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Sobre este blog

Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

El peso

Ana Fernández

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Sobre este blog

Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

Ese fármaco para la diabetes tipo 2, fabricado en Dinamarca, del cual todo el mundo habla últimamente, por su capacidad para ayudar a adelgazar, ha obrado el milagro: la demostración de que culpar (en menor o mayor medida) a las personas obesas por su enfermedad era y es absolutamente injusto y exige una disculpa eterna.

Si vivimos rodeados de un permanente acceso a la comida rápida y alimentos procesados nada saludables; si los azúcares inundan casi cualquier bocado al tiempo que colonizan el paladar de lugares empobrecidos de África o Asia; si los comedores escolares no resultan, en general, ejemplares (suele faltar variedad de verduras frescas, proteínas de calidad, además de mejor fruta); si la medicina llevaba demasiado tiempo sin dar, científicamente hablando, en las muy complejas teclas del sobrepeso; si el componente psicológico de la obesidad resulta a duras penas abordable por el déficit de profesionales de salud mental en la pública, y si normalmente triunfa el sedentarismo por hábitos laborales y de movilidad insostenibles, lo lógico es que abunden los mimbres para ganar kilos desde edades tempranas.

Pero, ¿supone la nueva generación de fármacos contra la obesidad una verdadera revolución? En lo fundamental, sí, pues se trata de un apoyo para adelgazar, muy necesario y sin precedentes, para personas afectadas por esta enfermedad crónica. Sin embargo, por otra parte, la humanidad corre el riesgo de volver a afrontar desafíos de la salud solamente con pastillas o dispensadores de sustancias, cuando urge un tratamiento global y multidisciplinar del sobrepeso.