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José Manuel Gómez Jurado: “La izquierda tira de superioridad moral incluso cuando va perdiendo”

Entrevista N&B a José Manuel Gómez Jurado, exparlamentario andaluz

Juan Velasco

11 de abril de 2026 20:15 h

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El Mani se va del Parlamento Andaluz en su mejor momento. José Manuel Gómez Jurado (Puente Genil, 1994) no solo ha sido el parlamentario más joven de la última legislatura en Andalucía, también ha sido el que más lejos ha llevado su discurso por el complejo y cambiante mundo de las redes sociales, que lo han encumbrado como representante de una juventud falta de referentes y que mira la política con desconfianza. Ahora, sin embargo, se va sin intención de volver al parlamentarismo.

Lo dijo hace meses para no entorpecer la búsqueda de candidatos de una posible confluencia de izquierdas por la que él -militante y excargo orgánico de Podemos en Andalucía- siempre apostó. Sin embargo, no formará parte de ella desde la primera línea debido a algunos quiebros personales -su reciente paternidad y sus ganas de retomar su sueño de ser profesor- y otros políticos -la decisión de Podemos en Madrid de paralizar hace un año la unidad en Andalucía y de condenarlo al ostracismo-.

Amante del rap, la literatura, la historia y la moda (en esta charla confesará su coquetería), Gómez Jurado aparece por la que fue su facultad (Filosofía y Letras, en Córdoba) un jueves por la mañana. Posa con más timidez de la esperada para las fotos y entra en la cafetería abrazando a las trabajadoras que, hasta hace cuatro años, le atendían. Entonces era un recién graduado en historia que había rechazado cinco veces entrar en política. A la sexta aceptó.

En una larga charla, el que ha sido uno de los rostros más visibles de la política andaluza del último mandato, hace un repaso de su labor parlamentaria y política, siempre vinculada a su recorrido vital, y también un análisis de la etapa que se abre en esta nueva campaña a las elecciones andaluzas. Durante casi 90 minutos, Gómez Jurado se convierte El Mani, un chaval de Puente Genil que se activó políticamente tras la crisis de 2008 a través de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y que, según cuenta, era tan antisistema entonces que jamás se hubiera votado a sí mismo como parlamentario.

PREGUNTA (P.). Cambio de etapa y cambio de vida, aunque me imagino que ha sido también muy meditado.

RESPUESTA (R.). La verdad es que mucho. Mucho, sí, sí. Aunque te confieso que no era la primera vez que pensaba en dejarlo.

Hay una izquierda que quiere cambiar el mundo sin tocar el poder y esto va de poder

P. ¿Ah sí? 

R. Vamos, de hecho, a los dos meses de empezar o tres, yo no me ubicaba allí. Ahora estoy leyendo el libro de Noelia Ramírez, el de Nadie me esperaba aquí, que es sobre el desclasamiento, sobre cómo se siente uno cuando se encuentra en sitios a los que no pertenece. Y sí, a los tres meses yo iba a dimitir. Pero iba a dimitir, dimitir… Que estaba ya en el despacho de Jesús Aguirre con el papel para dejar el acta porque no me ubicaba. Era como: “No entiendo mi papel aquí, mi forma de hacer política es otra, me siento encorsetado”… Eso sumado a que los conflictos internos de la confluencia fueron una mierda sobre todo al principio, pues hizo que me planteara muy seriamente pirarme.

P. ¿Y qué te retuvo?

R. Me llamó el que es uno de mis maestros, que es Rafa Mayoral, y me hizo entender un poco mi papel. Tú eres un tío que viene de los movimientos sociales, que viene de la calle, tú tienes que intentar que la calle permee dentro del Parlamento. Luego lo conseguirás o no, pero tu labor es esa. Y entender cuál podía ser la labor que tú podías cumplir fue lo que hizo que dijera: bueno, voy a intentarlo. De hecho, siempre fue un “voy a intentarlo”. Y aguanté el primer año, aguanté el segundo, y al tercero, como que empecé ya a cogerle el punto, digamos. E hicimos un par de cosas que se parecían bastante a lo que queríamos hacer, rollo trabajar la comunicación popular.

De forma muy resumida: tú no representas a los movimientos sociales porque los movimientos sociales no necesitan a nadie que los represente; tú eres un militante más. La única diferencia que tú tienes con respecto a los que están en la asamblea es que tú tienes una cosa en la mano que se llama acta de diputado, que te permite decirle a la consejera cosas que otros no pueden. Y ese rollo de empoderamiento popular, que era un poco lo que nosotros buscábamos, pues fue lo que me mantuvo un poco vivo. Lo conseguimos con algunos colectivos, con las limpiadoras de los CADES, por ejemplo. Y conseguí también encontrar mi papel dentro de Stop Desahucios aquí en Córdoba, que era donde yo militaba, pero como diputado. ¿Cuál es el fuerte que yo he tenido, entre comillas? Pues los contactos institucionales que me permiten poder parar desahucios in extremis. Pues eso lo pusimos en marcha. Con esas cosas, encontré mi sitio dentro de la institución. Yo, lógicamente, no voy a ser un portavoz parlamentario magnífico. Yo tengo mi papel, y mi papel es ese. En el momento que conseguí encontrar ese horizonte fue cuando dije: “vamos a aguantar”. Y ha sido este último tramo de la legislatura en que sí que he encontrado el tono y he encontrado el sitio.

P. O sea, de las cinco llagas del hospital (así se llama al Parlamento Andaluz), la primera es que te sientes muy pequeñito cuando llegas, ¿no?

R. (Se ríe) Claro, la primera es esa. Noelia Ramírez lo cuenta en el libro que te digo desde la perspectiva de una crítica de cine, de crítica cultural, pero como diputado yo sentí exactamente lo mismo. Tú llegas allí y sientes que estás fuera de sitio por todo.

Entrevista N&B a José Manuel Gómez Jurado, exparlamentario andaluz

P. A pesar de que tu capital cultural y social… 

R. Probablemente era superior al de muchos de los que están allí, sí. Pero, precisamente, el libro lo que cuenta es eso, como tú puedes tener un capital cultural y que no sea suficiente. Claro, porque tú piensas: yo me he tenido que esforzar el doble para estar aquí de lo que se han esforzado el resto. Porque yo soy hijo de limpiadora de escaleras, hijo de hortelano, de familia de hortelanos... A mí, estar aquí (señala la facultad), me costaba tener que estar trabajando en la hostelería. Yo, cuando llegaba el jueves y todos se iban de fiesta, pues me iba al Moriles de Ciudad Jardín a poner mesas, y luego al Roldán, y luego al tal. Pero, cuando llegas allí, tú sientes como ese complejo de decir: “yo no pertenezco aquí”. Te sientes de fuera porque hay un corte de clase y luego hay, en el mejor de los casos, una mirada hacia ti casi exótica. Casi de “mira el chavalito de barrio que se ha metido aquí”. ¿Sabes lo que te digo? Como un rollo casi meritocrático falso. Es como esa cosa de que a lo más a lo que llegas es al exotismo de que te miren como el chavalito de barrio.

