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¿Qué pinta el Cristo de los Faroles en el nuevo LP de uno de los grupos más importantes de la música electrónica?

El cristo de los faroles en el nuevo disco de Boards of Canada.

Juan Velasco

30 de mayo de 2026 19:53 h

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Hay imágenes que pertenecen tanto a una ciudad que cuesta imaginar que puedan aparecer fuera de ella. El Cristo de los Faroles de Córdoba, envuelto cada noche en el resplandor íntimo de la plaza de Capuchinos, es una de ellas. Está profundamente ligada al imaginario popular de los cordobeses, conscientes igualmente de su atractivo estético para los extranjeros que visitan la ciudad.

Lo que resultaba difícil imaginar es que esa imagen pudiera colarse en el artwork de uno de los discos más esperados del 2026 a nivel internacional. La sorpresa saltaba hace unas semanas entre aficionados a la música electrónica de la propia Córdoba: la imagen central del CD y el vinilo de Inferno, el nuevo álbum de Boards of Canada, guarda un parecido prácticamente exacto con el célebre Cristo cordobés.

La teoría comenzó a circular en redes sociales a partir de las publicaciones del productor y realizador audiovisual Juan López López, quien firma música bajo el nombre de Juan. Según explica el artista a este periódico, fue una amiga —también seguidora del dúo escocés y compradora del disco— quien le avisó de la coincidencia tras chequear las imágenes de la edición física del álbum. A López López le bastó una primera mirada para sospechar que aquello no era casual.

Así que consultó con otros seguidores del grupo y decidió desplazarse hasta la plaza de Capuchinos para comprobarlo por sí mismo. Allí, con una cámara, reprodujo el mismo encuadre de la imagen del disco y aplicó efectos visuales de degradado similares. El resultado era contundente: el parecido roza la copia exacta. Los dos faroles centrales, el cartel de INRI, el sudario, los remates en pico de la cruz que levantó el escultor cordobés Juan Navarro León, e incluso el característico acabado superior de los faroles —esa especie de sombrerete en forma de seta tan reconocible— coinciden de forma mimética con la imagen utilizada en el libreto de Inferno.

La cuestión, sin embargo, difícilmente tendrá confirmación oficial. Porque si algo ha definido a Boards of Canada desde los años noventa es precisamente el misterio. Mike Sandison y Marcus Eoin han construido una de las carreras más influyentes y herméticas de la música contemporánea: no tienen un email al que escribirles, conceden muy pocas entrevistas, actúan en directo de forma excepcional (este año lo hacen) y convierten cada lanzamiento en una especie de juego de pistas para sus seguidores.

No sería extraño, por tanto, que la referencia al Cristo de los Faroles quedara deliberadamente sin explicación, alimentando una mitología que el grupo lleva décadas cultivando desde Warp Records, el sello británico que convirtió al dúo en referencia absoluta del ambient experimental y la electrónica de culto a mediados de los 90.

Un regreso envuelto en señales y cintas VHS

Inferno supone el regreso discográfico de Boards of Canada trece años después de Tomorrow’s Harvest, publicado en 2013. El nuevo álbum, desvelado finalmente este pasado viernes 29 de mayo y publicado como siempre por la legendaria casa Warp Records. Incluye 18 cortes y llega precedido de una campaña promocional tan opaca como minuciosamente diseñada que arrancó en marzo, cuando varios seguidores recibieron cintas VHS con fragmentos documentales y ruido estático. Aquellas misteriosas grabaciones activaron las primeras especulaciones sobre el regreso del dúo. Después aparecieron carteles en distintas ciudades y, finalmente, la publicación de Tape 05, la primera música nueva del grupo en más de una década.

Evidentemente, nada en Boards of Canada suele ser obvio y directo. Todo aparece filtrado por capas de nostalgia, símbolos ambiguos y referencias escondidas. Una vez escuchado el disco, aunque sin haber podido recibir el libreto de 20 páginas para comprobar nuevas referencias, el único rastro de que la elección de una imagen tan concreta como la del Cristo de los Faroles responda a una lógica estética y emocional afín al universo del grupo está vinculado con el mismo título: Inferno. ¿Para qué sino colocar una imagen católica justo en la parte más visible del CD y vinilo?

No obstante, con una cierta distancia respecto al presente, la imagen nocturna y melancólica del Cristo de los Faroles encaja de forma sorprendente con el imaginario visual de un grupo que, desde mediados de los noventa, se han convertido en una de las formaciones más influyentes de la electrónica contemporánea. Su sonido, construido a partir de sintetizadores analógicos, cintas deterioradas y muestras de viejos documentales educativos, ha sido descrito a menudo como una máquina de evocación de recuerdos.

A veces de recuerdos futuros. Porque los hermanos Sandison son dueños de un lenguaje sonoro propio: melodías cálidas pero inquietantes, texturas envejecidas y paisajes que parecen extraídos de una cinta doméstica olvidada en un cajón. Su música suele relacionarse con la llamada hauntología, una corriente estética obsesionada con los fantasmas culturales del pasado y las memorias borrosas de la infancia.

Del cante y la copla al rock contemporáneo

La presencia del Cristo de los Faroles en la cultura popular no es nueva. Su estampa ha inspirado durante décadas canciones de Semana Santa, coplas, pasodobles, saetas y letras flamencas. Lo llamativo es cómo, en los últimos años, también ha comenzado a aparecer en coordenadas musicales mucho más alternativas.

Por ejemplo, el músico McEnroe (Ricardo Lezón) publicó en 2016 una canción titulada Cristo de los Faroles en su disco conjunto con The New Raemon. Y, más recientemente, la banda cordobesa Viva Belgrado incluyó otro tema con el mismo nombre en su último disco Cancionero de los cielos, reforzando la conexión entre el monumento y una sensibilidad contemporánea marcada por la melancolía y la carga simbólica. De hecho, el cantante de la propia banda llegó incluso a citarse en la plaza de Capuchinos para una entrevista con este periódico hace algunos años.

Ahora, si las sospechas de los seguidores se confirman (algo más que dudoso), el Cristo de los Faroles habría dado un salto inesperado: de icono local y emocional a pieza secreta dentro del universo visual de uno de los grupos más influyentes y enigmáticos de la electrónica mundial. Quizá nunca haya explicación oficial. Pero precisamente ahí reside parte del encanto. En Boards of Canada, como en las viejas cintas deterioradas o en ciertas fotografías nocturnas, el misterio siempre forma parte de la obra.

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