FriTur, La amenaza fantasma

En poco tiempo, en una galaxia muy muy cercana -para algunos será lejana: es lo que tiene la relatividad espacio-temporal-, un ejército de la temible Federación de Comercio de Monhiland desembarcará en el recinto alunizador JC-I FriTUR de Muestrart y Eventort.

Haciendo caso omiso (*) a las directrices de su vicepresidente, y por no hacer mudanza en su costumbre, los miembros de la delegación harán gala de su aldeanismo galáctico porque para eso son más mcluhanianos que nadie en el universo y llevan hasta el paroxismo el principio de la aldea global. Así que el aldeanismo se da por asegurado en la inminente invasión.

Las fuerzas de la Federación enarbolarán su arsenal de folletos y trípticos para convencer a la cándida población de Naboo reunida en el JC-I de las maravillas que podrán encontrar en Monhiland, cuyo senado diputacional cuida y fomenta sobremanera para causar pasmo en cualquier punto del universo conocido y por conocer. Así son los desembarcos de las huestes de la Federación, que disimulan su agresiva voracidad con tintes hospitalarios pero que, en definitiva, lo que tratan es de abducir a los incautos, ya sean gungan, geonosianos, siths o turolenses, para que acudan a Monhiland como la mosca a la miel.

Sus cantos de sirena lo mismo pueden ser una ruta alfarera de tiestos policromados que un torneo de pádel, un cacho de granito que asemeja un dólmen que una casa-museo de un monhiladiano que coleccionaba conchas, un campo de golf entre chaparros que un olivo trimilenario.

Mientras, una brigada de drones-venenciadores de fajín rojo metálico servirá dosis de un licor embriagador y una androide de protocolo repartirá sonrisas de acero.

Unos robots-tañedores interpretarán con trompas y zanfoñas un cacho de una partitura de John Williams: chan chan chan chanchachán chanchachán...

Tras el desembarco, la avanzada de la Federación de Comercio volverá a sus cuarteles habituales retrotraída en un tren-bala que cruzará los valles y las dehesas de Naboo como el bisturí recorre el torso de un cadáver en la mesa del forense.

Y así un año y otro año, como si no hubiera tiempo, como un agujero negro en la galaxia.

(*) Un caso omiso es un caso como otro cualquiera (nota del traductor).

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19 de enero de 2014 - 02:13 h