P. Claro, claro, que es una forma también de decir “el sistema funciona”. Legitima la idea, falsa en mi opinión, de que todo el mundo puede llegar al Parlamento con independencia de su origen.

R. Eso es, eso es, efectivamente. Fíjate, además, era una de las cosas que me decían. Y, cuando yo contaba a lo mejor algo de relacionado con mi vida me decían: “Y fíjate, estás aquí”. Y era como: “No, cabrón, es que debería haber más gente como yo aquí de la que hay, porque si esto es la cámara donde se representa al pueblo, ¿a qué coño os parecéis vosotros 109? A nadie del barrio de la Viñuela de donde yo vengo o de mi pueblo de Puente Genil. No os parecéis en nada”. 

P. No sé si la democracia es representativa, pero el Parlamento desde luego no parece representativo

R. No, no, para nada, para nada es representativo de la sociedad. Primero, pues podríamos hablar de no hay gente racializada, no hay gente diversa… pero luego podemos hablar de que es que no hay ni gente de clase popular. La mayor parte de gente que llega allí son gente que ya tiene un capital social, relacional, económico y familiar que ya les posibilita entrar ahí. O sea, hay una diputada de Vox, Purificación, creo que se llama, y que todo el rato se subía y nos daba a nosotros lecciones de que no sabíamos lo que era levantarnos y trabajar por la mañana. Y tú te ibas al currículum de ella, que es público en el Parlamento, y había salido de la carrera directamente a directora de la empresa del padre. Al final, el Parlamento es una cosa superhermética y que reproduce todo el rato lógicas de poder.

Vivimos una etapa política que es de demanda de la ciudadanía no de oferta

P. Claro, esa es la otra pregunta que me parece pertinente. ¿El Parlamento y la propia democracia representa más lo que la sociedad quiere ser que lo que realmente es?

R. Claro, sin duda. Hay un componente aspiracional. Sí, esa es la siguiente. O sea, tiene un componente aspiracional. Lógicamente, ahí hay una cosa de parte de las clases populares que miran al político que está ahí representándoles con un componente aspiracional. Eso es obvio. Si ven a uno igual que ellos dicen “¿Qué hace ese ahí?”. Está como fuera de sitio, como desubicado. Claro, pero ese componente cultural aspiracional es inevitable, vamos. Si no, pues yo qué sé, lógicamente montarían en cólera, no entenderían que en la cámara donde están los representantes públicos, no haya gente como ellos.

P. ¿Alguna vez te imaginaste en el Parlamento cuando estabas aquí dando vueltas por esta facultad?

R. Nunca jamás. Además, yo siempre había defendido, cuando militaba en los distintos sitios de juventudes donde yo había estado, que si tú quieres ser concejal a los 20 años, acabas en el PSOE. O sea, tu aspiración con 20 años, 19 años, 18 años, tiene que ser quemar contenedores, no ser concejal. Entonces siempre había defendido lo contrario. De hecho, yo nunca quise ser parlamentario, ni yo estaba en la lista, todo eso lo sabes bien. O sea, a mí me llamaron seis veces. Yo dije que no cinco veces. Yo estaba haciendo mi tesis doctoral aquí, yo me había alejado de -te lo digo sinceramente- de Podemos. Había dimitido de las direcciones, no estaba ya en esa lógica, porque el momento que hubo de transición de Pablo Iglesias a lo que vino después, el sitio a donde yo pertenecía, que era la Secretaría de Sociedad Civil, pues eso se había desarmado. Entonces yo perdí, digamos, como esa conexión emocional con mi propio partido. Yo seguía militando, seguía pagando cuotas -hoy sigo militando, sigo pagando cuotas-, pero había perdido como ese vínculo emocional. Entonces yo estaba completamente alejado. Yo dimití de la dirección estatal de las juventudes, yo estaba fuera, estaba mi tesis, a otras cosas.

P. ¿La política era otra cosa entonces?

R. Para mí la política era otra cosa. Yo ya estaba en una lógica de movimientos sociales y de hacer mi tesis doctoral que la tomaba casi como una forma de activismo político también, pues yo hacía tema de memoria histórica. Y a la sexta vez que me llamaron, pues, en fin, por cosas que tampoco vienen demasiado al caso, pues al final acabé diciendo que sí. 

Entrevista N&B a José Manuel Gómez Jurado, exparlamentario andaluz

P. Sí que vienen al caso.

R. Básicamente me engañaron. Básicamente pequé de pardillo. La verdad, me dijeron que habían vetado a una persona. Esa persona fue la que me llamó por teléfono casi llorando diciendo que la habían vetado. Y, cuando entré al Parlamento, resulta que era mentira, que no la habían vetado, que simplemente no le apetecía estar ahí y quería que otro se pusiera, y ese otro fui yo. En un contexto que no era fácil: Córdoba, feudo de Izquierda Unida, gente que quería ser candidato, que estaban dispuestos a hacerlo. No lo digo de forma crítica, lo digo como algo constatativo, antes de mí había gente que había dicho “yo doy el paso”.

P. Y que ganaron su propio proceso.

R. Efectivamente. Y, de repente, pues te ves ahí y dices “¿y ahora qué?”. Pero es verdad que tengo la suerte de que yo puedo decir que a mí, Izquierda Unida me lo puso muy fácil. A pesar de ser yo de Podemos, ellos se pusieron detrás de mí y dijeron “tú eres el candidato nuestro, para nosotros vas a ser nuestro parlamentario y aquí tienes a Izquierda Unida para lo que sea”. Es verdad que yo venía de allí, que yo no me había ido rebotado de Izquierda Unida, que yo me había ido en un proceso natural, y que he tenido esa suerte de que a mí me han tratado siempre bien. Me he sentido cómodo dentro de ese espacio y ahí hemos conseguido terminar.

P. Te he preguntado antes por ti, por cómo vivías la política en esta facultad. Ahora te pregunto en general: ¿Qué política permea en esta facultad?

P. A ver, sin caer en esa nostalgia falsa de que antes todo era mucho mejor, sí creo que, cuando yo entré, la política que aquí permeaba era una cosa más de debate que de activismo. Yo recuerdo tener muchos debates aquí justamente, en este patio, con compañeros. De hecho, me hace mucha gracia, porque los más radicales de izquierda en la facultad, al final siempre acaban de concejales del PSOE en algún sitio. Entonces, tú no ves permear la política real aquí. Además, se mira con mucho recelo, se mira como que es algo menos prestigioso. Así lo percibo yo, ¿eh? Hay otra gente que seguramente no lo verá así. Por ejemplo Antonio Ruiz, que ha sido parlamentario del PSOE y también viene de aquí, no creo que lo vea así. 

Creo que, en general, hay una mirada desconfiada en todas las capas de la sociedad hacia la política institucional. Y aquí también. Entonces, nunca me esperaba ser parlamentario, menos cuando ya estaba aquí, que había sido mi sueño y mi objetivo por el que llevaba peleando tantos años. Porque mi sueño era ese: Quiero estar en la facultad, quiero estar en la universidad, yo quiero ser profesor universitario. Y, cuando empecé a dar clases y empecé a hacer la tesis, acabé en el Parlamento.

