¿Están ya remojando sus barbas, incautos?

La última semana del año empezó dura para nuestros vecinos griegos. El FMI suspendió su parte del trato con Grecia por claro temor a que los favoritos para hacerse con el gobierno, la izquierdista Syriza, no haga frente a los vencimientos de deuda. A pesar de que Syriza lleva dos años moderando su inicial discurso anticapitalista, los mercados no parecen tenerlas todas consigo. La maniobra del FMI es un claro chantaje a la soberanía griega. No es el primero, no es algo nuevo. Lo que choca es la claridad y el canal del mensaje. Ahí, a la vista de todos. Si no pones el gobierno que yo quiero, rompemos relaciones y prepárate.

La Gran Guerra se alargó durante cuatro años, los tres últimos casi sin avances territoriales, porque alguien tenía que perder y pagar todo el tinglado. Lo que ocurrió con la injusta deuda que los vencedores obligaron a pagar a Alemania (y que terminó de pagar en 2010, pulsen este interesantísimo enlace) es de sobra conocido: los hambrientos y apaleados alemanes no pusieron muchas objeciones en aupar al poder a Hitler, que cumplió su promesa de dejar de pagar. Hace 100 años ya habría militares de las potencias acreedoras en la frontera griega. Supongo que algo hemos avanzado.

Este movimiento del FMI es una muestra clara de debilidad. Si esperan que los griegos, ya con muy poco que perder, se amedrenten ante esta advertencia cometen un error de bulto. Probablemente consigan todo lo contrario. El que amenaza, teme. Goliat está asustado ante el cambio. "Si sangra, podemos matarlo" que diría Dutch en Predator. Pero no todo va a ser tan sencillo para Tsipras y los suyos, ya que un impago de la deuda podría suponer problemas gravísimos a corto plazo. Es sencillo: no puedo dejar de pagar una deuda si sigo necesitando que el acreedor me siga prestando. Una quiebra del Estado no beneficia a nadie, pero a los que menos a los griegos. Espero, al menos, que Syriza haya previsto este escenario y haya trazado un plan. Hitler había roto relaciones (o estaba a punto de romper) con todos los países firmantes del tratado de Versalles. Él sí podía dejar de pagar, porque ya no se estaba surtiendo del dinero de sus enemigos.

Sin duda es ilusionante que los que entienden que otro mundo es posible cojan los mandos, aunque sea de un barco a la deriva con el timón medio roto y en un mar lleno de tiburones hambrientos. Puede parecer tranquilizador ver el espectáculo desde el puerto, pero nuestro barco, no mucho mejor acondicionado, zarpa en un año. No esperen que los piratas sean benévolos con nosotros.

NOTA: Tengan ustedes un venturoso 2015.

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31 de diciembre de 2014 - 01:54 h