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REPORTAJE

El brindis incómodo de 'Otra ronda' ante un público adolescente y juvenil invitado a repensar el alcoholismo

Obra 'Otra Ronda' para alumnos de instituto y de la ESAD

Juan Velasco

19 de febrero de 2026 20:01 h

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Un experimento sobre los límites de alcohol que (spoiler) termina mal, pero que acaba con un gran canto (y baile) a favor de la vida. Algunos olés, un aplauso y ovación de varios minutos y caras felices en las butacas del Teatro Góngora de Córdoba, en el que, eso sí, aún flotaba una sensación de risa nerviosa cuando se encendían las luces. Unos doscientos jóvenes cordobeses, de edades que iban de los dieciséis a los veintipocos años, acababan de ver sobre el escenario Otra ronda, la adaptación teatral que Ricardo Álvarez Ossorio ha realizado a partir de la celebrada película de Thomas Vinterberg.

La función no era una más en la cartelera. Para empezar, era a las 11:00 de la mañana, en horario lectivo. Y el público lo formaban estudiantes de bachillerato y jóvenes intérpretes en formación. Antes de sentarse en las butacas, muchos de ellos habían trabajado en clase el llamado Proyecto Vinterberg, una guía didáctica diseñada por los responsables de esta adaptación para convertir la experiencia teatral en algo más que una salida extracurricular: en un espacio de prevención y reflexión sobre el consumo desaforado de alcohol.

El dossier, enviado en formato PDF a los centros, parte de un dato inquietante: la edad de inicio en el consumo de alcohol se sitúa por debajo de los 14 años. Incide, además, en los distintos patrones de consumo entre chicos y chicas, subrayando que en la adolescencia ellas presentan una frecuencia mayor, a menudo asociada a la gestión de emociones negativas.

La propuesta no se limita a enumerar riesgos. Ocho actividades participativas —debates sobre mitos y realidades, dinámicas de role-playing para entrenar la asertividad ante la presión del grupo, mapeos comunitarios para detectar factores de riesgo— invitan a transformar el aula en un laboratorio crítico. El objetivo: que el alumnado desnaturalice la presencia casi ritual del alcohol en la cultura española y se reconozca como capaz de decidir. La culminación del proceso es la asistencia a la obra. Y ahí, en el teatro, la teoría encuentra cuerpo.

Alumnos del IES Medina Azahara en la representación de 'Otra Ronda'

Los efectos pasajeros y las consecuencias

Raúl, Alejandro, Diana y Valeria, alumnos de primero de Bachillerato del IES Medina Azahara, tienen 16 años. No es que salgan del teatro comentando escenas entre ellos, pero sí que se prestan a debatir lo visto con dos señores que dicen ser periodistas. “¿Cuánto nos pagan?”, bromea uno de los alumnos. Una vez aparte, la reflexión sí que acaba apareciendo. “Cuando vienes a una obra de teatro lo último que te esperas es algo de esto”, dice Raúl sobre una historia que le ha resultado “curiosa” y “bastante divertida”, pero de la que, sobre todo, se queda con “la lección”.

Diana, por su parte, subraya el realismo: “Sí que es muy graciosa y muy divertida, pero también muy realista”. Alejandro ya sabía que vería a profesores “medio borrachos” y que se hablaría de los efectos del alcohol, pero tampoco esperaba ver el descenso emocional que propone la pieza: ese paso que va de la euforia a la devastación. “Deja claro que el alcohol produce muchas cosas en tu cuerpo, pero buena, ninguna”, remata Valeria.

¿Botellón este fin de semana después de la función? Se miran y niegan. “Hombre, te enseña que el alcohol tiene muchos efectos secundarios… que puedes tomar decisiones de las que luego te arrepientes”, apunta Diana. Alejandro matiza: sí, puede darte una sensación pasajera de fluidez o felicidad, “pero los efectos posteriores no son buenos”.

En su entorno, reconocen, el alcohol está presente —anuncios de cerveza en el fútbol, celebraciones familiares—, pero perciben el mensaje. “Alguna vez” han tenido contacto, admiten, aunque reivindican la palabra que más se repite en su conversación: moderación. “Con moderación, yo creo que se puede hacer todo”, concluyen.

Dora de Miguel, profesora del IES Medina Azahara

Una generación con más información sobre el consumo

Para Dora de Miguel, profesora del departamento de Lengua Castellana y Literatura del IES Medina Azahara, esta actividad extraescolar fue una decisión casi inmediata. “Me la mandó una compañera del departamento. Cuando vi el título pensé: ‘No puede ser’. Yo había visto la película y me impactó muchísimo. Así que dije: tengo que llevarlo al alumnado”. Por edad, cuadraba: la obra estaba recomendada a partir de 16 años y Dora imparte clase en primero de Bachillerato.