En abril del año pasado había un preacuerdo entre las dos direcciones y Podemos lo paralizó en Madrid

P. Es curioso porque se habla mucho de esa fractura, y no sé si esa fractura es tanto hacia la política o hacia el valor real del voto.

R. Es una mezcla de ambos. O sea, yo creo que una de las victorias del neoliberalismo ha sido la concepción de que la política es el problema. De hecho, si tú analizas con perspectiva histórica se ve claro: en los primeros años de la crisis de 2008, el centro de las críticas eran los bancos y las grandes empresas, que habían sido los que habían provocado la crisis. Con mucha propaganda y mucha pasta, los que eran los malos consiguieron que el problema fuese la política. Y, vale, había algo de cierto, porque quienes habían estado en la política se habían comportado como manijeros de las empresas. Yo recuerdo ese discurso fantástico de Rafa Mayoral en el debate sobre la Vivienda -creo que era en 2013- en el que decía: “Hago un llamamiento al pueblo porque aquí se está conspirando abiertamente contra las clases populares en materia de vivienda”. Y, efectivamente, eso ha pasado en los parlamentos. Es decir, yo voy y deposito mi voto confiando en ti, y tú pones mi voto en manos de la de las empresas que conspiran contra mi propia vida. 

Entonces, esa desconfianza en cierto modo es normal. Es decir, la propia política, la propia democracia representativa en cierto modo se lo ha ganado. Pero luego hay una propaganda, que lógicamente viene de las grandes empresas, de los grandes fondos de inversión y de toda la gente a quien la política le pueda suponer un límite a sus intereses que es muy potente. Y, cuando Vox hace alarde de la antipolítica, realmente lo que está diciendo es que sean las grandes empresas quienes manden en la política. Vox se ha sumado a esa ola que bienintencionadamente se intentó poner en marcha en el 15-M con el “No nos representan”, “Democracia real ya”. Pero le han dado la vuelta por completo. Ellos dicen: “No nos representan, a tomar por culo la democracia”. Y eso es lo que se está imponiendo hoy. Y lo entiendo. O sea, yo soy el primero que muchas veces se ha ido del Parlamento y ha llegado a su casa diciendo: “¿Qué mierda hacemos allí?”. Y mirar a la gente de mi barrio, de la Viñuela, y pensar: “Toda esta gente que está bregando, que está intentando ganar su mísero sueldo… y estamos nosotros allí haciendo el vaina, ganando un dineral que no van a ganar esta gente en tres años de trabajo, y sin que se perciba una suerte de interés real por mejorar la vida de la gente”. 

P. ¿Cuál es el interés, entonces?

R. Ganar el debate de turno, meter mierda a nivel de relato discursivo para ver si soy capaz de hundirte, si soy capaz de cargarme al rival… Esa lógica permea en la sociedad y la gente lo percibe, y entiende que hay que hacer una impugnación total. Y esa es la pena, porque la alternativa es impugnar a los que se comportan así y apoyar a los que no lo hacen. Pero no, se hace una impugnación total.

P. Creo que tú te activas políticamente precisamente la crisis de 2008, ¿no? Más o menos un poquito antes quizás.

R. Sí, sí, más o menos.

Entrevista N&B a José Manuel Gómez Jurado, exparlamentario andaluz

P. ¿Tú crees que ese chaval que tú eras hubiera votado por ti en 2022?

R. Hostia, esa es buenísima. (Se lo piensa) En ese momento, yo creo que no. No, no, yo además me activé en una lógica súper radical, en esa lógica que planteaba Rousseau de que uno representa lo que no está presente. Yo estaba en una lógica mucho más de movimientos sociales. Y la verdad que no quiero caer en el cliché de que antes era mucho más radical, porque es muy simplista. Pero sí es verdad que ahora entiendes que las lógicas del poder son mucho más complejas. A mí me da mucha rabia porque en la izquierda hay una pugna de qué es más importante: ¿la institución, la calle, lo comunicativo? Este ha sido el debate, en realidad, de esta década. Y la realidad es que todos los frentes son importantes. Es decir, la construcción de poder popular requiere construcción comunicativa, construcción de relato y alcanzar unas cuotas de poder -tanto dentro de la institución como fuera- que te permitan transformar la sociedad. Y eso lo entiende cualquiera que haya estado en un ayuntamiento. Tú puedes tener un ayuntamiento en mayoría absoluta y encontrarte con límites que no te esperas si tienes 10.000 personas rodeando el ayuntamiento. 

Yo siempre pongo el mismo ejemplo: la misma ILP de vivienda que se presentó en Cataluña con el Parlamento rodeado de gente y salió adelante con mayoría absoluta con un gobierno conservador, aquí en Andalucía se presentó con el PSOE en el gobierno con mayoría absoluta y, como no había ni una sola persona en la calle, se votó en contra. Es decir: todas las cosas son importantes. No hay una donde poner el esfuerzo. Y depende de nosotros, como militantes, decidir qué sitio ocupamos en cada momento. Pues habrá gente que sea más útil en la institución, gente que sea más útil en la calle, gente que pueda ser más versátil y que pueda moverse en todos los sitios, gente que comunique muy bien, gente que construya relato muy bien… Y todos son igual de importantes e igual de necesarios. Y cada uno que se ponga donde se sienta más cómodo. El otro día veía una entrevista de Ada Colau con Samantha Hudson, fantástica, en la que ella lo explicaba perfectamente. Decía: cuando uno está en el ayuntamiento entiende mucho mejor que todos los sitios son importantes, porque ellos, los poderes, la derecha, tienen gente en todos los sitios. Ellos tienen gente en las empresas. El de la empresa pasa de repente a la institución. El de la institución pasa de repente a la empresa. El de la empresa pasa a los medios de comunicación. El del medio de comunicación está financiado por la empresa… Es toda una lógica que Pablo Iglesias ha definido muy bien: la derecha de este país entiende mucho mejor el poder de lo que lo entiende la izquierda. Porque nosotros pensamos que el poder es llegar al gobierno y, una vez llegado al gobierno, a gestionar el capitalismo. Pero es que luego hay una izquierda que quiere cambiar el mundo sin tocar el poder, y es como: “No, amigo, esto va de poder”.

P. La derecha no tiene las contradicciones que tiene la izquierda. 

R. Pero porque la izquierda tira de superioridad moral incluso cuando va perdiendo.

Una de las victorias del neoliberalismo ha sido la concepción de que la política es el problema

P. Y eso que lleva perdiendo mucho tiempo ya.

R. Claro, pero, si te das cuenta, en el 15-M, la izquierda tenía menos contradicciones que hoy y era mucho más transversal. Entonces había una transversalidad que hoy no existe.

P. Pero en el momento en que se convirtió en movimiento político, comenzó el repliegue.

R. Claro, en el momento que empezamos a perder. A la primera derrota ya empezamos a replegarnos. Y ya empezamos a mirar: “Espérate un momento ¿quién es de izquierda de verdad aquí?”.Y empezamos a ampararnos en una superioridad moral, en un purismo ideológico -que también tiene mucho que ver con la cultura de la cancelación dentro de la propia izquierda- y en un punitivismo como solución política a los problemas. La cuestión pasó a ver quién es real, quién está limpio. Y eso responde a lógicas de derrota, y no se da cuando uno va ganando.

