Perico Campos: “Volveré al Córdoba en mi mejor momento, sé que lo haré”

Perico Campos FOTO: MADERO CUBERO

Es un hombre construido por el fútbol. Incapaz de concebir su vida sin estar cerca de un balón, agarra el que ha servido para la sesión fotográfica y lo sujeta con mimo mientras conversa apasionadamente sobre el Córdoba CF, un club al que considera “un padre”, y su actual trabajo -lleva ya más de un decenio- con Rafa Benítez, que le traslada ahora a Nápoles. Pedro Campos (La Rambla, 1957) suele referirse al fútbol con símiles familiares. Habla de sentarse a la mesa juntos, de respetar a los mayores, de tutelar y entender a los vástagos... Seguramente la querencia por las metáforas sobre el hogar revela esa punzada interior que siente al no poder convivir con los suyos, con su familia de verdad, su esposa y sus dos hijos. Un sacrificio que sobrelleva como mejor puede. A veces le ataca la nostalgia, pero se defiende con amor propio y una ética de trabajo brutal. Está un día en Londres y otro en Madrid. O en Estambul. O en San José de Puerto Rico. Su agenda es un galimatías, pero él la entiende. Son ya muchos años de briega. Y los que le quedan. Porque Campos no es de los que vuelven la cara cuando el viento sopla en contra. Ni lo hizo como futbolista ni lo hace ahora como técnico superior deportivo de la UEFA, integrante del selecto coro de colaboradores de uno de los entrenadores con mejor reputación en Europa.

“Éste es el mejor amigo del jugador, el que tiene que estar siempre. Es el que nos da de comer”, afirma entre risas mientras coloca el balón sobre la mano derecha y lo observa con ojos de enamorado. Sigue igual que siempre, exprimiendo ese depósito de entusiasmo que nunca parece agotársele. Desde que el recordado ojeador cordobesista Abelardo Sánchez lo encontró en el equipo de su pueblo cuando era un chaval hasta que festejó la conquista de la Champions League con el Liverpool en el estadio turco de Ataturk, en una memorable final ante el Milán, Pedro Campos mantiene inmarchitable su sello de bonhomía.

Si Juanín fue el jugador más emblemático en los 60 y Manolín Cuesta en los 70, Perico Campos es considerado mayoritariamente por el cordobesismo como el icono de los 80, una década de convulsiones que llevó al club desde la Segunda División hasta los infiernos de Tercera. Al defensa rambleño lo promocionó el técnico José María Negrillo, un tipo peculiar que tenía entre sus métodos de preparacion física para los jugadores la recogida de los jaramagos que creían en las gradas del viejo Arcángel. Perico, célebre por su aire tímido, su tartamudeo y su empatía, acabó ganándose un puesto en el once por pura testarudez. Alcanzó el grado de capitán del Córdoba en las etapas más dantescas del club, con el que padeció impagos, embargos, encierros y un amplio surtido de experiencias lacerantes.

En mi caso, el Córdoba ha sido mi vida. Es un orgullo, una pasión. El Córdoba es mi padre"

Siempre estuvo ahí, de pie en medio de las tormentas, mirando de frente y llevando su cordobesismo al límite tanto dentro del verde -o del pardo, porque no fueron pocas las veces que jugó sobre albero- como en un vestuario en el que su verbo atropellado sonaba como la homilía de un obispo. Tuvo ofertas para irse -el Zaragoza lo tuvo a punto-, pero la cuestión es que se quedó hasta que cerró su ciclo. Con la camiseta por fuera del pantalón, las medias bajadas y el brazalete de capitán amarrado al brazo, su imagen indómita se convirtió en una marca de la casa durante una época dura e inolvidable. Luego le hicieron un homenaje y más tarde le abrieron la puerta. A volar. Y Perico Campos, un animal futbolístico, no se fue a ver mundo. Se lo comió.

PREGUNTA. ¿Como acaba uno de La Rambla en Liverpool?

