Liturgia dominical

Me despierto, remoloneo en la cama y, por fin, me levanto. Me desperezo, voy al váter y meo. Hace el ruido de siempre.

Me lavo la cara, me froto los ojos, toso.

Voy a la cocina, pongo una cafetera en el fuego. Siempre hay torpeza: confundo el tarro del azúcar con el del café, casi se me cae... en fin, caraja matutina habitual, el cuerpo, con su inextricable mecanismo neurológico se va acostumbrando poco a poco a que ya está despierto.

Voy al salón, vuelvo a toser, pongo un cedé (hoy es de los Talking Heads, es sincopado y optimista, subo el volumen -no mucho- I´m in a run to nowhere, canta David Byrne. Apropiado). Sonrío, vuelvo a desperezarme.

Regreso a la cocina. Sale el café. Me gusta el olor a café por la mañana. Huele a victoria. Aquí me acuerdo de Robert Duvall. Realmente es inextricable el mecanismo de mis neuronas.

Desayuno. Suelto lastre en el inodoro. Me ducho. Me echo polvos de talco y colonia de bebé (costumbre repetida que ahora no voy a explicar).

Me visto con ropa limpia y planchada, pero sin raya. No me gustan las rayas; pero tampoco es que las desprecie, si se tercia.

Salgo de casa, me compro un periódico en papel y con grapa y me dirijo a mi colegio electoral. Es el de siempre aunque me haya mudado diez veces de barrio; pero no he cambiado mis datos en el padrón: me gusta votar aquí cuando me siento demócrata y me convocan. Es un edificio bonito, con historia, fue un hospital, tiene una capilla mozárabe desacralizada, en él se estudian y se aprenden cosas que están en los libros. Lo jode un poco -qué digo poco: bastante- esa manía de poner veladores y sombrillas en la plazuela que hay junto a su puerta.

Voto.

Me tomo una caña -o dos- y vuelvo a casa a comer.

Me amodorro en el sofá. Leo, sin mucho afán, lo que he dejado de leer del periódico ese con grapa que he repasado mientras me tomaba el par de cervezas.

Me preparo para salir. Acaba de anochecer. Tiro la basura (un poco antes del horario correcto o recomendado). Voy a un bar del barrio a ver un partido importante en el que juega mi equipo.

Conecto los auriculares a mi teléfono para, a la vez, escuchar la radio y que me cuente tanto cómo va el partido y cómo va el recuento electoral.

….....................(elipsis narrativa obligada)..........................................

Vuelvo a casa. Me hago un menta-poleo en el microondas y me lo bebo. Meo. Me lavo los dientes, escupo, me desvisto y me acuesto.

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22 de marzo de 2015 - 02:19 h