Yo recuerdo que en las asambleas de Stop Desahucios había gente que se había comprado dos casas y que había puesto la casa de sus padres como aval de una de ellas y la habían echado de todas sus casas, y que estaba sentada junto a una persona migrante a la que habían echado de su casa por no pagar el alquiler. Y estaban en la misma asamblea. La PAH, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, fue el movimiento más transversal de la política en este país; ahí nadie miraba el carné de nada. Seguramente, la persona que tenía dos casas había votado a Aznar en su momento, porque entendía que en ese momento le iba mucho mejor. Pero no pedíamos el carné. En el momento que empezamos a perder, empezamos a decirle: “Tú votaste a Aznar, tú eres parte del problema, fuera de aquí”. Y ese es el momento de la derrota. Con el poder nos pasa lo mismo. ¿Qué contradicciones no estamos dispuestos a asumir? Yo decía vale, muy bien, el otro día escuchaba una entrevista -no recuerdo quién era-, que decía algo así como: “O la revolución o nada”. Bueno, pues mientras coges el Kaláshnikov, vamos a intentar cambiar el mundo por otros medios o vamos a intentar mejorar la vida de la gente. O sea, esto es más complejo.

P. Claro, de hecho, ahora mismo el dilema está entre pragmatismo o contradicción.

R. Siempre está ahí.

Entrevista N&B a José Manuel Gómez Jurado, exparlamentario andaluz

P. Pero ahora mucho más, porque la izquierda está en el gobierno.

R. Efectivamente, ahora mucho más, y es mucho más complicado hacer acumulación de fuerzas.

P. ¿Qué está ganando, el pragmatismo o la contradicción?

R. Bueno, yo creo que el debate es interesantísimo. Justo ahora, como tengo más tiempo para poder sentarme y pensar, estoy reflexionando con dos textos. El primero de ellos es de Xan López, un libro que se llama El fin de la paciencia, que condensa muy bien un pensamiento que él lleva ya planteando mucho tiempo. Básicamente, dos ideas: la política más urgente es la política del cambio climático. Y no tenemos tiempo. Porque, si no hemos sido capaces de acabar con el capitalismo en los últimos 250 años, ¿vamos a ser capaces de acabar con él en los próximos cinco? Eso nos plantea una política mucho más urgente, que además coincide con las organizaciones de masas, que se han ido al carajo. 

P. ¿En qué sentido?

R. La lógica de organización de masas que teníamos en los años 40. Como decía Toni Domènech, tú podías pelarte en la peluquería del Partido Socialista alemán, podías comer en la cafetería del Partido Socialista alemán, casarte en la sede del Partido Socialista alemán y morirte y enterrarte con el Partido Socialista alemán. Eso se ha acabado. Esa lógica no existe. Entonces, tenemos una debilidad estructural y una debilidad de horizonte político. 

En el 15-M, la izquierda tenía menos contradicciones y era mucho más transversal

P. Ah vale.

R. Y luego estoy leyendo otro, el texto de político del Movimiento Socialista, No sé si conoces la organización, la CJS y el MS. Son movimientos socialistas muy interesantes a nivel de de organización, pero con carencias de horizonte político. Ahí está el debate entre: ¿Qué hacemos? ¿Atendemos a lo urgente o construimos despacio? Y, en ese debate, dentro de la izquierda española creo que erróneamente hay demasiada gente pensando en un pragmatismo de corto plazo. Es mi opinión. Pero la disyuntiva no es sencilla porque tenemos un cambio climático acuciante que nos da cinco décadas, a lo sumo, para descarbonizar la economía, y eso nos interpela a estar dentro de un gobierno para poder descarbonizar la economía.

Pero es que, al mismo tiempo, tenemos una desigualdad estructural que puede llevarnos a un límite de crack social. No tanto la pobreza extrema, sino que hay mucha desigualdad y eso fractura las sociedades. Que se lo pregunten a cualquier país de América Latina o que se lo pregunten a Estados Unidos, que es una sociedad que está en completa fractura. Pues hoy, aquí, estamos asomándonos a ese precipicio. Porque en Andalucía hay tres millones de personas en riesgo de exclusión social. Hay tres millones de andaluces que están a un tropiezo de que se les vaya la vida al carajo. Estamos en esa urgencia. Así que: ¿Cómo te paras a decir: “Espérate hay que construir retaguardia”? Porque el problema es que estar en el Gobierno nos ha hecho conseguir avances, pero nos ha dejado sin retaguardia. Pues ahí, en esa disyuntiva, yo creo que no es tanto dónde ponemos el foco, sino decir quién hace qué. Porque aquí todo el mundo quiere estar en primera línea para poner la cara y poca gente está pensando en construir retaguardia. No creo que sea una disyuntiva insalvable. Y yo he elegido construir retaguardia.

P. Basándote además en tu experiencia de que estando en primera línea no has conseguido tanto.

R. Bueno, pero consigues alguna cosa. Parar algunos desahucios no es poco. Es una posición híbrida la que he tenido. Pero es verdad que lo que te decía antes, de que con un acta de diputado es más fácil. Levantas el teléfono como diputado y dices: “Oye o me ayudas con esto o te la lío”. Una de nuestras últimas iniciativas consistió en parar 11 desahucios en Sevilla, un bloque entero. Y fue porque fuimos, lo denunciamos a la Consejería, que se enteró a través de nosotros, y los tuvimos que poner contra las cuerdas. Nos reunimos con ellos, estuvimo horas reunidos con ellos, peleándonos, y diciéndoles: “O esto se soluciona o tal”. Pero sí que es verdad que eso está como en el límite de retaguardia-vanguardia, porque la vanguardia sería prohibir los desahucios por ley sin alternativa habitacional.

P. Oye, te he preguntado por cómo viviste tu salto a la política, pero no tanto cómo lo vivió tu entorno.

R. Pues de manera más natural de lo que cabe. 

Entrevista N&B a José Manuel Gómez Jurado, exparlamentario andaluz

P. ¿Alguien te dijo “pero si lo estabas deseando”?

R. Sí, hombre, claro. Mis colegas me lo decían, que era mi horizonte natural. Además, cuando he dicho que lo dejaba, ha habido muchos que me han dicho: “Estás loco, tienes que seguir, tienes que estar ahí tú”. Pero ha sido muy natural. Primero me costaba más, pero luego ha sido más fácil. Una persona me dijo una vez: “Tío tengo un montón de envidia de cómo compaginas tu vida personal con la política”. Porque yo pongo mis límites. Yo, cuando llegan las ocho de la tarde, se acabó. Y desde una lógica que es muy política, que es que tengo familia. En mi casa tiene que haber cuidados. Yo soy padre, tengo a mi pareja, tengo a mi familia que muchas veces me necesitan. Mi hermana acaba de ser madre también y necesita que yo vaya a comprarle cosas, que la ayude, que haga de tito. Tengo una ahijada que es la hija de mi prima, que es como mi otra hermana, y yo tengo que cuidar de mi ahijada. Eso es político también. A mí me cabrean los machitos de “yo soy muy feminista, pero que me cuide todo el mundo las espaldas y que cuando yo llegue a la casa esté todo hecho”. No, quillo, yo me levanto el sábado y yo tengo que limpiar mi casa como cualquier hijo de vecino. Y, por la noche, si mi mujer se ha encargado de mi hija por la tarde, a partir de las ocho, yo tengo que ducharla y dormirla. Eso es eso lo tiene que hacer papi. Y si no, no tengas familia. 

