Rapsusklei: “Góngora se reiría en mi cara si le digo que soy un poeta”

Rapsusklei en Córdoba | MADERO CUBERO

Son más de dos décadas en la cúspide del rap nacional. Se dice pronto, pero detrás conviven años y años de esfuerzo, trabajo y viajes. También satisfacciones. Una vida entre rimas y escenarios. Diego Gil Fernández (Zaragoza, 1980), o como se le conoce en el panorama musical, Rapsusklei, llega a Córdoba para presentar su último trabajo, Origami. Una vuelta a sus orígenes. Una limpieza vital en forma de CD, y una defensa férrea por la cultura de su pasión. Pese a su larga trayectoria, el brillo aparece en sus ojos al subirse al escenario durante la prueba de sonido. Aún queda mucho de ese niño que amaba (y ama) el rap, pero ahora lo expresa en el cuerpo de un hombre.

El artista maño recibe a CORDÓPOLIS horas antes de su concierto en Góngora Gran Café. No deja de mirar a un lado y a otro. “Mola mucho este sitio, ¿eh?”, repite una y otra vez. Uno de esos poetas del siglo XXI que se han propuesto la tarea de enseñar el género a una juventud que lo infravalora, pero que inconscientemente lo admira. Eso sí, tiene muy en cuenta la figura a la que representa el local. “Góngora se reiría de nosotros si yo le digo que soy un poeta”. Palabra de Rapsusklei.

PREGUNTA. ¿Es Origami un culto a la resurrección individual?

REPUESTA. Bueno, Origami, como la palabra dice, es papiroflexia. Los raperos hablamos mucho de los versos, hacemos esculturas con el papel y viene un poco de ahí lo que es el concepto. Es un poco un resurgir del hip hip. Yo estoy volviendo a mis inicios. Entonces me interesa un poco recalcar eso, que la gente no se olvide de dónde viene el hip hop con el que nos hemos criado.

P. Papiroflexia con los sentimientos propios…

R. Sí, esculturas básicamente. Es un poco idílico, diría yo. También para buscarle un concepto, que no sea solo llamarlo Fuego, o yo que sé, llamarle de alguna manera al disco. Origami me parece fonéticamente bonito, y era el rollo de la papiroflexia con las esculturas de papel.

P. En Barcos de papel pones cierta debilidad interior al descubierto, cuando dices «un corazón cobarde en una coraza de hierro».

R. Exacto. Siempre lo he hecho. Nunca he escondido mis sentimientos a través de la música. Soy una persona que no tiene miedo a decir cuáles son sus sentimientos. No voy de duro en la vida.

P. El disco comienza con Génesis, y con una frase de El Señor de los anillos en la que en un momento se dice que el mundo ha cambiado. ¿Qué ha cambiado en Rapsusklei desde La historia más real de vuestras vidas?

R. Bueno, ha evolucionado. Tampoco he cambiado tanto, porque los sentimientos son los mismos. Igual ahora soy más consciente, porque antes hablaba de lo que quería ser y ahora puedo hablar de lo que más o menos soy. Es verdad que soy más consciente. Antes era un niño, que estaba diciendo que el mundo era una mierda y que tal, pero yo mismo no me cambiaba a mí mismo. No estaba haciendo algo por mí mismo.

Hoy en día, pues ya cambié muchas cosas. Dejé de fumar porros, no me drogo, no bebo, sabes. En verdad soy mucho más consciente. Antes era muy radical, pero en verdad no estaba haciendo algo por mí mismo.

P. ¿El rap también ha cambiado?

R. Completamente.

P. ¿A mejor o a peor?

R. Un poco de todo. Ha cambiado completamente en todos los sentidos. Antes casi no había internet, no había redes sociales. No había ni Myspace cuando saqué ese disco (La historia más real de vuestras vidas, 2002). No había nada. Comprabas el disco y ya. Ahora ha cambiado todo, igual que la vida. Eso es del 2002, aunque las canciones las escribí en el 99 o así. (Hace una pausa y suspira) Ha habido mucha evolución, y también involución.

P. Ha criticado es más de una ocasión a cierto extracto de los raperos. En una entrevista en Mondo Sonoro afirmó que con Origami ha “vuelto a los valores del hip hop porque se han desvirtuado”, o en A 3 estaciones del invierno comienza diciendo: “Yo no soy de esos raperitos que ahora están de moda” o “yo no soy otro MC de plástico”. ¿A qué parte del género se refiere?

R. A los no lo sienten. No es contra nadie en particular, pero va para los que lo hacen por moda. Si lo haces por moda, no estás respetando la cultura hip hop. La cultura hip hop es una pasión, que se basa en muchos puntos de vista del arte. Del baile, que es el break dance, de la música que es el rap, de la pintura, que sería el grafiti. Es una cultura que, los que empezamos haciendo esto, lo hacíamos por pasión, no por moda.

Yo ahora estoy en redes, porque no me queda otra, y ahí ves “me gusta por me gusta” o “si me sigues, te sigo”. Cosas así que yo digo, ¿qué mierda es esto? Esto no es rap. No es hacer rap por pasión.

P. ¿En qué situación se encuentra el rap actualmente?

R. Hay de todo como te digo. Hay gente que lo está manteniendo real todavía, y hay gente que no. ¿En qué? Pues lo que llega a los medios creo que es lo que menos representa a nuestra cultura, porque los medios siempre agarran la parte más polémica. La parte que más les interesa. Pero hay gente que lo está manteniendo real, claro.

