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ENTREVISTA

Jordi Llaonart, experto en Oriente Medio: “Irán tiene dos almas: una patriótica y otra religiosa”

El periodista y arabista Jordi Llaonart.

Juan Velasco

11 de marzo de 2026 19:55 h

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A Jordi Llaonart no le sorprende la curiosidad de la gente por Oriente Medio, aunque reconoce que es un interés fluctuante: hay momentos en que los titulares disparan la atención y otros en que la región queda difusa en el imaginario colectivo, presa de los tópicos y los reduccionismos malintencionados. Arabista y periodista, Llaonart ha vivido y trabajado durante más de diez años en Dubai, Kuwait e Irak, sumergiéndose en la vida cotidiana y los conflictos de un territorio complejo y fascinante.

El pasado martes, este colaborador habitual con medios y universidades catalanas y autor de Para entender Irak y Viaje al corazón del islam, ofreció en la Escuela Oficial de Idiomas de Córdoba la charla Irán y el islam chiita, donde, según cuenta, el público mostró un hambre de contexto, historia y matices que trascienden los titulares. Buscaban comprender los hilos que entretejen política, religión y cultura en la República Islámica, y descubrir la región más allá de la simplificación mediática.

Para Llaonart, Irán no es solo un país en conflicto: es un territorio de almas duales, donde conviven la espiritualidad profunda con el orgullo de un pasado milenario. La poesía, el sufismo y la memoria histórica son tan importantes como la geopolítica, y solo al comprender esa dimensión humana puede uno acercarse a la verdadera complejidad de un país y una región con la que, en la esfera de las costumbres, tenemos mucho más en común de lo que se suele reconocer.

Cuando este conflicto acabe, Irán, Estados Unidos e Israel se van a declarar vencedores

PREGUNTA (P.). Hay urgencia ahora mismo por intentar entender de dónde viene todo este conflicto que acaba de saltar a los titulares, pero que, en realidad, era un conflicto latente, ¿no?

RESPUESTA (R.). Sí, es que bueno, aquella es una zona donde hay conflictos latentes desde hace mucho tiempo, aunque hay uno que es un enfrentamiento entre dos polos de poder, a los que le podemos poner el nombre, por un lado, de Arabia Saudí, y, por el otro, de Irán. Ahora es un enfrentamiento entre dos estados modernos, pero detrás está un enfrentamiento entre el centro y la periferia del mundo islámico, entre el mundo sunita y el chiita, entre los árabes y los persas. Y también este conflicto, que tiene todas las etiquetas, tiene una nueva que es entre un país que se llama República Islámica de Irán y otro que se llama Reino de Arabia Saudí. Este es el gran conflicto eterno.

Y súmale que, desde mediados del siglo XX, aparece Israel, y que entonces surge el conflicto entre Israel, que, aunque con algunos de sus vecinos árabes ha mejorado la relación, con Irán podemos decir que ha empeorado. Y son como conflictos eternos, porque nadie está en una posición suficiente de fuerza; podríamos decir que están las fuerzas igualadas y que, entonces, la única salida es ir negociando, ir dejando pasar el tiempo y evitando la guerra como se pueda. Lo que pasa es que de vez en cuando, pues, la tensión estalla y, como es el caso de ahora de Irán, se llega a un conflicto bélico.

P. Una de las cuestiones claves es empezar por distinguir entre chiitas y suníes, y no meter a todo Oriente Medio en el mismo saco, ¿no?

R. Claro. El Islam, como todas las grandes religiones, tiene varias ramas -como, por otra parte, es natural en una religión que encima está presente en una región geográfica tan amplia-. En el Islam, como en el cristianismo hay varias ramas. Hay tres, pero las dos principales son los sunitas y los chiitas. Los sunitas son los musulmanes de nuestro entorno geográfico más cercano, la inmensa mayoría de los musulmanes con los que convivimos aquí o los que han venido de países del norte de África. Desde el norte de África hasta Arabia Saudí, son sunitas, que son la mayoría. Y el islam chiita está muy presente y es mayoritario en Irán, el sur del Líbano, Azerbaiyán, algunas regiones de Afganistán y Pakistán. Y es mayoritario en Irán y es una de las características de este país y de este régimen.

El periodista y arabista Jordi Llaonart.

P. Irán, además, tiene otra característica, que es su tradición persa, una civilización con una historia enorme y milenaria.

