Los delitos investigados en la capital cordobesa experimentaron un importante aumento durante el año pasado
El balance de criminalidad del último año, publicado este viernes por el Ministerio del Interior, refleja un crecimiento notable de la actividad delictiva en la capital cordobesa, una ciudad que, no obstante, no ha marcado los peores datos de los últimos años en lo que a delitos investigados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se refiere.
Según los datos oficiales registrados entre enero y diciembre, Córdoba capital cerró el ejercicio con un total de 18.589 infracciones penales, lo que supone un aumento del 13,2% respecto al año anterior, cuando se registraron 16.418 delitos, aunque lejos, por ejemplo, de años como 2021, en el que se contabilizaron 23.307.
Este repunte en la capital se manifiesta de forma transversal, afectando tanto a la criminalidad convencional como a las nuevas formas de delito digital. Dentro de la capital, el grueso de las investigaciones sigue recayendo en la criminalidad convencional, que subió un 11,5%, alcanzando los 13.911 casos.
Sin embargo, el fenómeno que más sigue preocupando a las autoridades por su ritmo de crecimiento es la cibercriminalidad, que en el caso de Córdoba se disparó un 18,5%, con 4.678 infracciones, de las cuales 4.041 fueron estafas informáticas.
La relevancia de los datos de la capital no es solo estadística, sino que actúa como el principal motor del balance en toda la provincia. El aumento del 8,6% registrado a nivel provincial (pasando de 31.187 a 33.858 delitos) se explica, en gran medida, por el comportamiento de la capital, que absorbe más de la mitad de toda la actividad delictiva de la provincia.
A nivel provincial, el panorama refleja una realidad dual. Por un lado, el preocupante incremento de los delitos más graves contra las personas. Los homicidios y asesinatos en grado de tentativa crecieron un 70% en la provincia (de 20 a 34 casos), mientras que los homicidios consumados pasaron de 4 a 5. Asimismo, los delitos contra la libertad sexual subieron un 9,5%, destacando el incremento del 26,2% en las agresiones sexuales con penetración.
Por otro lado, el tráfico de drogas también ha experimentado un repunte significativo del 23,5% en toda la geografía cordobesa, lo que indica una mayor actividad policial e investigadora en esta área. En contraste, las fuerzas de seguridad han logrado dar un respiro en los delitos contra el patrimonio: los robos con fuerza en domicilios bajaron un 19,7% y las sustracciones de vehículos un 22,7%, una de las pocas notas positivas del balance.
Radiografía de los pueblos: de la subida de Priego al descenso de Montilla
Aunque la capital acapara el foco, el comportamiento de los municipios de la provincia muestra realidades muy distintas, desde pueblos que siguen la estela alcista hasta localidades que han logrado reducir sus índices de criminalidad.
- Priego de Córdoba: Es, tras la capital, el municipio con mayor crecimiento porcentual. La criminalidad total subió un 11,4%, pasando de 449 a 500 infracciones penales.
- Palma del Río: Registró un aumento del 8,5%, en línea con la media provincial, situándose en 947 delitos totales frente a los 873 del año previo.
- Puente Genil: Experimentó un crecimiento del 7,7%, alcanzando las 1.183 infracciones. Es destacable en este municipio el aumento exponencial en investigaciones por tráfico de drogas (+ 333%)
- Cabra: Mantuvo un crecimiento moderado del 2%, con un total de 871 infracciones registradas.
- Lucena: La segunda ciudad de la provincia presenta un escenario de estabilidad técnica, con una levísima variación a la baja del -0,1% (de 2.423 a 2.421 delitos), manteniéndose como un núcleo de alta actividad pero sin crecimiento.
- Montilla: Se erige como la excepción positiva del balance. Es el único gran municipio que logra una reducción relevante de la criminalidad, con una caída del -8,7%, bajando de 641 a 585 infracciones penales en el último año.
El balance del año pasado deja una Córdoba con dos caras: una provincia donde los robos tradicionales en viviendas remiten, pero donde la violencia personal, el tráfico de drogas y, sobre todo, la delincuencia en la capital y el entorno digital, plantean nuevos retos para la seguridad ciudadana.
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