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La portada de mañana Domingo, 16/06/2024

La política siempre es vieja aunque se disfrace de nueva

Alfonso Alba

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La historia se repite. Ya saben lo que decía Marx, primero como farsa y después como tragedia. ¿O era al revés? Para entender España, lo mejor es estudiar a fondo el siglo XIX. Allí está todo. Todo. Y sabremos que la nueva política no es nueva, sino que es vieja, pero disfrazada de nueva. Es decir: la política siempre va a ser vieja por que desde que la crearan los griegos hace un montón de siglos persigue lo mismo, o renovar o conservar. Y siempre usando los mismos métodos. Unas veces legítimos, otros no tanto.

En el siglo XIX en España tuvimos de todo. Monarquía absoluta, república, una constitución en 1812 que no fue superada en sus avances hasta 1931, invasiones, guerras civiles, nacionalismos, luchas obreras, aristócratas intentando conservar sus privilegios, burgueses intentando ser aristócratas...

Ahora, a principios del siglo XXI está pasando casi lo mismo que entonces, solo que tenemos smartphones, Facebook y Twitter. Y todo parece ir más rápido, aunque a veces vaya más lento. Tenemos a partidos que defienden que nada cambie, a otros que apuestan por que todo cambie para que nada cambie, y a otros que lo quieren cambiar todo de arriba a abajo, pero que tampoco tienen un modelo concreto de qué quieren. También tenemos nacionalismos, a dos españas que siguen enfrentadas, la Iglesia Católica otra vez con mucha fuerza y quizás una novedad: la emigración y la globalización, que sí que es un problema nuevo.

Pero la forma de hacer política es igual de vieja. Existen líderes, existen autoproclamados líderes, existe una masa ultraconvencida de su líder, existen purgas internas hasta en los nuevos partidos, advenedizos que aprovechan esos nuevos partidos para prosperar, desengaños, traiciones, ilusiones, desilusiones...

Al final Marx tenía razón. La historia se repite. Lo único que cambian son los actores. Pero si nos deshacemos de todo lo físico (y de que obviamente ahora no hay magnicidios políticos, al menos en España) la esencia es la misma.

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