CRÓNICA

A Estopa “no le falta el aliento” y regala a Córdoba un paseo de rumbas

Concierto de Estopa

La plaza de toros Los Califas acogió este sábado uno de los eventos musicales más esperados de la agenda: el concierto de Estopa, una cita a la que acudió público de todas las edades, desde jóvenes en grupo hasta parejas que amenizaban el concierto con miradas y dedicatorias que las canciones requerían. Nadie estaba dispuesto a perderse este viaje por el repertorio del dúo español. 

Un vídeo introductorio y un juego de luces de colores fríos abrieron un concierto que comenzó por todo lo alto. A los espectadores solo les hizo falta escuchar “Fui a la orilla…” para ponerse en pie y saber que este evento había comenzado y de qué manera… con uno de los himnos más escuchados de estos dos hermanos. Mientras regalaban Tu calorro al público, los de Cornellá se miraban con gestos cómplices que denotaban que esto empezaba. Solo dos canciones después, los músicos daban las gracias a un público que los acogió con los brazos abiertos y que, desde el minuto uno, cantaban y bailaban sus canciones porque con ellos “cualquier día es fin de semana” y aunque las vacaciones lleguen a su fin, David y Jose nos recuerdan “el tiempo es lo que nos falta, lo que no sobra nunca, siempre es el tiempo”. Y si hablan de tiempo, es obligatorio comentar que las más de dos horas que duró el concierto fue tiempo bien invertido.  

A lo largo de la cita y en diferentes ocasiones, los músicos quisieron dedicar sus temas tanto a compañeros de la profesión con los que han tenido la oportunidad de trabajar como Fito Cabrales o con dedicatorias más familiares, como con la que recordaron a su abuela. El concierto dio cabida para establecer una relación muy estrecha entre los cantantes y su público, al que no dudaron en explicar distintas enseñanzas o anécdotas que les ha ido otorgando la vida. 

Y aunque, como ellos dirían, “el tiempo y el olvido son como hermanos gemelos”, Córdoba sí se acordaba de su tema Ya no me acuerdo y, por supuesto, ahora tienen muy fresco el gran trabajo que realizan los músicos de esta banda. Tanto percusionistas como guitarristas forman parte de esta familia forjada en los escenarios.

Una de las anécdotas que vivieron los espectadores fue cuando el dúo no quiso empezar a tocar el siguiente tema hasta que su músico Juan estuviera encima del escenario. Además han sabido compartir sus clásicos con ellos, dejándoles el tiempo necesario para que los espectadores escucharan esta vez, sin letra, su música. Y para dar la bienvenida al siguiente tema, Pastillas de freno, los músicos dedicaron algunas palabras a hablar sobre el trabajo, en especial “a la gente que madruga y no es por gusto”, que concluyeron con esta frase: “El trabajo no dignifica”.

En el momento de cantar Me falta el aliento, se notó como Córdoba latía junto a ellos y que el concierto estaba en uno de sus puntos más altos. Después de cantar, tocar la guitarra o compartir anécdotas, tampoco faltó el baile al ritmo de sus canciones, en un espectáculo donde el dúo lo dió todo sobre el escenario.  

Tras un pequeño momento en silencio y cambios sobre el escenario, ya estaban de vuelta a los hermanos, ambos ahora con instrumentos. Dos guitarras y un proyección detrás de ellos en la que se podía leer “A solas” daban la bienvenida a lo que se podría denominar como la segunda parte del concierto, en la que ofrecieron una canción que, según dijeron, “cantaban cuando eran unos chavales”: Escúchame princesa. Algunos temas después, también supieron dedicarle tiempo al maestro Sabina con la dedicatoria de Mi primera cana.  

Un paseo por una carrera de éxitos y recuerdos del que la plaza de Los Califas se hizo activo espectador. Las luces de los móviles en las baladas no decepcionaron aunque supieron dividirse el tiempo con las rumbas movidas sobre el albero de la plaza. Una despedida que los fans intentaron que no llegara, pero que acabó por todo lo alto “y que la sonrisa que se les dibujó en la cara” llegó Como Camarón.  

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