RESPUESTA. Sinceramente, tuve mucha suerte. Yo terminé mi etapa como entrenador en el Córdoba y fue entonces cuando entré en contacto con Rafa Benítez, que vio mi manera de trabajar, me conoció... Creo que intimamos bien y a partir de ahí me uní a su equipo. Y hasta ahora. Él estaba en el Tenerife, que ese año ascendió a Primera. El que le habló de mí fue Zubillaga, al que yo había conocido por mediación de Óscar Arias. Rafa Benítez necesitaba un informador en Córdoba y ahí surgió todo. Llevo ya trece años con Rafa. He pasado por el Tenerife, el Valencia, el Liverpool, el Inter y ahora empezaremos en el Nápoles. ¿El Chelsea? Bueno, ahí trabajé para Rafa pero no para el Chelsea, porque al llegar con la temporada comenzada ya tenían los equipos de trabajo formados. Ahora comenzamos la aventura con el Nápoles y ya estoy a tope, estudiando el mercado, viendo listados y poniéndome al día. Aquí no se puede uno quedar parado porque todo cambia muy deprisa.

No me gusta lo que veo. Siento pena y preocupación. Me da tristeza y me desespera el ver cómo han terminado sin cumplir los objetivos"

P. ¿Qué es ser cordobesista?

R. Es querer a tu equipo, conocerlo, respetarlo, ayudarlo y entenderlo. Y sobre todo, ser agradecido. En mi caso, el Córdoba ha sido mi vida. Es un orgullo, una pasión. El Córdoba es mi padre. Yo con quince años salí de mi pueblo para ingresar en la cantera del club y estuve 23 años dentro. El Córdoba me ha dado mi vida, me ha marcado. Gracias a que firmé con el Córdoba conocí a mi mujer, he tenido dos hijos y he formado una familia aquí. He tenido la oportunidad de conocer a muchísima buena gente. Yo todo eso lo relaciono con el Córdoba.

P. ¿Qué impresión le causa ahora el Córdoba?

R. No me gusta lo que veo. Siento pena y preocupación. Yo quiero al Córdoba y cada vez que he tenido la ocasión lo he ayudado en la medida de mis posibilidades. Hace poco, cuando estábamos en el Liverpool, intentamos hacer un convenio de colaboración que se quedó ahí, parado. Está el Córdoba en una situación difícil, la verdad. Me da tristeza y me desespera el ver cómo han terminado esta temporada sin cumplir los objetivos y con un panorama por delante bastante complicado. Veo que a día de hoy no tiene un proyecto deportivo lo suficientemente compensado y equilibrado.

P. Pero hace poco lo tenía, o eso parecía.

R. Sí, había una idea clara de actuación y gente para hacerlo, pero en estos momentos se ha salido de esa vía y anda perdido. Hay que pensar seriamente en esto porque así no se puede seguir.

P. Da la impresión de que se han cambiado los planes de futuro por el rendimiento rápido, viviendo del resultado inmediato.

R. Está claro. Un club profesional no puede depender nunca del resultado del domingo, tiene que trabajar con otras miras más amplias, con perspectiva y con unas bases sólidas. No se puede vincular un proyecto a una racha de resultados mejores o peores y cambiarlo cada siete días. Ahora mismo se dicen cosas, pero la realidad que se ve no ilusiona demasiado. Decir que se va a conseguir tal resultado o tantos puntos, que se va a lograr un puesto en la clasificación... Eso es un gravísimo error. La clave está en el proyecto. Mi inquietud y mi ilusión como socio cordobesista es que se nos diga cuál es la idea, qué es lo que se quiere hacer, pero con claridad y argumentos, no sólo con deseos. Claro que todos queremos subir a Primera, pero se necesita un estilo y un método para hacerlo. A mí me gustaría oír cuál es el proyecto a medio y largo plazo. Y después unirnos todos, involucrarnos y trabajar todos por él. Digo todos. Empiezo por el club pasando por la afición, abonados, entidades, instituciones, medios de comunicación... El Córdoba sin el apoyo de los cordobeses no es nada.