R. Claro, hay una cuestión que hay que tener en cuenta, porque Irán es igual con la República Islámica Actual que cuando era una monarquía laica en los años 70. Y seguirá siendo igual aunque mañana llegue un gobierne laico muy progresista. Y esto es porque todos los iraníes tienen conciencia de pertenecer a un país grande, con una cultura milenaria, y tienen ese sentimiento de que, como país, Irán es muy importante y tiene que tener voz y voto en los asuntos de la región y también a nivel mundial. Y eso es independiente de la ideología laica o religiosa.

Y además Irán tiene como dos almas. Una que es la patriótica; esa conciencia de que pertenecen a un pueblo milenario, que la tiene todo el mundo. Y después el alma religiosa. ¿Qué ocurre? Pues que, en la gente favorable al régimen político -la que se manifiesta en las calles con retratos del líder supremo, la que va a la mezquita, ese islam más político, pero también tradicional-, se suma la patriótica y la religiosa. Pero, entre la gente que no está a favor del régimen, también tiene esa parte de alma espiritual. En Irán, en general, la gente vive la espiritualidad de forma más intensa que aquí; es un pueblo que está enamorado de la poesía, que es una expresión de la espiritualidad también, está el sufismo, que es una manera de vivir el islam también está muy presente.

Nos guste o no, todos los regímenes autoritarios tienen apoyo popular, ya sea mayor o menor

P. Sobre el conocimiento que tienen los españoles de Irán... ¿Hay quizá poco conocimiento y muchos mitos alrededor de todo esto?

R. Sí. En defensa de los medios, hay que entender que no tienen tiempo ni espacio para dar contexto cada día. Cuando hablan de un país lejano, suele ser por una noticia negativa. En el caso de Irán, un país dirigido por ulemas chiitas, nos llegan noticias solo cuando hay problemas (guerras o crisis). Así, en el imaginario occidental, Irán y el chiismo han quedado muy ligados a lo negativo. Hoy en día se usa “chiita” como sinónimo de intolerante, igual que antes los medios o los políticos usaban “nazi” o “talibán” para desacreditar al rival. Es injusto, porque “chiita” define a más de 200 millones de personas que profesan una rama concreta de una religión. El gran problema es vincular esa palabra a algo puramente político o a una dictadura.

P. Estando en Córdoba, con nuestra historia y vínculos comunes, como el peso del sufismo, con Al-Ándalus... Muchas veces me pregunto si no tenemos más en común cultural o antropológicamente con ciudadanos de Irán y de Oriente Medio que con un señor de Oslo.

R. Estamos en medio. Según la situación, te sentirás más cercano a alguien de Oslo, o según qué rutinas diarias, a alguien del mundo árabe-islámico mediterráneo. Compartimos muchas cosas marcadas por el clima y la geografía, que definen cómo hablamos, pensamos o comemos. Aunque Irán esté más lejos geográficamente, los europeos solemos sentirnos muy bien acogidos allí. Como se esfuerzan en que el forastero entienda que no tienen nada que ver con sus vecinos árabes, hacen un sobreesfuerzo por acercarse a nuestra manera de ver el mundo. Y, como decías de Córdoba, los países mediterráneos compartimos esas pequeñas cosas del día a día por encima de la política o la religión: el trato personal, la distancia al hablar, el tono de voz, la comida o la pasión que no tiene efectivamente un señor de Oslo. En el día a día, es verdad que somos muy parecidos.

A veces se usa 'chiita' como sinónimo de intolerante. Y es feo, y es injusto

P. Es probable que, en este último conflicto, Estados Unidos e Israel no hayan medido bien el sentimiento patriótico del que tú me estás hablando, y hayan pensado que, como estaba habiendo estas duras protestas contra el régimen, todo iba a ser mucho más sencillo.

R. Bueno, hay que aclarar que, desde las últimas décadas, de forma periódica ha habido estas manifestaciones masivas, y su consecuente represión, con asesinatos de opositores en Irán. Pero es cierto que la tónica era que había protestas concretas: en unas épocas la gente pedía mejoras salariales, en otras, vestir como queramos, en otras el fin de la corrupción... Porque, en el fondo, la gente sabía que no podía aspirar a cambiar el régimen. Pero lo que ha cambiado con las manifestaciones de finales del 2025 es que, ahora, la situación interna de Irán es muy delicada a nivel económico, y que la gente sigue harta como siempre. Y que, a nivel externo, Irán ha perdido todos estos proxies aliados de la región. Porque Israel ha acabado con Hamás, ha debilitado mucho a Hezbolá en el Líbano, se ha caído el régimen de Assad en Siria. Es decir, Irán ha perdido este cojín geográfico que lo protegía de su enemigo.

