores del Telediario.
A estas alturas, por fin, podemos descartar que hablemos una lengua propia. Quizás un dialecto, aunque tengo mis dudas. Mejor un castellano evolucionado, en el que con menos esfuerzo decimos más cosas que aquellos que tienen que pronunciar todas las letras. Ese esfuerzo que muchas veces se va en las eses finales. El lenguaje siempre tiende a la economía y el castellano más evolucionado es, sin duda, el que se habla con una multitud de acentos en Andalucía.
Hablas o acentos, esa es la cuestión. Pero ¿cuántos y cuántas? Creo que casi uno por pueblo. Con sus particularidades e incluso con sus palabras propias, comunes quizás, que significan una cosa y la contraria dependiendo de quién te la diga.
El Atlas estará disponible, por fin, a final de año. Entonces conoceremos cómo está evolucionando el seseo frente al ceceo. Cómo los ceceantes pierden su acento por que se considera que es el que hablan las personas con menos educación y cultura. Una especie de doble discriminación. Si fuera, el acento andaluz ya está considerado como cateto, el ceceo ocupa el escalón más ínfimo del clasismo lingüístico en España.
Aquí tenemos el ejemplo de Montalbán y Montemayor, cómo los primeros, con su zeta ya aspierada, comienzan a relajar el ceceo y muchos de los segundos directamente lo pierden. Y no es por otra cosa que esa discriminación incluso dentro del propio andalucismo. ¿O no eran ellos los que pedían un andaluz neutro que desde luego era seseante?
Quizás ha llegado el momento de que nos dejen un poco en paz y hablar en libertad. Pronunciar como lo hacemos siempre que volvemos al pueblo, hablamos con nuestros padres, con nuestra familia o amigos. Y dejar de esconder una singularidad que es bonita, un castellano diferente, lleno de matices y que nos identifica, que nos ata a la tierra y a los orígenes.
Sobre este blog
Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.
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