Un club profesional no puede depender nunca del resultado del domingo, tiene que trabajar con otras miras más amplias"

P. Habla de cultura de club.

R. En el mandato de la actual junta directiva se consiguió una cosa muy buena. Se fijó, con su llegada, un plan de club y una filosofía de actuación. El Córdoba consiguió un sello propio, una identidad. Y con ella se ganó el respeto y la admiración de todo el mundo. Era una filosofía del buen fútbol, de la valentía, del riesgo, de ir construyendo tu objetivo día a día para dar lo mejor. Ser mejor. Ahí está el secreto. Dar pasos hacia adelante, dar el máximo a tu manera, cada uno en su puesto, y si ves que puedes subir, pues dejarte la piel para conseguirlo. Todo eso se vio con la apuesta por Paco Jémez, que implantó una forma de jugar que también se llevaba a cabo en los equipos de la cantera. Se veía un buen fútbol, de ataque, equilibrado. También ese estilo se mantuvo durante muchos partidos con Berges. Los aficionados se engancharon a eso. Era lo que querían, lo que esperaban desde hace mucho tiempo. Si ésa vía es buena, hay que mantenerla y potenciarla. Comenzando por la cantera y terminando por el primer equipo. Pero todo eso no se ve ahora. Se ha perdido.

P. Pero la cantera del Córdoba, hoy día, ofrece un escenario curioso. Por una parte, nos encontramos con un equipo filial de Tercera que está haciendo historia. Detrás, conjuntos juveniles que descienden. Y en primera línea, futbolistas que se han promocionado desde casa y que salen del club como Javi Hervás, Fernández, Fuentes y, el último, Fede Vico.

R. Eso es otra cosa. Los buenos siempre van a tener ofertas para irse y los que son muy buenos, más y mejores. Yo hablo de filosofía de juego, implantada desde abajo. A partir de ahí ya sabemos lo que queremos. Otra cosa es que eso no se mantenga. En el primer año se vio un proyecto. En el segundo, las cosas no han estado claras y el resultado está ahí. No puede ser que queramos subir a Primera de este modo, así no se puede. Si sólo nos preocupamos del resultado, se corre el riesgo de que ocurra lo que está pasando. El objetivo no se ha cumplido, eso está claro. Ahora toca reaccionar, mirarnos a nosotros mismos, ser humildes, pensar en qué hemos fallado y en cómo se puede hacer para mejorar. Pero, insisto, pensando en construir un club desde abajo hacia arriba.

El Córdoba sin el apoyo de los cordobeses no es nada"

P. ¿Conoce a Carlos González?

R. Le he saludado sólo una vez, aunque hemos hablado por teléfono en dos o tres ocasiones. No lo conozco lo suficiente como para decir es así, así y así. Conmigo ha sido muy amable, pero no tengo más argumentos de tipo personal. Sí puedo juzgarlo a nivel de gestión. Ha terminado su segundo año y estamos preparando la tercera temporada. De momento, no ha conseguido el objetivo principal que se había marcado en estos dos años que lleva. Si en ese tiempo no ha logrado el objetivo que se había pregonado es que algo ha fallado. Eso es lo que como cordobesista le pido al presidente. Lo que deseo es que se reconozca dónde se ha fallado para poner las soluciones porque, en definitiva, en ese barco estamos todos.

P. Ahora mismo, sin embargo, la imagen que transmite el club no es precisamente de solidez. Futbolistas que se marchan, otro cambio de entrenador... y todo sin un director deportivo.

R. Mira, hablo a nivel profesional. Un club que quiere hacer algo en el mundo de los campeonatos profesionales, que pretende ser serio y tener una estructura, no puede andar sin proyecto y sin una figura de responsable en la dirección deportiva. No puede ser que sólo estén el consejo de administración y el comité técnico deportivo, porque estos darán la información o su parecer al consejo o al presidente, y ellos mismos lo tendrán que sacar adelante todo. Siempre estarán en manos de asesores externos. Un director deportivo, con un equipo de trabajo, está contínuamente trabajando para el club para el presente y para el futuro. Siempre tendrán información actualizada de todo y de todos, que servirá para afrontar lo que exijan las circunstancias. Todo ese bagaje es lo que da consistencia al proyecto, lo que pone los cimientos para construir esa casa que tanta falta le hace falta al Córdoba para resguardarse.