Entonces, el régimen está muy debilitado a nivel externo y muy debilitado a nivel interno, y ahora es cuando mucha gente se ha dado cuenta de que es el momento de pedir el cambio de todo. Y, por eso, las manifestaciones han sido mucho más importantes que en otros momentos. Esto, sumado al interés de Israel y Estados Unidos por acabar con el régimen, pues ha generado esta situación. Ahora, respecto al tema de intentar hacer caer al régimen rápido, pues parece que no puede caer, porque tiene un apoyo popular. Todos los regímenes autoritarios lo tienen, nos guste o no. Ahora bien, mucha gente tenemos la sensación de que Israel y Estados Unidos tienen prisa por hacer caer el régimen. Y hace mucho tiempo que son enemigos, y extraña que ahora, de repente, les entren las prisas.

Una hipótesis que explicaría esta prisa es que Irán realmente haya acelerado su proceso para fabricar la bomba atómica. Te explico: tradicionalmente, la carta que tenía Irán para hacer chantaje o tener un papel importante en la escena internacional, no era poseer la bomba atómica, sino tener la posibilidad de fabricarla en poco tiempo. Entonces, el año pasado, en junio, Estados Unidos bombardeó tres instalaciones nucleares. Y es posible que Irán pensara: “Total, si no tenemos la bomba y nos atacan igualmente, y boicotean las reuniones que tenemos previstas para seguir negociando el tema nuclear, pues vamos a hacer la bomba”. Y hay quien asegura que han acelerado el proceso para fabricar la bomba atómica. Si esto es cierto, esto explicaría la prisa: es para evitar que consigan la bomba o para conseguir que, si la tienen, esté en manos de un régimen que sea amigo de Occidente. Y una tercera posibilidad es: si no podemos hacer caer el régimen, lo dejamos tan tocado que, durante muchos años, tenga que dedicar todos sus recursos a reconstruirse.

P. Esto que me planteas es una hipótesis, entre las muchas que hay sobre el tablero.

R. Sobre la rapidez de los ataques, a mí me parece bastante razonable. Porque, fíjate que, cuando a principios de los 2000, Estados Unidos engañó a todo el mundo con la historia de que el Irak de Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva, siguió el protocolo que se espera de un país que quiere declarar la guerra a otro. En cambio, esta vez, no han esperado a nadie; simplemente Israel y Estados Unidos han tomado una decisión sin consultar a nadie, sin esperar a que nadie les dé un apoyo. También hay que tener en cuenta la figura de Donald Trump, que es un presidente, él y su gobierno, que menosprecian las instituciones internacionales. No les dan ningún valor, y parece que intentan con sus acciones cada día humillar un poco a estas instituciones internacionales y el derecho internacional. Si sumas el carácter de Trump y la prisa de Israel, se entiende un poco esta acción directa.

Jordi Llaonart, en una imagen cedida.

P. ¿Es posible que Donald Trump haya pensado que lo que le funcionó en Venezuela le iba a funcionar en Irán?

R. Dadas las circunstancias, en mi opinión, una solución o salida óptima en Irán sería una salida tipo Venezuela. Repito: no es la mejor, sino la óptima dadas las circunstancias. Es esa en la que retiras, o secuestras, o asesinas, o apartas al líder, y dejas allí a toda la estructura, al aparato y a la gente que lideraba la dictadura, pero bajo tu poder. E insisto, esta sería una solución óptima porque te evita la guerra, te fuerza un cambio, aunque sea lento. Pero ya no es la dictadura 100% que tenías el día anterior... Lo que pasa es que en Irán esto no vale. Primero porque yo no creo que Israel esté de acuerdo en esto, pero, sobre todo, porque la gente que apoya al régimen de Irán jamás aceptaría nunca estar guiada y teledirigida por lo que digan en Washington o en Tel Aviv.

P. Claro, y porque, en esa misma zona, esto históricamente no ha funcionado. No funcionó en Irak, no ha funcionado en Siria ni ha funcionado en Afganistán.

