Mayo: molestia o gloria
Sobre este blog
Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.
Sí y no. Nadie sufre el Mayo Festivo cordobés en silencio. Es imposible. Al menos por los decibelios. “Cántame, me dijiste, cántame, cántame por el camino…” sonará en bucle para las cruces. Lo propio de los números uno en las listas de reproducción de ferias, fiestas, bodas, romerías de nuestra Andalucía toda. Sabemos qué se escucha y qué se baila entre refrescos, cañas, tapas, DOP Montilla-Moriles y foráneos rebujitos. Alegría. Jolgorio que brama. Gazpacho de conversaciones ajenas. ¡Adiós sosiego!
Si bien la posible queja de un Mayo sufrido puede expresarse o, finalmente, retraerse. Oírse o hacer como que nadie dijo nada. Así, el enfado y la bilis que son lógica consecuencia del hiriente chunda-chunda y de un espacio público tan desproporcionadamente tomado en aras del disfrute y el turismo, la tradición y la recaudación benéfica, en demasiadas ocasiones -¡Ay!- se nos diluyen entre los labios como gotas de sudor bajo el microclima de aspersores de aquella Expo 92, tan lejana.
Porque, a veces, y pese a hallarnos en indignada ebullición, observamos que al harto y/o encallecido cuerpo vecinal no le sale la voz para quejarse con grito huracanado. O la queja se emite bajita. O decidimos sumarnos a la fiesta. O usamos tapones anti-ruido. O colgamos la llamada justo cuando iban a atendernos en el teléfono 092.
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