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Bestiario del Purgatorio de Dante, según Fernando Bayona

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Manuel J. Albert

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Las imágenes de 'What never was' unen en el Teatro Cómico la fotografía con el cine y la escena

“Todo lo que se ve es real”. Fernando Bayona está acostumbrado a dar esa respuesta. Y no cambia el rictus a pesar de que haya escuchado un millón de veces la misma pregunta. Porque es que parece una ilustración. ¿Hay mucho de photohop, Fernando? “Todo lo que se ve es real. Todo”, insiste. “Todo. Los libros que ves, el humo, las manchas, las telarañas. Todo”. Y todo lo que vemos de What never was podría estar sacado de un sádico libro de cuentos para adultos. Moteros tatuados a cuatro patas siendo arreados en el culo con una paleta de madera por un demente. Tíos cachas en un bajel sin mar. Imposibles máquinas de volar encerradas en una casa. Imágenes con aire de cuadro hiperrealista y atmósfera cinematográfica, inspiradas en la Divina comedia, de Dante, y salidas de la mente de un artista que invierte el mismo tiempo, dinero, equipo y montaje que cualquiera usaría para un largometraje o una obra teatral. Pero Bayona hace fotografías. ¿O no?

“No me considero un fotógrafo. Yo estudié escultura en la Facultad de Bellas Artes de Granada. Por una serie de cosas me dieron una beca Magnum para estudiar fotografía pero lo que aprendí tampoco lo he usado mucho”, explica. De alguna forma, el autor sigue respirando más cerca de la escultura, por ejemplo, a la hora de modelar el espacio en el que sitúa a sus personajes. En este caso, la atmósfera -a veces asfixiante- se encierra en una habitación cochambrosa por la que pululan todo tipo de monstruos humanos. “Cojo una historia del subconsciente colectivo y la reinterpreto a mi manera en cada una de las escenas”, explica.

Aunque todo está pensado y programado al milímetro (desde los bocetos, a las poses, los colores, las luces y el decorado o el vestuario) el azar juega un papel importante en la obra. Sin ir más lejos, a la hora de elegir a los incautos que interpretarán los personajes. “A muchos de ellos los encuentro por la calle, en las cafeterías, en las colas del súper. Los veo, se lo explico y muchos de ellos aceptan”. Hace tiempo que Bayona dejó de ser “ese loco que saca fotos” en Granada, por lo que a su puerta llaman voluntarios que quieren aparecer como sea en sus instantáneas de estudio. Una de esas incondicionales acabó en una de las obras, inmortalizada cual cadáver bajo una cama. Algo de lo más intrigante, la verdad...

Para la serie de la Bienal, los diez miembros del equipo de Bayona (estilistas, maquilladores, responsables de vestuario, iluminación...) y él mismo pasaron 18 horas diarias trabajando durante cinco días en la nave industrial que sirvió de plató. “La ejecución siempre es a contrarreloj porque el alquiler del espacio y de equipo es muy caro”. Tanto, que Bayona ha calculado que cada foto le ha podido costar unos 5.000 euros de presupuesto. Y la colección contará, cuando acabe, con 60. No hace falta más para empezar a sentir congoja. Muy parecida, por cierto, a la que sube por la espalda al ver algunas de las fotografías que tanto dinero han costado.

Cada escena es un capítulo del paseo que Dante hace por el Purgatorio. Lo que vemos está abierto al juego con el espectador, a su propio buceo por los elementos de la imagen, a múltiples juegos, engaños, trampas y bromas. Lleno de provocaciones, a veces mala uva y otras una extraña inocencia. El Infierno y el Paraíso dantesco ya están en fase de producción. La obra completa se llamará Hidden Cycle. Bayona quiere recrear el Infierno en un matadero y el Paraíso en un lago. Y con ellos, el proyecto crecerá todavía más en ambición, incluyendo la presencia escultórica, el cortometraje y las instalaciones.

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