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Sobre este blog

Sergio Gracia Montes es graduado en Derecho por la Universidad de Córdoba. En 2018 impulsa desde Córdoba el Centro de Investigación de la Extrema Derecha (Cinved), con el que analiza y estudia los movimientos populistas y extremistas en España y a nivel internacional. Gracia cuenta con amplia formación en materia religiosa, política y de derechos humanos, e interviene en medios nacionales (Cuatro, La Sexta, Huffington Post, El Independiente, El Confidencial o El Temps) como experto en fanatismos y movimientos de ultraderecha.

Europa en el paredón geopolítico: Washington y Tel Aviv ya no son aliados fiables

Sergio Gracia

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Sobre este blog

Sergio Gracia Montes es graduado en Derecho por la Universidad de Córdoba. En 2018 impulsa desde Córdoba el Centro de Investigación de la Extrema Derecha (Cinved), con el que analiza y estudia los movimientos populistas y extremistas en España y a nivel internacional. Gracia cuenta con amplia formación en materia religiosa, política y de derechos humanos, e interviene en medios nacionales (Cuatro, La Sexta, Huffington Post, El Independiente, El Confidencial o El Temps) como experto en fanatismos y movimientos de ultraderecha.

Antes de empezar a desgranar que actitudes han llevado a Europa a ver con desconfianza a EEUU e Israel, nos deberíamos realizar dos preguntas ¿Qué se entiende por aliados y socios? Y ¿En qué se basa una alianza preferente? Son preguntas que la sociedad y políticos europeos deben plantearse seriamente y de paso, estos últimos, analizar si tienen la capacidad de enfrentarse a quién intenta destruir nuestras sociedades con prácticas ilegales y criminales. 

Las relaciones entre Europa, y EEUU e Israel, atraviesan un periodo marcado por tensiones profundas. Quienes antes eran socios y aliados, han pasado a ser actores poco fiables. Tanto en el ámbito diplomático como en ámbitos comerciales, geopolíticos y de seguridad. 

Las actuaciones de ambas potencias contra la UE en general y algunos países en particular con amenazas implícitas, advertencias coercitivas y condicionamientos políticos, deberían generar inquietud en los líderes políticos regionales frente a actores que ya no parecen considerar a Europa como un aliado, sino como una pieza negociable dentro de un tablero global.