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Sergio Gracia Montes es graduado en Derecho por la Universidad de Córdoba. En 2018 impulsa desde Córdoba el Centro de Investigación de la Extrema Derecha (Cinved), con el que analiza y estudia los movimientos populistas y extremistas en España y a nivel internacional. Gracia cuenta con amplia formación en materia religiosa, política y de derechos humanos, e interviene en medios nacionales (Cuatro, La Sexta, Huffington Post, El Independiente, El Confidencial o El Temps) como experto en fanatismos y movimientos de ultraderecha.

Europa en el paredón geopolítico: Washington y Tel Aviv ya no son aliados fiables

Trump y Netanyahu en la Casa Blanca, en la reunión en la que Trump defendió el desplazamiento de palestinos

Sergio Gracia

9 de febrero de 2026 20:00 h

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Antes de empezar a desgranar que actitudes han llevado a Europa a ver con desconfianza a EEUU e Israel, nos deberíamos realizar dos preguntas ¿Qué se entiende por aliados y socios? Y ¿En qué se basa una alianza preferente? Son preguntas que la sociedad y políticos europeos deben plantearse seriamente y de paso, estos últimos, analizar si tienen la capacidad de enfrentarse a quién intenta destruir nuestras sociedades con prácticas ilegales y criminales. 

Las relaciones entre Europa, y EEUU e Israel, atraviesan un periodo marcado por tensiones profundas. Quienes antes eran socios y aliados, han pasado a ser actores poco fiables. Tanto en el ámbito diplomático como en ámbitos comerciales, geopolíticos y de seguridad. 

Las actuaciones de ambas potencias contra la UE en general y algunos países en particular con amenazas implícitas, advertencias coercitivas y condicionamientos políticos, deberían generar inquietud en los líderes políticos regionales frente a actores que ya no parecen considerar a Europa como un aliado, sino como una pieza negociable dentro de un tablero global.  

La Unión Europea debe abandonar a la mayor brevedad posible, cualquier complejo de subordinación frente a EEUU e Israel y actuar conforme a su propio peso político, económico y normativo en el escenario internacional. Como actor global, la UE dispone de legitimidad, capacidad económica y herramientas diplomáticas suficientes para defender sus intereses y valores sin ceder ante presiones, amenazas o chantajes encubiertos. Aceptar imposiciones externas no solo erosiona su credibilidad internacional, sino que debilita su autonomía estratégica y la convierte en un actor reactivo en lugar de uno decisor. 

La administración Trump, seguridad y aranceles

La administración Trump ve su vínculo con Europa con un enfoque marcadamente transaccional. La Casa Blanca ha dejado claro en varias ocasiones que el apoyo estadounidense, incluso los vínculos con la OTAN, estaría condicionado al alineamiento europeo con sus prioridades estratégicas. Poniendo en el centro de esta dinámica 2 instrumentos de presión:

  1. Advertencias sobre la OTAN y la seguridad europea

Trump ha puesto en duda repetidamente el compromiso de EEUU con el Art. 5, sugiriendo que la defensa de Europa dependería del gasto militar y de un mayor alineamiento con Washington. Siendo esto un claro ejemplo de chantaje estratégico: obediencia a cambio de protección.

  1. Coerción económica en clave geopolítica 

Las amenazas de aplicar aranceles masivos a diferentes sectores de la economía europea se utilizan día si y día también, tanto para negociaciones comerciales como para influir en decisiones de política exterior, buscando condicionar la postura europea sobre otros actores como Irán, China, Palestina o Israel.

Israel y la diplomacia de la presión 

Israel, por su parte, ha intensificado en los últimos años una estrategia diplomática que combina incentivos tecnológicos y de seguridad con advertencias políticas explicitas. Europa, principal socio comercial y actor clave en los foros internacionales, ha sido objeto de presiones en 3 frentes:

Postura europea ante el genocidio de Palestina: Cada vez que la UE ha intentado reforzar su posición crítica hacia asentamientos, masacres o violaciones del derecho internacional, Israel ha respondido con represalias diplomáticas, restricciones de acceso o campañas públicas destinadas a desacreditar a los Estados europeos o sus representantes más influyentes, donde además ha intentado prostituir por tierra, mar y aire el concepto de “antisemitismo”, como si no supiéramos su significado, intentando vincular dicho concepto a cualquier crítica al Gobierno de Israel por sus asesinatos masivos contra población civil indefensa o periodistas, buscando con ello silenciar cualquier crítica o información.  

Influencias en la política estadounidense: La estrecha alineación entre la administración Trump y el gobierno de Netanyahu, han creado alrededor de Europa una dinámica en la que posiciones israelíes se veían reforzadas por amenazas o ultimátums desde Washington, amplificando la sensación europea de que ambos gobiernos actúan de forma coordinada aplicando a Europa una tijera cuando esta no se alinea con sus intereses.

Como tercer punto, debemos añadir el chantaje continuado que aplica Israel en materia de cooperación en Inteligencia, donde en varias ocasiones, funcionarios israelíes han insinuado que ese deterioro podría poner en riesgo esa cooperación. 