Un club profesional que pretende ser serio y tener una estructura no puede andar sin proyecto y sin una figura de responsable en la dirección deportiva"

P. Los equipos se pueden construir con paciencia o con dinero. Con ambas cosas, mejor.

R. A mí me gustan más las casas que hacían los antiguos, piedra a piedra, consolidando la base y que cuando llegaban arriba, al tejado y a la chimenea, podían después bajar a acostarse satisfechos sabiendo que la construcción no se iba a caer.

P. Cuando en un club se percibe sensación de vulnerabilidad, de falta de cohesión, los aficionados tienden a la desilusión y los sectores más críticos se ensañan más.

R. Me he dado cuenta de que el entorno, a nivel general, está bastante crispado. Evidentemente, como socio y cordobesista, no es lo que yo deseo. Pero te digo algo: creo que es más porque la gente quiere que su equipo suba y juegue bien que por odio al presidente o a alguien. Lo ideal, independientemente de que nos equivoquemos o acertemos, es unir a todas las fuerzas de la ciudad, comer todos en la misma mesa. Esto es como una familia. Si no desayunan, almuerzan y cenan juntos, la relación entre ellos se hace distante. Hay que buscar puntos de unión para conocerse, hablar cada uno de cómo ve las cosas y poner la intención de aprender de todos. Hay que ser humilde. Esto es Córdoba y el club es el Córdoba. Hay que conseguir la forma de mirarnos a los ojos y entender que todos estamos ahí. Esto no es de uno ni de otro. Es de todos. Lo que tiene que ver el consejo de administración es que el club está en Córdoba y tienen que convivir con los cordobeses. Eso no es tan difícil de entender. Se puede conseguir si hay buena fe y disposición para dialogar. Cada cual puede tener sus ideas propias, diferentes, pero hay algo que nos debe unir por encima de eso.

P. Pero es sintomático que en los últimos meses se haya ido prescindiendo de trabajadores del Córdoba CF que son de la tierra. Desde los puestos más expuestos a ojo público, como los de los entrenadores (Paco Jémez y Rafa Berges, además de Rafa Reyes, segundo con ambos) o el secretario técnico (Luna Eslava), hasta directivos, empleados y colaboradores con mucho tiempo de servicio. Se ha cambiado la imagen del club.

R. Vamos a ver. Éste es un tema delicado, porque en una empresa uno toma sus decisiones y no tiene que mirar de dónde es cada uno, pero también hay asuntos que conviene manejar. Yo, desde que era jugador, siempre he dcho que dentro de un vestuario y, en general, dentro de un club, mientras más gente haya que esté identificada con él será muchísimo mejor. Pueden venir de otros sitios, extranjeros, pero siempre que sean mejores que los que hay en casa. ¿Por qué hago tanto hincapié en lo de que sean de casa? Pues muy sencillo. Normalmente, un jugador o empleado tiene pareja, está casado, tienen hijos y esos hijos tienen amigos, que a su vez tienen más amigos, familias, vecinos... Todo eso crea una red del cordobesismo tremenda. Hay que reconocer que eso es así. Mientras más cultura de club, más riqueza. Hay puestos en los que un club debe contar con gente de la casa, porque eso abre muchas más puertas y transmite una imagen de cercanía que es fundamental en los clubes que, como es el caso del Córdoba, tienen a su masa de seguidores en la propia ciudad y provincia.

Creo que la crítica es más porque la gente quiere que su equipo suba y juegue bien que por odio al presidente o a alguien"

P. Que un futbolista no sepa dónde está trabajando puede ser algo entendible, porque sus tiempos de paso pueden ser más cortos, pero que eso suceda con dirigentes... Un peligro, ¿no?

R. Fíjate que cuando llega un futbolista o un dirigente a un club, lo más importante que se le dice es que se adapte lo antes posible, porque mientras antes estés adaptado antes rendirás ya sea en el terreno de juego o en el despacho. Que tengas claro dónde estás, cuál es el objetivo, que se espera de ti y qué es lo que necesita el club, que se espera en la ciudad, cuáles son las expectativas. Qué puedes dar y qué vas a recibir. No es suficiente a veces con lo que te cuentan, porque hay intereses de por medio. Si cuando llega uno de fuera se encuentra con cuatro o cinco empleados cordobeses, todo es más fácil. Eso es así de simple. Yo lo he vivido.