P. La vida familiar sana parece incompatible con la política.

R. Yo te juro que no entiendo cómo mucha gente es capaz de estar las 24 horas con un micro delante, con una cámara delante, pegado al móvil. Yo pienso: ¿cómo cuidan? Yo no, yo a las ocho de la tarde se acabó. Y, si llega el fin de semana y he quedado ese fin de semana con mi familia y mis amigos, yo estoy con mi familia y mis amigos. Porque tú necesitas rodearte de gente normal, de gente que no esté metida en la burbuja, de gente que no esté permanentemente hablando de lo mismo. Necesitas gente que te cuente cosas normales. Por ejemplo tengo un colega que es soldador aquí en una empresa de Córdoba, y que me ha dado claves para entender por dónde van los empresarios del sector del metal. Y esas claves tú no las entiendes si tú estás hablando todo el rato con la misma gente. Entonces, he intentado, en la medida de lo posible lógicamente, mantener esa distancia. La política sacrifica, y me jode mucho porque no he cuidado a todas mis amistades como me hubiese gustado, pero puedo decir que he terminado los cuatro años y he cuidado de mi gente. 

Es verdad que muchos de ellos flipan cuando, pues yo qué sé, hay un vídeo mío que tenía casi 5 millones de reproducciones o cuando me sacaron en un telediario en Chile. Pero también te dicen: “En el fondo eres el mismo payaso de siempre. Para nosotros eres El Mani”. Porque yo para ellos soy El Mani. Es mi apodo y no voy a ser otra cosa. Estés aquí, estés allí, estés en Madrid, estés en la televisión… Y eso te reconforta mucho, te alivia mucho por dentro, porque te resta expectativas de cara a la gente que te quiere. Nadie espera de ti que seas cosas que no quieres ser. Y también te pone mucho los pies en el suelo. Es como: Aquí te sientas y aquí eres El Mani, no nos cuentes tus batallitas. Háblame de cómo estás tú, de cómo está tu niña… 

P. ¿Tu verdadero éxito ha sido meter a El Mani en el Parlamento?

R. En la medida de lo posible lo he intentado, sí. A ver, yo siempre he sido un cani de chico. O sea, yo era un malísimo estudiante, yo repetí, fui a diversificación, me costó un montón reenganchar bachillerato… Yo era el típico cani que no estudiaba, que se iba al instituto a pasárselo bien con sus colegas, y ya está. Ese era yo de chico, aunque siempre con ideas muy claras de la justicia social. De por qué en mi casa hay cartas de desahucio encima de la cocina, de por qué llama el del banco a mi madre todos los meses y, cuando cuelga, mi madre se pone a llorar. Son pequeños posos que iban quedando. Entonces, cuando yo llegué al Parlamento, primero intenté ir de universitario listo por mi complejo de quedar como que soy más listo que ellos y demostrar que también merecía estar allí. Cuando fui capaz de entender que eso era un error, que mi papel tenía que ser otro y que yo tenía que ser yo mismo, fue cuando le cogí el tono. Y ahí intenté meter a El Mani en el Parlamento. Entendí que tenía que hablar como yo hablo, que no estaba dando clase porque esa gente ni está aprendiendo ni le interesa lo más mínimo aprender. Descubrí que solamente eres capaz de captar la atención si te comportas como tú eres. Y ahí fue cuando despegamos realmente, cuando subíamos vídeos y los viralizábamos.

Ser de pueblo es tener conciencia de que las cosas se pueden hacer más despacio

P. De hecho a mí sí que me ha dado la impresión de que, de las pocas cosas que has podido disfrutar en el Parlamento, ha sido de cantarle las 40 a quienes estaban en frente. 

R. Sí, en el sentido ese de poner las tripas encima del atril y hablar de manera real. Yo no voy a ganar nada teniendo un debate. Eso me costó aprenderlo. La cosa funcionó en el momento que le eché tripas y le dije: “Vale esta gente no ha tenido la situación que yo he tenido”. Porque yo en mi casa he tenido que abrir mi hucha del cumpleaños para que pudiéramos ir a hacer la compra porque no había para comer. Y nos hemos tenido que ir a comer una semana entera a casa de mi abuela. ¿Si no has vivido eso tú, cómo puedes arrogarte decir “nosotros representamos a la clase trabajadora”? Y tenemos familia ludópata y gente con problemas de verdad. Y mi madre limpiaba escaleras para una ricachona que la trataba como el culo y venía a mi casa llorando. Si tú entiendes eso y tú has vivido eso, tú no tienes que disimular ahí arriba, tú tienes que trasladarle a la gente que eso es injusto. Cuando logras hacer eso, encuentras el tono, y eso sí es algo de lo que me siento orgulloso especialmente del último año.

P. ¿Quién ha sido el adversario más amable en tu despedida?

R.: Realmente, bueno no sé si considerarlo tanto adversario -para mí no lo es, para mí es un compañero-, pero José Ignacio de Adelante Andalucía me escribió un mensaje bastante bonito. Y luego, de adversario de verdad del PP, pues hombre, ha habido alguno que venía y te agradecía los debates. Te decían: “Es un gusto debatir contigo, porque te preparas los temas”. Y se han despedido de manera amable.

P. ¿Has tenido relación o trato con Moreno?

R. Poco. Pero porque él no aparece por el Parlamento, prácticamente. Él está muy poco. Nada, de saludarnos cordialmente y ya está. Pero yo debo decirlo, tengo que ser sincero: yo tampoco me he preocupado demasiado por tener demasiada relación con la gente del PP y con la gente de Vox. Yo he sido amable con todo el mundo. Pero no puedo olvidar -y creo que eso es importante- que el voto de cada uno de ellos provoca sufrimiento social. Y a mí me costaba mucho eliminar esa barrera y llevarme de compadreo. Me he llevado bien con ellos he sido amable, si hemos coincidido en la cafetería hemos tomado un café, pero no he tenido trato.

P. De la misma manera, me imagino, que si coincides en un instituto con algún votante de Vox.

R. Por ejemplo. Igual. Tú estás en un centro de trabajo y lógicamente eres amable con la gente que tienes alrededor. Yo te trato con todo el respeto del mundo. No vamos a ser compadres porque tu voto y la defensa de tus argumentos y tu posición política genera un dolor social en mi gente, la gente de mi barrio, mi familia, etcétera. No, yo el café me lo tomo con mis colegas y tú con los tuyos.

