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Sobre este blog

Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

La reina de las nieves

Ana Fernández

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Sobre este blog

Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

Érase esta vez la reina de las nieves. He dicho “esta vez”, sí, la tuya, la mía, la nuestra. ¿Y cuál reina? ¿La del cuento infantil o la novela de Carmiña (Carmen Martín Gaite)? Las dos, mezcladas, intoxicantes, alucinatorias. Porque una extraña gripe, recién comenzado 2026, me ataca a la mirada y al sentido de la realidad-irrealidad. 

Como al niño Kay en la fantasía de Andersen, algo nocivo parece ensombrecerme los ojos del pensamiento y de la percepción. Él, raptado por la reina gélida, veía el mal en todo y todas las personas se le hacían malas, en un vórtice de engaños; pues fragmentos del espejo hechizado de Trol le habían colonizado la retina. 

En mi caso, he empezado a sentir malestar por lo que sospecho que será una exacerbada visión contracorriente; es decir, me siento sola -aunque no sea verdad- en la idea de que el resto no sufre así esta dolorida convicción de que no hay injusticia pequeña, todas son odiosas. Y no vayámosle a colgar un “así es la vida”, que a mí desde minúsculas a gigantes regiones de realidad me parecen opresivas, inadecuadas, incompresibles, irracionales, sangrantes, hirientes, intolerables. ¿Seré demasiado negativa, hipercrítica, idealista sin freno, inconformista?