“Mi amiga daba primero y segundo de ESO, eran más pequeños. Yo pensé que para los míos podía ser una experiencia muy potente”. Conocía el material original y eso, explica, le permitió contextualizar mejor la propuesta ante el centro. Como toda actividad extraescolar, hubo que seguir el procedimiento: aprobación del consejo escolar, autorización familiar, coordinación logística para sacar a decenas de alumnos del instituto y trasladarlos al Teatro Góngora.

Obra 'Otra Ronda' para alumnos de instituto y de la ESAD

Pero para Dora lo esencial no era el trámite, sino el proceso. La compañía había enviado previamente el dossier didáctico con actividades para trabajar en clase. “Nos mandaron un documento con propuestas para tratar el tema. Hicimos un debate sobre el consumo de alcohol unos días antes de venir”. Esa sesión previa sirvió para medir el pulso del grupo. “Algunos han tenido contacto, otros no, pero todos son conscientes de los efectos secundarios y de las consecuencias”.

Le interesa subrayar esa conciencia. Cuando se le pregunta si percibe diferencias respecto a su propia adolescencia, no duda: “Sí, hay más información. Es verdad que a veces la sobreinformación puede ser igual de dañina, pero en general veo que saben un poco más a lo que se enfrentan”. En su opinión, la generación actual mantiene una relación más reflexiva con el consumo, aunque el alcohol siga estando normalizado en la cultura cotidiana.

Alumnos y maestros de la ESAD que han visto 'Otra Ronda' en el Teatro Góngora

El reto de representar la embriaguez

En otro grupo, el de la Escuela de Arte Dramático, la mirada cambia. Laura, María, Candela, Alba, Noelia, Lucía y Raúl son estudiantes de interpretación, entre 20 y 21 años. Muchos no conocían la película y acudieron “sin saber a lo que se exponían”. Su primera reacción no es moral ni sociológica, sino técnica. Observan el mecanismo. “A mí me ha gustado mucho cómo enfocan algo tan delicado desde una comedia que luego se va oscureciendo”, comenta una de ellas. Otra señala el giro tonal: “Al principio parece que están apoyando la idea, casi en plan broma, y luego el final te golpea”.

Pero donde se detienen con mayor precisión es en la representación de la embriaguez. “Que un grupo de actores pueda representar una borrachera tan fuerte y que no pierdan ni la dicción ni el control de su cuerpo es algo bastante complejo”, subraya una estudiante. Para quien se está formando en escena, la frontera entre parecer ebrio y estar descontrolado es un abismo técnico. “Se les entendía perfectamente, sin que pareciera absurdo ni una caricatura”, dice otra de las alumnas.

Más allá de lo formal, el tema les interpela. Reconocen un consumo “esporádico”, asociado a fiestas. “Yo soy camarera en turno nocturno”, cuenta una de ellas, “y ves de todo lo que se ha visto aquí”. Otra matiza: “Mientras haya un uso controlado, si te tomas una o dos cervezas no pasa nada. El problema es el exceso”. Es precisamente ese tránsito —de la aparente normalidad al desbordamiento— lo que la obra dramatiza con crudeza.

Obra 'Otra Ronda' para alumnos de instituto y de la ESAD

¿Una ronda de género?

Cuando se les plantea si el alcohol está muy presente en sus vidas, la respuesta es sincera: sí, forma parte del entorno. No necesariamente como hábito diario, pero sí como elemento habitual del ocio. La función, dicen, les ha hecho verbalizar reflexiones que quizá no habían puesto en común.

Surge también una cuestión de género. La historia original pivota sobre cuatro hombres cincuentones y una crisis de masculinidad latente. ¿Sería posible una versión protagonizada por cuatro amigas? La mayoría cree que sí. “Problemas tenemos todos”, responde una alumna. “A lo mejor se enfocaría distinto, pero el conflicto es universal: cómo afrontas tus propios vacíos”. “Evidentemente, trata el tema del alcoholismo, pero creo que se refleja más en cómo cada uno afronta sus problemas personales”, cavila Raúl.

Cuando termina la entrevista y están saliendo del teatro, coinciden con el patio de butacas con Josu Eguskiza, trasunto del papel que hizo Mads Mikkelsen en la película. Le felicitan y aplauden. Él lo agradece sinceramente y se echa una foto tanto con los alumnos como con los profesores de la Escuela de Arte Dramático. Luego se disculpa y dice que se marcha a fumarse un cigarro.

En alguna cabeza se enciende una bombilla: “Otro piti”, “Otro scroll”, “Otra moneda”... Igual no es mala idea abordar desde el escenario y ante este público los problemas de consumo con un canto (y un baile) a la vida de quienes se han paseado por el abismo de la adicción.

Josu Eguskiza, con los alumnos y profesores de la Escuela de Arte Dramático
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