Entrevista N&B a José Manuel Gómez Jurado, exparlamentario andaluz

P. ¿Cuál ha sido el comentario más condescendiente que te han dicho? No hace falta que me digas quién.

R. (Se para a pensarlo) “No se corresponde tu discurso con la pinta que llevas”. Eso me lo dijo una del PP de Málaga.

P. ¿Y qué le dijiste? ¿El tuyo se alinea perfectamente? 

R. (Se ríe) Le solté algo así. Algo como: “Yo llevo la pinta de la gente a la que represento y tú también”. Pero me dolió. Fue a mitad de la legislatura más o menos. Sí.

P. ¿Se te quedó?

R. Sí, luego conseguí darle la vuelta y tratarlo con orgullo, y fui más extravagante todavía en mi forma de vestir. Pero sí, no pude evitar que me molestase, la verdad.

P. ¿Eres coqueto tú?

R. A mí me gusta la moda. Y a ti también (Se ríe). Pero, además, puedo presumir de que el 90% de mi armario es de segunda mano. Tengo acciones metidas en la tienda de Mosaico y en la otra que hay en Claudio Marcelo (dos de las tiendas de segunda mano que hay en Córdoba).

El problema del identitarismo nacional es que siempre gana el que tiene el altavoz más grande

P. ¿Ves tus discursos?

R. No, no puedo. Soy incapaz. De hecho, no puedo soportar que escuchen mis discursos si estoy al lado. Me tengo que ir. Yo por ejemplo estoy con Artacho (el asesor de comunicación en el Parlamento) que está editando el vídeo, y le digo: “¡Quillo bájale el volumen o ponte los cascos!”. Eso es verdad que le dificulta a él también la edición, porque a veces necesita que le diga qué parte prefiero y le digo que no lo sé. Porque, además, yo improviso mucho los discursos. Casi el 90% de las cosas que hemos viralizado ha sido improvisado, pensado poco antes de subirme. No escribo los discursos, lo cual es un problema por ejemplo a la hora de pasarle el argumentario a la gente que viene detrás. 

P. ¿Te ayuda a ti personalmente el no escucharte? 

R. A mí me da frescura, creo. Sí, me ayuda eso y, sobre todo, me ayuda también como una cura de humildad. Porque, cuando me escucho, digo: “Vaya cagada, ¿por qué he dicho eso?”.

P. Es verdad lo que has dicho de que ha sido en los dos últimos años tu momento más peak en cuanto a popularidad. Pero eso ha coincidido con que tu partido te ha condenado al ostracismo. ¿Cómo lo has vivido?

R. Hombre, es duro la verdad. No te voy a decir otra cosa. Porque, al final, yo lo que he hecho ha sido defender una postura política. Yo he defendido una posición política que era la posición política de la unidad en Andalucía, que ha sido básicamente lo que ha acabado produciéndose a última hora y de mala manera. Y eso ya está generando ruido. 

P. Si quieres, ahora hablamos del ruido de ahora. Cuéntame lo de hace un año. 

R. Vale, sí. A ver: si tú quieres construir de verdad un proyecto unitario que amplíe y que crezca, tú lo construyes un año antes. Porque eso te permite posicionar a tus candidatos provinciales, tener un candidato o candidata que ya se esté dando vueltas por Andalucía, te permite afianzar la marca, te permite crecer básicamente. Nosotros, en abril del año pasado, teníamos un preacuerdo entre las dos direcciones. Yo no participé en la negociación, pero quien participó consiguió un preacuerdo. Nosotros llevamos ese preacuerdo y a nivel estatal lo empezaron a dilatar. Y, en una conversación que tuve con una persona de la dirección estatal que tampoco viene al caso... 

Entrevista N&B a José Manuel Gómez Jurado, exparlamentario andaluz

P. Sí viene, pero entiendo que no lo digas. 

R. Claro, exactamente. A una persona muy importante de la dirección estatal con la que yo tuve una conversación normal, de tono de militante, de cargo orgánico a cargo orgánico, yo le explicaba que aquí todo el mundo daba por hecho que Moreno Bonilla iba a adelantar a febrero las elecciones. Yo le decía: Es que puede haber un adelanto técnico, necesitamos llegar fuertes a ese momento, estamos ahora mismo en un punto de negociación que tenemos fuerza, que podemos exigir determinadas cuestiones -porque es verdad que habíamos ganado peso político dentro del Parlamento, teníamos dos portavoces dentro del grupo parlamentario y que han terminado la legislatura-, teníamos una capacidad política de marcar línea dentro del grupo enorme… Es decir, hace un año había hueco para jugar y para que Podemos hubiese ocupado espacio, no de manera egoísta sino como una forma de hacer política distinta a la de Izquierda Unida. Teníamos campo político, ¿no? 

Bueno, a mí esa persona no fue capaz de darme una explicación de por qué no íbamos a firmar una coalición. Fue: “No porque tal, porque la negociación estatal…”. Y yo decía: Que nosotros apoyamos la negociación, que trabajamos para el partido, que vamos a facilitar también una negociación estatal, pero que no podemos esperar para que pase lo mismo que pasó la última vez. Cerrar el acuerdo cinco días antes es un error y, si vais a hacer eso, decírnoslo a quienes estamos aquí que no perdamos más el tiempo y nos vayamos a nuestra casa. Porque cerrar otro acuerdo cinco días antes va a suponer que, en lugar de tener un crecimiento de diez diputados que era lo que nos daban las encuestas en ese momento, pues nos quedemos como estamos, en el mejor de los casos. Y esa persona, lo que hizo acto seguido, fue dejar de hablarme y dejar de contestarme los mensajes. Y fue una conversación en persona ¿eh?

P. ¿Y eso cómo lo has llevado?

R. Pues mal. Lógicamente de manera dolorosa. Porque insisto: Era una línea estrictamente política. Yo le dije en ese momento: “Yo no tengo ningún interés, yo no quiero presentarme a la siguiente”. Bueno, a mí me han llamado muerto de hambre por defender un acuerdo de unidad. A mí y a todos los compañeros que defendíamos el acuerdo de unidad en Andalucía. Muertos de hambre.

P. ¿Cómo es posible que un partido que estaba tan tocado hace tres años y que sigue tocado hoy consiga dilapidar una dirección que cuente contigo, con Raquel Martínez y con Diego Cañamero en Andalucía? No sé si tú tienes la explicación sobre cómo se puede destrozar eso desde Madrid. 

R. Yo no la tengo. A día de hoy, no he sido capaz de encontrarla. De verdad te lo digo, no es por evadir la pregunta. Es que no he sido capaz de encontrarla. 

P. ¿Podemos existe en Andalucía?

R. Hombre, Podemos existe en Andalucía, todavía. 

Tengo la esperanza de que en las siguientes elecciones haya una papeleta de ‘Por Andalucía-Adelante Andalucía’

P. ¿Más allá de que esté registrado como partido? ¿Es algo vivo?

R. Podemos empieza a tener dificultades en Andalucía. Pero Podemos, hace un año, tenía proyección en Andalucía. Y ahora no lo sé. Porque la propia dirección estatal ha entendido que no era necesario realzar a la dirección andaluza que gano las primarias y, además, ha tenido problemas con la otra parte, que ni siquiera se ha presentado a las primarias para ir al Parlamento. Claro, eso genera problemas, eso genera desafección, porque transmite la idea de que no se toman las decisiones desde Andalucía y con el interés de lo que pase en Andalucía. Eso claro que está y que ha generado problemas. Yo no sé si tiene proyección. Hombre sigue siendo mi partido y yo espero que sí. Pero claro es muy complicado.

