Dejadlos volar, insensatos

Hay que saber irse con calma y sin prisas. Pero irse. Dejar sitio a quienes lo reclaman. Sobre todo si lo merecen.Arturo Pérez-Reverte

He notado que se han multiplicado los lamentos hacia las actitudes y aptitudes de los críos y/o adolescentes que me llegan, trasluciendo una penosa soberbia o absurda condescendencia, y que solo demuestran que la vida te está adelantando más fácil aún de lo que ya lo hace la gente en la carretera. Muchos de los que lanzan o difunden estas viejas ideas quieren hacernos creer que nacieron con Guerra y Paz de Tolstoi bajo el brazo, y que Nietzsche y Unamuno fueron sus compañeros de juegos.

Estas incomprensiones son de todo tipo, pero quizá las más abundantes, por ser las más inocuas, son las referentes al dominio y uso de las tecnologías por parte de las nuevas generaciones. Es ya aburrido, por redundante, escuchar ayes referentes a la pasión con la que los chicos utilizan sus móviles. Cada vez que escucho o leo una queja del mismo tipo, mi cabeza no puede evitar pensar en esa abuela troglodita que veía a la rueda como el invento del demonio. Porque seguro que las hubo. Vivimos en una época en la que los móviles y tabletas (que son unas herramientas excepcionalmente potentes, auténticos ordenadores de bolsillo) están proscritos en los centros educativos. Como no sabemos usarlos, ¡prohibámoslos! Es como si prohibiéramos los lápices porque con ellos podemos dejar ciego al compañero.

No recuerdan estos sabios cuando ahorraron durante meses para comprarse su primer ordenador o, más reciente aún, los tiempos en que presumían de politonos en las reuniones familiares cuando adquirieron sus primeros móviles. Ellos también quisieron estar a la última, al igual que sus padres desearon llevar a sus casas la primera tele en color con la que ver el Un, Dos Tres. Nada nuevo bajo el sol. La historia vuelve a repetirse, solo que la memoria se hace más selectiva con los años.

Quienes miran a los chavales por encima del hombro pertenecen a las generaciones que han creado el mundo que tenemos hoy. Los niños solo han heredado el terreno de juego, que a nadie se le olvide. Ellos no han inventado nada, aún, porque no les ha dado tiempo. Son el fruto de todo lo bueno y malo de vosotros, y pronto de nosotros. Son ellos los que arrinconarán al cáncer y colonizarán el espacio. También los que pugnarán en las guerras más sangrientas jamás vistas, como lo hicieron sus abuelos. Pero de ahí a decir que las nuevas generaciones siguen "una vida a modo de incesante carrusel de novedades huidizas en la que no hay tiempo para leer, ni para meditar, ni para conversar, ni para rezar, ni para amar, ni para hacer ninguna de las cosas que hasta hace poco nos distinguían como humanos", 

me parece el razonamiento de un soplapollas, por mucho premio Planeta que tenga.

Como ya tengo edad para dar consejos, solo me queda decirles que aprendan lo que puedan o lo que les apetezca y aprovéchense de la fuerza, imaginación, frescura, capacidad y descaro de los chiquillos. ¡Son nuestras creaciones! Si no, échense a un lado que es donde menos molestan.

Nota: no estaba previsto, pero justo ayer supe que una de mis alumnas de 1º de ESO utiliza las tecnologías para hacer esta maravilla. Que sepan que, en absoluto, esta chica es una excepción. Si alguien sospecha que puede autodestruirse por comprobar que una chica de 12 años, de la denostada ESO, escribe así de bien (¡desde los 9 años!) y comparte sus inquietudes que no pulse, por favor.

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14 de octubre de 2015 - 02:01 h
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