Cordobeses al otro lado del Atlántico: una NCAA más califa que nunca
De un tiempo a esta parte, la liga de baloncesto universitaria de Estados Unidos se ha convertido en uno de los destinos más atractivos para los jóvenes que finalizan su etapa en categorías inferiores. La National Collegiate Athletic Association (NCAA) se ha abierto como nunca al talento internacional, conscientes los americanos de que hay mucha más vida más allá de sus propias fronteras. Ese contexto bebe mucho de lo que ocurre en la NBA, donde el panorama ha cambiado por completo. Ya se atisbaba cierta apertura a principios de siglo con estrellas del nivel de Pau Gasol (España), Tony Parker (Francia) o Dirk Nowitzki (Alemania), aunque la revolución ha llegado en la época más reciente, dado que jugadores como Nikola Jokic (Serbia), Luka Doncic (Eslovenia), Giannis Antetokounmpo (Grecia) o Shai Gilgeous-Alexander (Canadá) son los que dominan actualmente la mejor liga del mundo.
Es más, hay que puntualizar que entre el año 2000 y el 2018, tan solo en 3 ocasiones hubo un MVP de fuera de Estados Unidos, del total de 18 elecciones hechas. Sin embargo, desde la 2018-19, ninguno de los siete últimos jugadores designados como los más valorados de la competición, habían nacido en el país norteamericano. Es más, en cinco ocasiones se le entregó el premio a un europeo.
Ese nuevo paradigma, unido a los cambios de normativa en cuanto a los conocidos derechos NIL (Nombre, Imagen y Semejanza), que desde ahora permiten a los estudiantes-atletas universitarios obtener ingresos a través del uso de su nombre, imagen y semejanza. En otras palabras, los atletas pueden ahora monetizar su fama y marca personal a través de patrocinios, acuerdos comerciales, redes sociales y más, sin perder su elegibilidad para competir en la NCAA, ha provocado una fuga de talento sin precedentes. La mayoría de las futuras promesas del baloncesto español están optando por marcharse al otro del Atlántico para poder estudiar y seguir jugando al más alto nivel, lo que ha obligado incluso a la Federación Española de Baloncesto a crear la liga U22. Y Córdoba no es ajena a ello.
Y es que, a partir del curso 2025-26, se va a vivir la NCAA más cordobesa de la historia. Hasta cinco jugadores de la provincia competirán en la liga universitaria, destacando el caso de Guillermo del Pino, seguramente el proyecto más prometedor en Europa de la generación del 2007. El cordobés ya fue MVP y medalla de oro en el Europeo U16, mientras que hace tan solo unos días logró el triple ganador con la U18 para llevarse el campeonato continental de la categoría. Igualmente, hay que recordar que el año pasado rechazó un contrato de larga duración con el Unicaja, con el fin de poder jugar una campaña en Segunda FEB con el Coto Córdoba CB y, posteriormente, marcharse a la NCAA.
Del Pino, que se ha visto dentro de una vorágine mediática en los últimos días, recuerda que “en el primer año de júnior, en Unicaja, ya sabía que Estados Unidos daba unas oportunidades muy buenas”, por lo que considera que “era lo que mejor me venía”. El jugador reconoce que “la liga universitaria ha cambiado mucho en los últimos años, cada vez hay más europeos”, destacando que “este último Europeo ha tenido bastante repercusión”, pero “soy bastante joven y tengo que seguir creciendo”.
Guille jugará para la prestigiosa Universidad de Maryland, por la que han pasado jugadores de la talla de Steve Francis, Greivis Vásquez o el malogrado Len Bias. El cordobés considera que dicho centro “es un sitio que me puede dar una buena oportunidad” y que “eran quizá los que más interés tenían en mí. Una universidad superpotente”. Su objetivo desde ahora será “trabajar cada día” para “llegar lo más alto posible”. Pese a lo lejano que está, no esconde que “el sueño de todo es niño es llegar a la NBA”, aunque “si eso no se da, que es muy complicado, trabajaré para estar preparado para volver a Europa”. En lo que respecta a los estudios, hará algo relacionado con el deporte, pero aún no tiene claro el qué.
También de la generación del 2007 es Paloma Bioque, una habitual en las selecciones andaluzas de formación y que ha pasado su último año júnior en la cantera del Unicaja. La de El Carpio hará las maletas rumbo a la Universidad Barry, ubicada en Miami Shores, Florida, un suburbio al norte del centro de Miami. Bioque resalta que la oportunidad surgió a través de Élite Sport Academy hace unos tres años, aunque no ha sido hasta hace pocos meses cuando realmente se ha decantado por dicha opción, la cual afronta con el objetivo deportivo de “mejorar individualmente” y el académico de completar los estudios de International Business, además de reiterar que espera “ayuda lo máximo que pueda al equipo”. En cuanto a los motivos de la elección, incide que en “la filosofía de la entrenadora coincide con lo que yo quería”, pues “en mi día a día, lo más importante es la disciplina y el trabajo”.
