¿'Dimenticare' a Trump?

Lo perfecto, lo inmaculado nunca me gustó. Esa perfección que no admite ni el menor rasguño no me parece real. Prefiero un buen roto en un pantalón con muchos kilómetros. Tal vez por eso me encanta Italia y esos sitios increíbles en los que siempre flota una atmósfera de decadencia sostenida. Esas ciudades de la Toscana, o de la Campania, que guardan tesoros y, sin embargo, parecen estar al borde del fin… pero no lo están.
El juego del lenguaje también me gusta. Sí, el juego de la lengua … bueno de las palabras. Me encanta. Y más si es de la lengua italiana. No puedo decir lo mismo del inglés. Lo estudié desde pequeña, pero nunca pasé de una buena gramática que me permite leerlo. Comunicarme, lo justo.
Con el italiano me ocurre lo contrario. Aprendí poca gramática, pero en tanto viaje a L’italia adquirí la soltura verbal necesaria para comunicarme. El otro día mi hermano me recordó los dos maravillosos verbos que en italiano significan lo mismo: olvidar. “Dimenticare” y “scordare”. El primero viene del latín de-menticare y significa «alejar, expulsar de la mente». El segundo, en cambio, viene de ex-cordis, es decir «sacar del corazón». Ósea, olvidar con la mente, o con el corazón.
Y fue entonces que reparé en la importancia de esa enorme diferencia. Expulsar algo o a alguien de nuestra vida y hacerlo no solo con el corazón, sino también con la mente, es tan complicado que la sutil grandeza de la lengua italiana (y de nuestro latín primigenio, del que somos herederos) no tiene una sola palabra para definir tamaño olvido y, por eso, distingue ambas maneras de olvidar.

Y ahí estaba cuando pensé “y yo ¿cómo olvido? ¿con la mente o con el corazón?”. Creo que para mí siempre fue prioritario para olvidarme de algo, o de alguien, sacarlo de mi cabeza. La mente es muy traicionera. La mente puede controlarnos y, cuando se apodera de ti, las consecuencias pueden ser devastadoras. El corazón, sin embargo, cura solo. Es cuestión de tiempo.
No soy experta en la mente humana, pero cada día escucho historias de otros y compruebo que son menos felices las personas que rememoran, que insisten y persisten en no salir corriendo del lugar, del tiempo, o de las personas que ya nada le aportan. El corazón admite tiritas. El tiempo hace el resto. Sin embargo, la mente implacable te puede hacer caer en un bucle pernicioso. Y es que corren malos tiempos si de salud mental se trata.
Nunca vi a diario tanto psicópata, tantas obsesiones, tantas carencias y dependencias emocionales y tanto trastorno de conducta. ! Y qué decir de los que gobiernan el mundo ¡ Nada he visto más horrible que ese vídeo infame sobre la Gaza distópica que anuncia un Trump definitivamente psicópata. Y ahora saca la patita JD Vance, su segundo. Escucharlo tirarse a la yugular del invitado Zelenski fue revelador. Una vida marcada por las estrecheces, el abandono paterno, las adicciones de la madre y un mega ultracatolicismo tardío, provocan un cóctel vengativo de su propio destino que no puede ser nada sano.
Sí, necesito “dimenticare” a estos dos. Mi salud mental se está resintiendo con sus indignas boutades diarias. Como nunca ocuparon mi corazón, no necesito scordarli. Ya entiendo. El corazón es un músculo sano, la mente no. Sí, definitivamente prefiero dimenticare … ¿y ustedes?
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