R: Sí, bueno, cada país es muy diferente. Afganistán, Irán, Irak y Siria son muy diferentes. Y la situación es muy diferente, pero sí que el resultado, al final, es un poco el mismo: en estos países ha sido catastrófico. Sí, es delicado.

P. Sé que plantear hipótesis con un escenario que cambia por segundos no es lo ideal, pero, dado tu conocimiento y ya que tenemos la oportunidad de hablar, te pregunto cómo crees que se va resolver esto?

R. Te entiendo perfectamente. A veces, cuando hablamos de actualidad, sobre todo de un país lejano del que no tenemos contexto, nos surge como un sentimiento espontáneo que no se puede controlar y te vienen a la cabeza muchas preguntas que, al final, a veces, se responden con “sí, no, blanco y negro”. Es normal plantearlo en términos de “¿quién tiene la culpa?”, “¿quién es el bueno?”, “¿quién es el malo?”, “¿con quién tengo que ir?”. Después, si te interesa mucho el tema, pues vas al segundo nivel que sería conocer el contexto histórico y político, conocer lo que opina la gente de allí.

En mi caso, yo creo que la situación no va a acabar bien y, lo que yo creo que es más probable, es que la cosa no cambie mucho en Irán. Y que todos los líderes de los tres grandes actores se van a declarar vencedores. Trump, cualquier día va a decir que ha ganado la guerra, porque ha cumplido sus objetivos. Porque, además, Trump, a diferencia de los actores regionales que viven en Oriente Medio, ya sea Israel, Arabia Saudí o Irán -que miran todo a largo plazo-, él tiene que hacerlo todo más rápido porque dentro de unos años dejará de ser presidente. Israel se puede dar por satisfecho aunque no haya derrotado al régimen, porque lo deja muy tocado, y tendrá que dedicar todo lo que tiene a reconstruirse. Y, durante un tiempo, dejará de ser una amenaza. Y, finalmente, el otro actor, los líderes de la República Islámica de Irán, también se declararán vencedores, porque el régimen no habrá caído. La cara triste de todo este tema es que por el camino habrá muerto mucha gente.

P. Si todos ganan, ¿quién pierde?

R. Sobre todo, la gente de Irán que con tanta ilusión había salido a la calle para manifestarse contra el régimen, y que va a ver que no ha servido de nada.

P. No me quiero despedir sin preguntarte por la postura de España, que se ha situado como una voz crítica con la guerra, en un contexto que desde luego es diferente al de la invasión de Irak, pese a que se hayan enarbolado los mismos eslóganes.

R. Yo creo que el Gobierno de España ha hecho lo correcto. Independientemente de lo que tú pienses del Gobierno, ha hecho lo que había que hacer, que son dos cosas: Por un lado, no han permitido el uso de las bases en territorio español para que los americanos las usen para bombardear Irán. Y, por otro lado, que esto también tiene mucho que ver con la visión que tiene de la política el PSOE, ha mandado una fragata a un país de la Unión Europea, en este caso Chipre, para defenderla de posible bombardeo de Irán. Porque una cosa es la OTAN y la guerra, y la otra es defender a un Estado de la Unión Europea que ha sido atacado.

P. Ahora que has mencionado eso, y después de hablar contigo, me ha surgido esta duda: ¿Tú crees que Irán estaría por bombardear ahora mismo países de la Unión Europea? Lo digo porque Reino Unido ha puesto en duda que lo de Chipre haya sido un misil iraní.

R. Hasta que no tienes pruebas, es mejor no especular, porque parece siempre que estás buscando una conspiración. Pero la realidad es que Irán está atacando muchos países de la región cercana. Y que, aunque puede parecer que es desde una posición de fuerza, es una acción a la desesperada. Está lanzando misiles, sí. De hecho, ha lanzado más misiles sobre los Emiratos Árabes Unidos -o los mismos- que sobre Israel. Y, aunque los discursos sean de que están dominando la situación y en una posición de fuerza, lo que está haciendo es intentar perjudicar tanto como pueda a sus vecinos. Y lo hace para que estos vecinos llamen a Israel y a Estados Unidos y les pidan que paren el conflicto, sí.

Lo de Venezuela no vale para Irán; allí la gente no aceptaría estar teledirigida desde Washington o Tel Aviv

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