P. ¿Te han tocado otros partidos?

R. Tocar no porque los partidos son respetuosos, pero sí que te dan cariño. Pero yo, a pesar de lo que muchos digan, no soy desleal.

P. ¿Quién crees que representa mejor al andaluz de izquierdas ahora mismo? ¿Izquierda Unida o Podemos?

R. Uf esa es difícil… (Se lo piensa unos segundos) Al andaluz de izquierdas lo representa Por Andalucía.

P. ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con Ione Belarra?

R. Hace un año.

Entrevista N&B a José Manuel Gómez Jurado, exparlamentario andaluz

P. ¿Y con Pablo Iglesias? 

R. Nunca. A ver, hablamos una vez, pero era en la campaña de las madrileñas que ganó Ayuso. Yo trabajaba en la campaña como militante y como formaba parte de la dirección de las juventudes, estuvimos allí durante una semana y coincidimos un par de veces.

P. ¿Estás decepcionado con la actitud de Pablo Iglesias? 

R. No. No es decepción porque cada militante supongo que intenta hacerlo lo mejor que puede, y actúa en base a lo que cree que es correcto. Y ya está. Supongo que Pablo está haciendo lo mismo. Otra cosa es que no estemos de acuerdo. Pero la palabra decepción implica que tienes una expectativa sobre alguien y yo las expectativas las tengo sobre los proyectos. Sobre las personas intento no tener expectativas porque siempre acabas decepcionado. Los cuadros militantes, cada uno intenta ocupar su sitio y hacer lo mejor que puede, y yo creo que Pablo, pues está haciendo lo suyo desde Canal Red. Y ya está. Decir que alguien te ha decepcionado tampoco aporta mucho. Eso sí, yo espero que se reconduzca el asunto y que seamos capaces de pensar en la unidad en otras claves, y que dejemos el cortoplacismo y los tacticismos a un lado. Sobre todo que Andalucía no vuelva a ser tierra de sacrificio, con eso me conformo, la verdad. 

P. Sacrificar Andalucía para ganar España es una estrategia que se piensa mucho en Madrid.  

R.

P. ¿Crees que es posible que la izquierda articulara una confluencia llamada Por España?

R. Estaría bien, la verdad. Sería tentador, aunque solo sea para molestar a los fachas. Pero es verdad que es muy complicado, porque la izquierda tiene dificultades con la palabra España y con la bandera.

He sido amable con diputados del PP y Vox, pero sin olvidar que sus votos provocan el sufrimiento de mi gente

P. ¿Te gusta cómo lo ha planteado Rufián de ser, por lo menos más listos, y que en cada circunscripción vaya el único partido que tenga posibilidades?

R. Hombre, yo mismo lo planteaba el otro día aquí también con Adelante Andalucía. Es verdad que Rufián despista un poco. No sabe uno exactamente qué es lo que está proponiendo, porque no se sabe si él sería candidato de ERC y, a la vez, de todo el espacio de izquierdas. Pero es verdad que lo de aglutinar voto para circunscripciones complicadas es lo más inteligente. Es decir, yo tengo la esperanza de que en las siguientes elecciones haya una papeleta que sea Por Andalucía-Adelante Andalucía. Y que en Jaén seamos capaces de sacar diputados y en Almería seamos capaces de sacar diputados, básicamente por una cuestión de de aritmética, de pura matemática, sin que eso entre en contradicción con los proyectos. 

Yo entiendo que Adelante Andalucía, por ejemplo va a lo suyo, y está construyendo su proyecto. Es legítimo. Creo que Por Andalucía tiene otra aspiración más federal, una mirada de ida y vuelta. Nosotros pertenecemos a un país que queremos hacer federal o confederal. A mí lo que me importa es la clase trabajadora, la de la de Getafe, la de Esplugues de Llobregat y la de Sevilla. No soy andalucista así, en general, porque no me importa más la casa de Alba que la clase obrera de de Girona. No, al contrario. En Andalucía, quien explota no es la gente de Madrid, quien explota es el empresario de turno. Además, Blas Infante hablaba de eso. La mirada autorreferencial de Andalucía, hay que tenerla, y hay que hablar de los problemas de Andalucía y centrarse en los problemas de Andalucía, pero siempre con una mirada de ida y vuelta a lo federal. Esa es la diferencia. Cada uno tiene su proyecto y eso está bien. No creo que entren en contradicción ni que pesquen ni siquiera en el mismo río. Pero sí que creo que, uniendo esa papeleta -pues eso básicamente que defendía Rufián- ganaríamos todos, claro.

P. ¿Tú crees que el andalucismo cultural va a dar votos? Te lo digo porque ahora, por lo visto, el emblema del andalucismo es Juanma Moreno.

R. Sí claro. A ver ese es el riesgo siempre. Eso lo hablaba con José Ignacio y lo hablé en su momento con Teresa. El problema del identitarismo nacional de cualquier signo es que siempre gana el que tiene el altavoz más grande. Tú puedes decir: “No, el andalucista soy yo de verdad”. Pero ha llegado el 28-F y ese señor se ha envuelto en una bandera de Andalucía. En Galicia, Feijóo era uno de los más galleguistas que había y no ha vuelto a hablar gallego desde que puso un pie en Madrid. El que tiene el altavoz más grande es el que define el tablero de juego. Eso cualquier marxista lo sabe. Uno se enfrenta al presente con el contexto histórico que le toca y con las herramientas y el tablero político definido. Vivimos una etapa política que es de demanda de la ciudadanía no de oferta. Tú no te puedes inventar una oferta y que la gente la compre. Además, el identitarismo cultural andalucista no ha dado muchos votos históricamente. Lo sabía Blas Infante, lo supo el Partido Andalucista y no sabemos si lo va a saber Adelante Andalucía.

P.  Lo debe saber hasta Antonio Manuel.

R. Efectivamente, Antonio Manuel es uno de los mayores exponentes, a quien yo respeto y aprecio muchísimo. El andalucismo, históricamente, ha dado un diputado o dos diputados. Ahora, eso puede cambiar en cualquier momento. Pero claro, si uno lo mira con perspectiva histórica, lo cierto es que no ha calado nunca. Es decir, el trienio bolchevique en Córdoba no hablaba de andalucismo, las luchas campesinas no hablaban de andalucismo. Pero, quizás, porque el sujeto Andalucía es mucho más complejo de lo que nosotros pensamos históricamente. Y esto sé que es súper polémico, pero esto lo definía un profesor mío de aquí que es Manuel Peña, que decía “Andalucía, tal y como la conocemos hoy en día, no existe culturalmente sin el PSOE y Canal Sur”.

Entrevista N&B a José Manuel Gómez Jurado, exparlamentario andaluz

P. Y ahora sin el PP y Canal Sur.

R. Efectivamente.

P. O sea quién ha cogido todo este movimiento cultural y lo ha convertido en un objeto de consumo con la campaña Andalusian Crush ha sido el PP. Una campaña hecha desde Madrid, por cierto. 

