Una camarera de nacionalidad extranjera, probablemente de algún país de Europa del Este, saca una bandeja de minihamburguesas sobre las que hay clavada una banderita de España, que cogen con ganas manos llenas de pulseritas de la bandera de España. La imagen forma parte del paisaje de la noche electoral de Vox en Córdoba, celebrada en un céntrico hotel, y en la que no han estado presentes ni la número 1, Paula Badanelli, ni el número 2 de su candidatura, Juan José Coca.
La ausencia de la que, desde este domingo, será parlamentaria andaluza por Córdoba, estaba comunicada desde el sábado. Vox había dejado claro que no habría declaraciones en Córdoba, a pesar de que las encuestas invitaban a la formación a soñar no solo con aumentar votos (algo que han logrado), sino a arrebatar un escaño, el segundo, al PP, lo cual ha sido imposible.
Con más de 53.000 votos en la provincia (5.500 más que en 2022), Vox se ha quedado muy lejos, a 7.550 votos, de lograr ese segundo escaño en Córdoba, algo que durante toda la campaña les ha parecido posible, ya que muchas encuestas lo vaticinaban. La mitad de sus apoyos ha estado en la capital, donde han sumado unos 3.000 nuevos votos.
A las once de la noche, en los corrillos del hotel, ya nadie hablaba del segundo diputado. Las pantallas de Canal Sur, encendidas junto a un cartel con el lema “España viva”, habían terminado por fijar el ambiente de celebración contenida. Corría la cerveza, no faltaba comida y el tono general oscilaba entre la duda y la alegría. “Esto no se mueve ya, pero dependen de nosotros”, comentaba el diputado nacional de Vox por Córdoba, el arabista José Ramírez del Río, mientras repasaba los resultados con otros afiliados. “Si sacamos dos en Córdoba pero el PP tiene mayoría absoluta nos comemos los mocos”, resumía después ante un periodista.
“Mañana convoca Sánchez, así que iros preparando”.
La idea se repetía una y otra vez entre militantes y cargos del partido: no han logrado todo lo que esperaban, pero siguen siendo imprescindibles. “La parte buena es que dependen de nosotros”, se escuchaba en varios grupos repartidos por el salón. Alexandra Oana, ciudadana rumana y asesora política de Vox en el Ayuntamiento de Córdoba, bromeaba con la posibilidad de que el presidente de la nación, Pedro Sánchez, iba a mover ficha: “Mañana convoca Sánchez, así que iros preparando”.
La ausencia de los cabezas de lista dejó una sensación extraña durante toda la noche. Mientras Badanelli y Coca seguían el escrutinio desde Sevilla junto a la dirección andaluza, en Córdoba los concejales y cuadros intermedios sostenían el ambiente. Los aplausos más sonoros llegaron a las 22.54, cuando apareció en televisión el portavoz andaluz Manuel Gavira bailando entre simpatizantes. Alguien pidió subir el volumen. “Ahí está Paula”, gritó otro militante al verla en pantalla, provocando otra ronda de aplausos.
La euforia, sin embargo, duraba poco. Cuando Gavira felicitó públicamente a Juan Manuel Moreno Bonilla, desde el fondo de la sala se escuchó un exabrupto contra el PP (“Que nos coman la p...”). Tampoco despertó demasiado entusiasmo el momento en el que en televisión se reivindicó la “prioridad nacional”, apenas acompañado por algunos tímidos cánticos. Eso sí, entre bromas, el concejal Rafael Saco comentaba mirando al grupo dirigente que aparecía en pantalla: “Con lo machistas que somos, no hay más que mujeres ahí”.
Pese a no alcanzar el resultado soñado, Vox logra consolidar su crecimiento en la provincia en una noche en la que tanto PP como PSOE retroceden en votos y escaños. “Si el PP ha perdido cinco escaños y nosotros hemos ganado uno, el PP ha perdido seis escaños; esa es la realidad”, defendía una militante. La frase resumía bien el ánimo de la noche: menos celebración de la esperada expansión y más reivindicación de su nueva posición estratégica.
No es la primera vez que las expectativas juegan en contra de Vox en Córdoba. Tras su irrupción en el Parlamento andaluz en 2018, en las elecciones de 2022 también confiaban en un crecimiento mayor del que finalmente obtuvieron. Esta vez, el nuevo diputado sabe a menos de lo esperado, pero llega en un contexto político distinto: con los dos grandes partidos debilitados y con Vox afianzado como tercera fuerza en la provincia y en Andalucía. En el hotel, mientras las bandejas seguían circulando y las televisiones repetían gráficos y pactómetros, la consigna seguía intacta: quizá no han ganado tanto como querían, pero el próximo gobierno autonómico vuelve a pasar por ellos. Como en 2018.
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