Ellos dos son los últimos cordobeses en incorporarse a la liga, aunque allí ya hay otros paisanos con una destacada experiencia. Entre las féminas sobresale Lucía Lara, canterana del Adeba y quien afronta su tercer curso en Estados Unidos, donde primero compitió como freshwoman en Mississipi Valley State Devilettes y el pasado año lo hizo con las Grizzlies del Butler Community College Athletics. Ahora se ha comprometido con las Aggies de la Universidad Estatal de Nuevo México. En su caso, la opción salió por el contacto con una agencia durante su primer año de júnior, aunque ella ya tenía ciertos contactos con esa posibilidad. “Los primeros pasos fueron complicados”, dado que “yo no llevaba ningún nivel de inglés, pero al final te adaptas”, explica Lara, quien valora que mantiene el desafío de “jugar lo máximo posible y desarrollarme como jugadora”. Dada su experiencia, añade que el gran objetivo del equipo sería “ganar la conferencia e ir al March Madness, que es el campeonato estatal”.
Por su parte, entre los chicos figuran el pontanés Pablo Tamba, campeón continental U16 y quien para su último año ha firmado con la Universidad de Louisiana State, otra de reconocido prestigio y por la que pasaron leyendas de la NBA como Bob Pettit, Pete Maravich o Shaquille O'Neal, además de Ben Simmons, actual jugador de Los Angeles Clippers; y el lucentino José Roberto Tanchyn, también ya con trayectoria, pues primero ingresó en el Scotland Campus Prep School, de ahí pasaría a los Lincoln Blue Tigers de Missouri y a Palm Beach Atlantic, antes de unirse este año a UMBC Retrievers. Tanchyn, que también fue campeón de Europa U18, reconoce que, hasta ahora, su experiencia en Estados Unidos ha sido de “altibajos”, dado que “estás en un sitio completamente diferente, sin tu familia, ni tus amigos. En mi caso, he cambiado de universidad cada año, así que cada temporada es un nuevo proceso de adaptación”, por lo que “es algo duro, dejas atrás a los compañeros y amistades que has hecho”. Eso sí, también remarca que “me ha permitido conocer nuevos lugares de Estados Unidos, hacer nuevas amistades y crear relaciones con personas de diferentes sitios”.
Su objetivo pasa por “terminar mi carrera universitaria y seguir creciendo tanto como persona como jugador en los años que me quedan aquí”. Además, respecto a los derechos NIL, explica que “dan más oportunidades a gente de todo el mundo para poder viajar a un país donde tengas una gran experiencia, estudiar una carrera universitaria y, a la vez, practicar el deporte que tanto te gusta. Por eso pienso que es una gran opción para cualquier jugador que quiera seguir formándose y creciendo”.
Ellos están allí ahora, aunque uno de los que abrió el camino de la provincia fue Julián Santos, uno de los mejores cordobeses de la generación de 1997, formando en el Colegio Virgen del Carmen y quien en 2015 hizo las maletas para incorporarse a los Spartans de la Universidad de Castleton de la NCAA III. Allí estudió y jugó durante cuatro años, siendo entonces el primer cordobés en dar ese paso, lo cual “fue algo bastante solitario a nivel de referentes cercanos”. Santos afirma que tenía claro desde muy joven que quería compaginar los estudios con el baloncesto y la opción de Estados Unidos era “muy potente”. Así, “empezamos a enviar vídeos a universidades americanas y, para nuestra sorpresa, la respuesta fue muy positiva”, rememora, uno para el que la experiencia fue “increíble, pero también muy exigente. Me encantó poder vivir el baloncesto de una forma tan profesional y estructurada, aunque reconozco que fue duro. El ritmo de entrenamientos era altísimo: entrenábamos seis veces por semana, y muchos días incluso dos veces al día. El nivel de exigencia era constante, no había margen para relajarse o cometer errores. Además, adaptarse al idioma y a una cultura tan diferente al principio fue un reto. También era complicado compaginar todo eso con la universidad y la vida social. Pero todo ese sacrificio me ayudó a crecer muchísimo tanto a nivel deportivo como personal”.
Para Santos, la nueva normativa de NCAA, que es muy diferente a lo que él se encontró hace ya diez años, hace que “los jugadores encuentren allí muchas oportunidades de crecimiento, visibilidad y desarrollo integral”, aunque también “supone un desafío para el baloncesto base en Europa, que tiene que adaptarse para no perder a sus promesas. Creo que los clubes europeos deben repensar sus estructuras y ofrecer propuestas más completas si quieren retener a sus jóvenes talentos”.
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