Jesús Bastante, escritor y periodista: “Gaudí fue un modernista extraño y poco canónico”
Este 26 de junio se cumplen cien años de la muerte de Antoni Gaudí. Y, aunque Jesús Bastante publicó el año pasado su novela El aprendiz de Gaudí, no ha sido hasta este martes cuando la ha presentado en Córdoba. El periodista y escritor, responsable de Religión Digital y colaborador de elDiario.es, remarca que la efeméride ha marcado incluso la agenda institucional mundial, con la visita papal a Barcelona organizada en torno al centenario del urbanista al que muchos llaman “el arquitecto de Dios”.
En este caso, Bastante se acerca al creador de la Sagrada Familia desde la ficción, pero con la mirada del periodista que conoce el peso del contexto histórico. Su novela no convierte a Gaudí en protagonista absoluto, sino que lo sitúa en órbita, rodeado de personajes que permiten comprender al hombre detrás del mito. En esta conversación, el autor reflexiona sobre la Barcelona convulsa de finales del XIX, el anarquismo, el modernismo, las paradojas de un templo inacabado que simboliza una ciudad y la vigencia de los conflictos sociales de entonces en el presente.
La Sagrada Familia es la catedral de los pobres, pero la financian turistas ricos de distintas partes del mundo
PREGUNTA (P.). Cuéntame un poco cómo ha sido este acercamiento novelístico a una figura tan querida, tan conocida y tan reverenciada, y también mitificada, como es Gaudí.
RESPUESTA (R.). Sí, bueno, yo creo que Gaudí está más mitificado que conocido. Es verdad que se conoce su obra cada vez más, afortunadamente, pero muy poco de él, más allá de decir que era un místico o un genio un poco loco. Además, te tengo que decir que, en primer lugar, es una novela; en segundo lugar, Gaudí no es el protagonista principal. La novela gira en torno a personajes que orbitan alrededor de Gaudí y de la construcción de la Sagrada Familia, y el personaje de Gaudí es importante. Así que he intentado dibujar un Gaudí alejado de los maximalismos del genio loco o místico ultracatólico, y lo he hecho a través de la gente y de las situaciones que viven en un momento histórico muy determinado: la Barcelona de finales del XIX, en un proceso rupturista, histórico y político, incluso con contextos de violencia, que es imprescindible para entender Barcelona y la obra de Gaudí.
P. Claro, esa es la Barcelona de La ciudad de los prodigios, ¿no?
R. Exacto. Pero también la de la bomba del Liceo, y la Barcelona anarquista, y la Semana Trágica...
P. Hay ambición en plantarte en ese mundo.
R. Sí, de hecho, la novela comienza en el momento en el que a Gaudí le pilla el tranvía, en junio del 26, pero a partir de ahí trazamos la historia desde 1867 hasta encontrarlo otra vez en el funeral de Gaudí, el día 11 de junio, que, por cierto, es pieza de San Bernabé, la única torre que él vio construida en vida y la que da luz a la portada del libro.
P. Este libro, evidentemente, se aleja de las otras obras tuyas, que tienen más carácter ensayístico, aunque entiendo que también recoges un poco tu parte de periodista, porque te has ido a un contexto político determinado, y recoge varios puntos que se vinculan a ti en esa frontera entre política y religión.
R. El libro no es una novela religiosa. Intento alejarme, aunque están construyendo una iglesia y no se puede obviar el hecho. Es una novela que transita por una Barcelona de profundos cambios: una Barcelona del Eixample, de la multiplicación de la ciudad, de la urbanización, del modernismo, y también del contexto histórico-político inevitable: los movimientos anarquistas, comunistas, que hacen de Barcelona una de las capitales europeas clave en la expansión de esos movimientos, y también de la violencia que venía aparejada a algunos de ellos. Hay muchos momentos en la novela en los que aparece el movimiento anarquista, cómo se prepara la bomba del Liceo y cómo algunos de los protagonistas están metidos en esa situación.
P. De hecho, ese guiño al anarquismo está dentro de la propia Sagrada Familia, ¿no?
R. Sí, sí. Claro. Hay un conjunto escultórico que Gaudí creó tres años después de la bomba del Liceo, en el que aparece la figura del demonio entregándole a un obrero una bomba Orsini. Eso da pie a pensar que Gaudí estaba metido en el día a día de lo que pasaba en Barcelona. No era un místico que solo pensaba en Dios y en las musarañas.
