Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Suplente

El príncipe Carlos junto a su madre, la reina Isabel II.

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No es sencillo ser suplente en un equipo bien engrasado. Un club que participa en competiciones internacionales y siempre llega a las fases finales con algo que decir. Con algo que disputar, con algo que ganar, con tres leones en el escudo del pecho.

A Carlos (Carlitos o Charly) le pusieron el 1 de Julio de 1969 un chándal de Príncipe de Gales. Tal vez era Nike o Puma o Addidas, no lo sé (tal vez Kelme, lo peor). Le pusieron una corona también, como si fuera una chichonera para protegerlo de los golpes.

Carlos, joven promesa. De la cantera.

Lo alzaron de la banqueta y un tipo del “cuerpo técnico”, que es algo parecido al “cuerpo místico” le dijo la frase más marronera posible: “Calienta, que vas a salir”.

Y Charly, Carlitos, salió y calentó en la banda y recorrió la línea de cal y probó sus gemelos y estiró los músculos lumbares y movió el cuello para liberar la rigidez de las vértebras y veía, de tanto en tanto, el césped, que olía a victoria y también a prado de infancia. Mojado como un amor de juventud. Así huele Gales. Camilla.

Y 54 años después de calentar junto a la banda, de lustrar las botas de sus compañeros, de mirar al banquillo por si le daban la orden, de mirar la tablilla del tercer árbitro, Carlitos saltó a la cancha.

Y aquí está el tío. Sacudiendo el césped de los tacos de su bota.

Aún queda partido, Charly.

Sal y diviértete, como decía Cruyff. El que decía siempre la verdad sobre todo esto.

Olvida Las Malvinas. No tuviste nada que ver con eso.

Pero no vayas nunca a Buenos Aires. Finge una punzada en los abductores. Bórrate de ese partido.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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