R. Esa es la cosa. Tú intentas proponer una cosa innovadora de andalucismo cultural de izquierdas y ¿cómo se traslada eso en clave de votos? Eso es un enigma. Porque ahora yo veo las encuestas con cautela. El último CIS es bastante tramposo porque no preguntaba por intención de voto, sino por simpatía, que no es lo mismo. Porque el Partido Andalucista era el que más simpatía despertaba de toda Andalucía y llegó a quedar por encima del PSOE en simpatía. Y luego, cuando se ponían las urnas, sacaba un diputado o dos. Pero bueno, el presente no lo sabemos. Como tampoco sé si el único cribaje que opera dentro de Adelante Andalucía es el andalucismo, porque yo creo que José Ignacio ha activado algunos más interesantes, como el de clase. Y creo que en Andalucía funciona mucho mejor que el de clave nacional, porque nadie tiene contradicción en Andalucía con lo español y lo andaluz. O, mejor dicho, muy poca gente tiene esa contradicción. 

P. De hecho, hay territorios como Almería y Jaén que son ajenos a ese sentimiento. 

R. Es verdad que el andalucismo que hay propuesto es un andalucismo muy de corte Sevilla-Cádiz. Vale que Granada se suma también, pero…

P. En Granada solo ganaría si se presenta Dellafuente.

R. (Se ríe) Si Dellafuente saca la estrella de ocho puntas, perfecto. Pero, si no, es Sevilla-Cádiz. Y con esa identidad construida de Sevilla-Cádiz pues habrá gente en Córdoba que interpele y habrá mucha gente que no. Entonces vaticinar lo que pueda pasar con eso es muy complicado, pero históricamente sí podemos decir que no ha funcionado.

Me han llamado muerto de hambre por defender un acuerdo de unidad en Andalucía

P. ¿Tú te sientes de pueblo?

R. Yo sí.

P. ¿Y qué es ser de pueblo?

R. Soy de pueblo, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Yo siempre lo he dicho: “Yo no soy de Córdoba, yo soy de Puente Genil”. Además, soy pontanés y, ahora que he estado mucho tiempo fuera, cada vez me siento más de mi pueblo, no como algo chovinista, pues mi pueblo no tiene grandes paisajes ni tiene salida al mar. A mí me enamora la cotidianidad de mi pueblo, lo mundano, lo normal. Y ser de pueblo te da una cosa que es una concepción de la vida más lenta. De una vida diferente que en la ciudad. Igual es verdad que Córdoba tiene una peculiaridad como ciudad que es eso que Anguita explicaba muy bien de que puedes vivir de espaldas al Casco Urbano casi todo el año. O sea, yo he escuchado en La Viñuela decir: “Voy a Córdoba hoy a ver las luces de Navidad”. Y estamos a 17 minutos del Ayuntamiento andado. Pero aun así, Córdoba tiene esa cosa de ciudad.

Para mí, ser de pueblo es tener conciencia de que las cosas se pueden hacer más despacio y también que el ser humano puede ser capaz de lo mejor y de lo peor en espacios muy pequeños. Porque tampoco me gusta idealizar la vida de pueblo. Hay mucha gente que lo pasa muy mal en los pueblos, especialmente la gente más diversa, los trans, los homosexuales… Pero, con todas esas cosas malas que pueda tener y todo lo bueno, yo siento un orgulloso tonto de ser de pueblo. Lo digo abiertamente: me ha construido como persona, me da una visión del mundo. 

Y esto lo añado muchas veces: la gente de Madrid nos mira con exotismo. Hay compañeros a los que tengo mucho aprecio, pero es que te miran como cierto exotismo. En plan: “Tú eres la cuota de chaval de pueblo”. Y lo que para ellos es una cuota, para mí es una plusvalía. Cuando tú solamente eres capaz de mirar la vida desde una capital, te falta visión periférica de todo. Te falta visión del campo, te falta visión de cómo funciona la sociedad, pues no sabes de primera mano cómo funciona todo lo que tiene que ver con lo que te llega a la mesa. Además, en mi pueblo tenemos el honor de ser el segundo pueblo de España al que llegó la luz eléctrica, tenemos a Fosforito y la carne de membrillo.

P. Para terminar, me gustaría saber qué le vas a contar a tu hija cuando crezca de esta etapa que has vivido.

R. Bueno, le diré que es importante entender que, cuando uno coge un puesto de responsabilidad, es simplemente el anterior al siguiente. Que en todo eres uno más y ya está. Y que somos parte de una cadena de engranaje e intentamos construir un mundo mejor sin olvidarnos de dónde venimos. Y, sobre todo, que intenté no perder la ilusión por las cosas y las ganas de pelear. Porque yo había perdido esa chispa, así que le diré que siempre hay que buscar tus referencias. Fíjate, en cosas tan sencillas como ver el mitin de Julio Anguita en Badajoz del año 99 o un documental de Miguel Hernández. Irte a esas referencias para recuperar el impulso de lo que te lleva a estar ahí.

P. Ha tardado un rato en salir Anguita en esta conversación, ¿eh?

R. Sí, Pero ha salido. 

Entrevista N&B a José Manuel Gómez Jurado, exparlamentario andaluz

P. ¿Cuánto miedo tienes desde que ha llegado tu hija?

R. Todo. Ha sido lo que más vulnerable me ha hecho sentir. Antes me daba igual, pero ahora me da un miedo terrible que pase cualquier cosa, que cualquier colgado de estos de las redes me diga algo yendo con mi hija por la calle. Me da miedo exponerla a esa situación. De hecho, automáticamente, cuando tuve a mi hija, borré todas mis fotos con mi mujer de mi página de Instagram. Eso te resta políticamente porque la imagen esa de naturalidad la pierdes, pero prefiero perder esa imagen y perder unos cuantos de likes a exponerla lo más mínimo. Cuando nace una criatura, te das cuenta de lo vulnerable que eres a través de otra persona. Yo nunca he tenido miedo a encararme con un nazi, pero desde que la tengo a ella es diferente.

P. ¿Y cómo de poderoso te sientes al mismo tiempo?

R. No me hace falta más nada. Todo lo demás me sobra. Cuando digo todo, es todo. No necesito nada más.

P. ¿Le dejaremos un buen mundo a esa niña?

R. Es una obligación moral. Ella también ha hecho que me tome la política más en serio y que entienda una cosa que comprendí también a través de la última película de DiCaprio. No puedes vivir ajeno a la política porque te acaba buscando y te acaba encontrando. Y te puede encontrar a veces en condiciones complejas: te puede pillar borracho, te puede pillar como en la película, totalmente perdido… No puedes huir del compromiso militante. Porque es una obligación moral para nuestros hijos, para los que no son nuestros hijos, para mi madre que cada vez está más mayor y que va a necesitar una pensión y que va a necesitar gente que nos ayude a cuidarla. Para todo el mundo, pero especialmente para tu hija y la mía, hay que seguir trabajando en construir un mundo mejor. No puedo caer en el pesimismo de que el mundo va a ser peor y no podemos hacer nada para cambiarlo. 

Hay demasiada gente en la izquierda pensando en un pragmatismo de corto plazo

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