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Sobre este blog

Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

Bandit

Imagen promocional de Bandit de Robert Piguet

Ana Fernández

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Quizás el mundo se sostiene en toda clase de bandidajes. Quizás sea así desde el punto y hora en que tanta gente sabe qué significa que te roben el mes de abril como a Sabina. Luego te pueden quitar el aparcamiento, aunque tú hayas señalizado antes en nuestra jungla de asfalto, clavarte un simpa si eres hosteler@ o causarte una descomunal chapuza en una instalación de algo por alguien que no debiera presentarse como profesional (lo digo por un amigo a quien le perpetraron una irrisoria puerta de su vivienda y el artista no consideraba que estuviese mal).

A veces me despierto con una visión alejada del color rosa y del incontestable progreso ético de la humanidad, de modo que esos momentos de leve misantropía la vida me parece un pulso ingenioso entre las tendencias a tangar al otr@ o las (más fuertes) de colaborar entre nosotr@s en un marco justo.

La enjundiosa cuestión no se me ha ocurrido porque sí, sino al revisitar un clásico de la perfumería como Bandit, de Robert Piguet, fragancia mítica que fue reformulada respetando el espíritu rebelde de este chipre de cuero y flores, nacido en 1944 y favorito de Maya Plisetskaya y Édith Piaf, y de la que acaba de desgajarse una nueva versión: Bandit Suprême.

Bandido y bandida traen su cola en el diccionario y en la cultura popular: que si los bandoleros buenos que roban al rico y ayudan al pobre; la Andalucía agreste y marginal del Tempranillo; el Amante bandido del jovencísimo Miguel Bosé o la acepción de persona infiel en lo sexual del español de América.

Pero lo que resulta muy preocupante es cuando la tangada se realiza con las cosas de comer (por desgracia puede ser así literalmente) y lo es más aún cuando se entregan valiosos recursos construidos con dinero público (hospitales, residencias, viviendas…) a fondos de inversión del capitalismo zombi.

No saber quién te arrebata lo tuyo, lo de todos, es terrorífico. ¿Detrás de quién correr? ¿A quién echar el alto? Cuidar la casa común de la democracia y de los servicios públicos, ¡qué importante!

Nota: Las menciones a marcas y productos no llevan aparejada ninguna contraprestación

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Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

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