Por qué marcar distancias sobre Washington y Tel Aviv

Una alianza preferente exige estabilidad, coherencia y previsibilidad, cuando se utiliza continuamente la amenaza política, la presión diplomática y la coerción económica como instrumentos para influir en la negociación, esa alianza se rompe, ya que el socio deja de ser fiable.

Los motivos que hacen poner todos los sentidos sobre las actuaciones beligerantes de Washington y Tel Aviv sobre Europa son varios, y a cada cual más inquietante.

Cuando se utiliza la amenaza para la negociación 1) se erosiona la fiabilidad estratégica. 

Por supuesto, la seguridad europea no puede depender de gobiernos que amenazan con la continuidad en la Alianza o que usan el aparato militar para la presión, entrando aquí 2) la condicionalidad agresiva sobre la OTAN y la seguridad europea, cuando esto sucede ese actor deja de ser aliado, ya que vincula la protección mutua a la obediencia política.

3) Uso recurrente de la presión económica como arma política, donde tanto Washington como Tel Aviv están recurriendo de forma sistemática en los últimos años a amenazas de aranceles, represalias económicas o restricciones de cooperación para castigar decisiones europeas que no se alinean con sus intereses. Esta lógica erosiona la idea misma de “preferencia mutua”.

Si te consideras un socio preferente, debes respetar la autonomía estratégica, la 4) injerencia en decisiones soberanas europeas, desdibuja el concepto de alianza equilibrada, además de proyectar la imagen de una relación asimétrica en la que Europa queda condicionada por exigencias externas, dinamitando la noción misma de fiabilidad entre aliados.

Mientras Europa basa su política exterior en estructuras multilaterales y normas internacionales, EEUU e Israel han mostrado su desinterés por el multilateralismo, han tomado decisiones unilaterales que generan inestabilidad en regiones críticas para Europa, además de confrontar abiertamente con instituciones internacionales que la UE considera esenciales creando 5) desalineación en valores, incumpliendo el derecho internacional y el multilateralismo, debilitando con ello la posibilidad de una alianza preferente.

El concepto de “socio preferente” implica beneficios y respeto mutuo. Cuando una de las partes amenaza, presiona, condiciona o castiga a la otra, 6) se deteriora la reciprocidad.

Por último, tal vez, la más preocupante para Europa en general, y para España en particular. La creciente militarización de regiones sensibles del Norte de África u Oriente Medio por parte de EEUU e Israel. Dicha militarización desestabiliza el entorno estratégico inmediato de Europa, incrementa los flujos migratorios y obliga a Europa a gestionar consecuencias que no toma, incrementando el 7) riesgo de arrastrar a Europa a conflictos ajenos

Conclusiones

Los intentos de Washington y Tel Aviv de condicionar las decisiones europeas deben reforzar los debates internos en la UE sobre autonomía estratégica, diversificación de alianzas y reducción de dependencias críticas.

La combinación de amenazas veladas, advertencias geopolíticas y tácticas coercitivas han movido los cimientos de unas relaciones que históricamente se basaban en la confianza mutua y el respeto Institucional.

Europa se enfrenta a una realidad que ya no puede seguir maquillando con retórica diplomática: la relación con EEUU (especialmente con la Administración Trump) y con el actual gobierno ultraderechista de Israel ha dejado de basarse en la confianza estratégica y ha derivado hacia una dinámica de presión, condicionalidad y amenaza continua.

Europa no debe dejar de cooperar con EEUU e Israel, pero tampoco está obligada a otorgarles un estatus preferente cuando a sus líderes políticos han utilizado repetidamente la presión y la amenaza como herramienta diplomática.

En este contexto, mantener el estatus de “socios preferentes” a quienes te amenazan cada día, no es una decisión neutra, sino una renuncia explicita a la autonomía política europea. La UE tiene suficientes razones para replantear la naturaleza de estas relaciones y avanzar hacia una autonomía estratégica real, basada en el equilibrio, no en la subordinación.

Un socio preferente debe reforzar la seguridad común, no instrumentalizarla. Debe respetar la soberanía decisoria, no castigar la disidencia. Debe aportar previsibilidad, no volatilidad. Europa no puede seguir aceptando una arquitectura de seguridad en la que su protección se utiliza como moneda de cambio. Ese modelo no solo es insostenible: es peligroso. Debilita la cohesión interna de la UE, erosiona su credibilidad internacional y la expone a pagar los costes de estrategias ajenas que no controla ni ha decidido.

La estrategia no pasa por el aislamiento ni por la ruptura inmediata, sino por la recalibración profunda de prioridades. 

La disyuntiva es clara: o la UE redefine sus alianzas desde el equilibrio y la firmeza, o seguirá atrapada en un sistema en el que la lealtad se exige, pero el respeto no se concede.

Sobre este blog

Sergio Gracia Montes es graduado en Derecho por la Universidad de Córdoba. En 2018 impulsa desde Córdoba el Centro de Investigación de la Extrema Derecha (Cinved), con el que analiza y estudia los movimientos populistas y extremistas en España y a nivel internacional. Gracia cuenta con amplia formación en materia religiosa, política y de derechos humanos, e interviene en medios nacionales (Cuatro, La Sexta, Huffington Post, El Independiente, El Confidencial o El Temps) como experto en fanatismos y movimientos de ultraderecha.

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