P. Es difícil hoy pensar en Barcelona sin pensar en Gaudí. No sé si hay muchas ciudades del mundo tan vinculadas a un creador, en este caso a un arquitecto.
R. Sí, es verdad que Barcelona tiene muchas historias y se ha ido rehaciendo y reconstruyendo, pero el ejemplo arquitectónico de Gaudí multiplica la ciudad y hace construir la Diagonal y todo ese barrio gigantesco. Eso produce una revolución social y democrática: la población pasa de 175.000 a 500.000 en pocos años. Eso implica un desafío brutal, y justo en ese momento empieza a implosionar el modernismo. Y, dentro del modernismo, Gaudí es una figura extraña: no es un modernista canónico. Lo ves en la Sagrada Familia, en Casa Batlló, en La Pedrera, en Casa Vicens; son construcciones radicalmente diferentes a lo que se había hecho hasta la fecha.
Incluso otros modernistas no eran capaces de llegar más allá. Gaudí revoluciona el concepto de ciudad y lo hace sin acabar la gran obra. Murió hace 100 años y todavía estamos construyendo la Sagrada Familia. Sin embargo, el símbolo de la ciudad es un templo inacabado rodeado de grúas. Cuando estas desaparezcan, Barcelona se verá distinta. Es un conjunto de paradojas, porque La Sagrada Familia es la catedral de los pobres, pero la financian turistas ricos de distintas partes del mundo; a los pobres no se les ve allí.
Gaudí no era un místico que solo pensaba en Dios y en las musarañas
P. A nivel literario, ¿cómo se superan obras previas como La ciudad de los judíos o la mirada de Eduardo Mendoza o Ruiz Zafón, tan vinculadas también a Barcelona?
R. Partiendo de la base de que Eduardo Mendoza es dios y que no se le puede igualar, es divertidísimo leerlo y siempre una inspiración. Barcelona tiene mucha literatura detrás, es un lugar donde confluyen muchas culturas, punta de lanza de los avances y de los problemas. Ser catalán y barcelonés es algo bastante diferente a cualquier otra cosa. Barcelona como personaje es apasionante. Es curioso porque ahora sí que todo el mundo habla de (David) Uclés, porque la novela con la que ha ganado el Nadal trata la Barcelona de Gaudí, pero hasta que nosotros publicamos la novela, no se había intentado crear una historia de amor ambientada en la construcción de la Sagrada Familia, teniendo en cuenta los caracteres históricos y políticos, que me parecen fascinantes y nos dan lecciones sobre lo que pasa ahora.
P. ¿Por ejemplo?
R. Pues cuando imaginas el momento en el que vienen pobres migrantes de distintos lugares de España a mansalva a Barcelona, y los burgueses de la zona lo que hacen es intentar convencer a sus pobres, a los del Born, de que hay otros pobres que vienen de fuera, que son más pobres que ellos, que son los culpables de su propia pobreza, y les conminan a acabar con ellos. Eso son cosas que están sucediendo ahora. Solo que los pobres de ahora, los que vienen de fuera, no vienen de otros sitios de España, sino que vienen de más allá, del Mediterráneo. Pero el concepto es el mismo: los ricos culpando a los pobres de las pobrezas de otros. Hay lecciones del siglo XIX que yo creo que también a través de la literatura deberíamos traer al presente y haríamos bien también en revisarlas.
P. Para terminar, un ejercicio de ficción: si escribieras una novela centrada en la Mezquita, ¿en qué periodo la ambientarías?
R. Pues mira, es una opción, dentro de las cuatro o cinco ideas en las que me muevo ahora mismo. Una de ellas tiene que ver con esta ciudad y con Granada, y será una novela de misterio. Hay que darle vida a esta novela y dejar que crezca. El patrimonio es interesantísimo. Pero es curioso y casi nadie lo cuenta: la etapa en la que Gaudí empieza a construir la Sagrada Familia tiene mucho que ver con Córdoba y Granada. En la Exposición Universal de 1888, cuando Eusebio Güell empieza a financiar la obra, Gaudí se presenta con un proyecto que intenta remedar de forma modernista la Alhambra. Y en la primera etapa de la Sagrada Familia hay mucho modernismo y orientalismo, ambientado en la Mezquita-Catedral y en la Alhambra, coincidiendo con el Romanticismo de finales del XIX y la expansión del orientalismo. Gaudí cogió lo bueno de cada época y lo desarrolló, construyendo una catedral sin líneas rectas, elevándola hacia el cielo con contrapesos brutales.
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