P. Pero el fútbol ha cambiado. Ahora rigen otros códigos.

R. El secreto está en adaptarse a los tiempos y a las circunstancias. Pero, por encima de todo, hay que saber que el que manda es el balón. El otro día me contaba alguien que el balón es como el universo, y que lo curioso de esto es que tú puedes manejar el universo con los pies. El fútbol es complejo y sencillo a la vez. Cambian los tiempos, pero la esencia es la misma. Todo gira alrededor del balón. Todos tenemos que adaptarnos a los nuevos tiempos, a las nuevas formas. Los jugadores, los entrenadores, los dirigentes... Todo el mundo está obligado a reciclarse contínuamente para adaptarse.

P. ¿Cuál es el futuro de Pedro Campos?

R. Pues seguimos en el equipo de trabajo de Rafa Benítez. Son ya muchos años y yo con él estoy encantado, a gusto. He aprendido muchísimo y he visto a nivel de trabajo comportamientos diferentes a los que estamos acostumbrados. Hay metodologías muy diferentes a las de aquí. Muchas veces pensamos que hay sólo una manera o dos de hacer las cosas, pero no es cierto. Decimos que ya está todo inventado y hay parte de razón en eso, pero queda mucho por aprender, por descubrir y por aplicar.

P. ¿Qué tendríamos que aprender de los clubes ingleses?

R. Una cosa asombrosa es la fidelidad a la cultura del club, a su filosofía, independientemente de los resultados. Desde los más grandes hasta los más humildes. Tienen su sello, su estilo, y lo respetan. Quienes trabajan en un club, desde los directivos a los jugadores de la cantera, conocen la historia y qué representa el equipo en el que juegan para su comunidad. Tienen una identidad muy fuerte. Saben cuál es su equipo, por qué existe y qué es lo que pretende, cuál es su lugar.

En Holanda, viendo a las categorías inferiores del Ajax y del Feyenoord, me di cuenta de que los niños, al terminar los entrenamientos, cantaban el himno del club"

P. En un fútbol tan globalizado es importante reforzar la identidad de un club. ¿Sólo lo ha visto en Inglaterra?

R. Allí es muy fuerte y evidente, pero también en otros lugares se esfuerzan por dar unidad desde el principio. En Holanda, viendo a las categorías inferiores del Ajax y del Feyenoord, me di cuenta de que los niños, al terminar los entrenamientos, cantaban el himno del club. Eso es importante. Parece una tontería, pero para mí es significativo porque desde pequeños saben cuál es su sitio y qué representa su club.

P. Siempre con la maleta de aquí para allá... ¿Nunca se ha preguntado qué demonios está haciendo con su vida?

R. Te soy muy sincero. Hubo un viaje que hice a Turquía en el que no lo pasé bien por varias razones. Por temas de cultura, de idioma, de adaptación... Los vuelos no fueron bien y me quedé bloqueado, fuera de sitio. En ese momento me paré, me senté en un banco de un parque y pensé: ¿Qué hago yo aquí? Mi cultura, mi gente, mi familia... Todos están en Córdoba. Pero al cabo de un rato piensas que tienes que dar gracias a Dios por tener un trabajo y estar valorado. Yo tengo que estar contento y orgulloso por lo que hago. Es duro a veces, exige sacrificio, pero hay que seguir.

Un día, en Turquía, me quedé bloqueado. En ese momento me paré, me senté en un banco de un parque y pensé: ¿Qué hago yo aquí?"

P. ¿Y volverá algún día al Córdoba?

R. Yo siempre he dicho que en mi mejor momento, aunque sea mayor, voy a regresar al club. ¿Por qué digo en mi mejor momento? Pues porque aún estoy aprendiendo, conociendo métodos, cogiendo experiencia. He fallado, claro que sí, pero creo que he aprendido de todos los errores. Tengo en mi cabeza y en mi corazón volver al Córdoba y sé que lo haré. Lo tengo claro.

P. Llegó siendo un niño y se hizo hombre aquí. Regresar al Córdoba después casi de dar la vuelta al mundo trabajando en el fútbol sería un bello final.

R. Sí, lo sería. Sé que un día llegará ese momento.

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