P. ¿Es un gremio unido? Es raro encontrar un disco en el que no aparezcan colaboraciones de otros artistas, algo que es poco frecuente en otros estilos.

R. Pues… (risas) medio, medio. Por ejemplo, es verdad que los MCs, los cantantes de rap digamos, si se mezclan con otros cantantes. Pero ya no se mezclan tanto con los breakers, con los grafiteros, con los beatboxers. Antes estaba más unido en cuestión de que había una jam en un pueblo, e iban pintaban, bailaban, había MCs, había beatbox, los DJs. Todo más unido.

P. Precisamente esa es una de las cosas que quiere recuperar con sus directos…

R. Exactamente. En los directos llevo a DJ Tillo, que es un clásico del turntablism, y de los mejores que hay en España, por no decir el mejor. Y Pulmón que, aparte de hacerme los coros, es beatboxer. Sí, estamos recuperando esa esencia completamente.

P. Probablemente sea el rap el género que más se ha abierto. Por un lado, intrínsecamente ya no solo se usan bases, sino que se han introducido bandas, y hacia fuera con las colaboraciones con otros grupos de géneros distintos.

R. Mmm, sí. Esto en España es lo que más cuesta, pero en otro países desde Francia, Italia, o por no hablar de Estados Unidos. Allí es lo normal. Lo que pasa es que aquí siempre vamos un paso por detrás en todo. Parece que nos ha dado miedo siempre juntarnos con otra escena.

A mí, personalmente hace tiempo que me gusta. De hecho, en el primer disco salen instrumentos reales, se enfocan partes hacia el reggae, el raggamuffin… Yo en esos aspectos no he tenido miedo. Igual no lo he mezclado con pop, porque no me gusta la música pop. Pero por ejemplo un género que me gusta es la salsa, o también me gusta el flamenco de siempre, y no veo por qué no hacerlo. Si se hace bien, claro. Siempre que no sea un burdo intento. Una mezcla puede quedar o muy bien, o una cagada. Si lo haces con gusto, ¿por qué no?

P. Por la cultura del género, ¿tiene el rap la obligación de mandar un mensaje social?

R. No tiene la obligación, pero el rap que a mí me gusta es el que lo hace. Pero no tiene porqué tener la obligación. Tú puedes ser un callejero y hablar de lo que haces. Es que si tu vida es vender droga y eso, pues normal que hables de eso. No tenemos que decir “no, eso no es rap”. Igual a él le sale del alma, lo mismo que uno que habla de algo social. Creo que tienes que contar lo que estás viviendo.

P. Se ha acercado en ocasiones al rap político, como es el caso de We are the future, aunque su trayectoria se centra más en transmitir un mensaje social más personal.

R. Sí. Yo no soy muy político. Para empezar, la política no me gusta, y mucho menos los representantes de la política. Entonces, yo hablo más de rap combativo, que es con lo que he crecido. En mi época había gente que hablaba de una crítica social, pero no se metía tanto en la política, sino en lo social, o en combatir a todo esto, que claro, la política entra dentro de ello. Pero no en que si PP o PSOE, a mi me parecen igual. Me parece una mierda, y aparte tengo muy poco conocimiento en verdad de la política. Hay mucho más detrás, que solo decir “la política es una mierda”.

P. Hay artistas como ToteKing que a la hora de escribir afirman sentirse más a gusto en la rabia, ¿en su caso sería en la melancolía?

R. Sí, completamente. En la tristeza escribo mejor.

P. ¿Son malos tiempos para la libertad musical? Me viene a la mente el caso de César Strawberry.

R. Eso parece (risas). Son malos tiempos, no para escribirlo, pero sí para sacarlo.  Cada vez te prohíben más. Están metiendo a raperos en la cárcel por decir lo que dicen, y hoy mismo, el caso de la Infanta (la entrevista se hace el viernes), que ha salido libre. Y dices, hostia. Por algo que está demostrado que lo ha hecho, y luego hay presos que no está demostrado que hayan hecho nada y están presos. Es muy heavy, y cada día más. Y sí, hay censura claro.

P. ¿Y hay poesía en el rap?

R. Sí, yo creo que sí.

P. Andalucía ha sido un punto de referencia para la poesía a lo largo de la historia. Desde hace unos años, Aragón, y en concreto Zaragoza, es una referencia en el rap en España. Con ejemplos como usted mismo, Kase.O, Lírico o Xhelazz. ¿Puede considerarse el rap una forma de dar voz a un género tan infravalorado por la juventud hoy en día como la poesía, que a su vez es su público principal?

R. Puede que sí, o al menos la gente lo está viendo así. A mí me llaman de institutos, de colegios, salimos en libros de 1º de ESO como referentes de la poesía o de la filosofía contemporánea. Yo no te digo que yo sea un poeta. A mí me gustaría ser un poeta, pero si que interpretamos el hip hop como un género poético. La interpretación sí es muy poética. Pero claro, luego las rimas… llamarse poeta… Mira, estamos en la Sala Góngora. Él se reiría de nosotros si yo le digo que soy un poeta. Se reiría en mi cara. Pero sí que hacemos poesía callejera, o poesía adaptada del siglo en el que estamos.

P. Son más de 20 años dedicados al rap, ¿qué queda en Rapsusklei de Puto Sark?

R. La inocencia. Bueno la inocencia no sé, pero las ganas seguro tío. Yo me caigo y me vuelvo a levantar con las mismas ganas, la misma ilusión… y es decir, hostia. Siempre tengo esa ilusión, porque soy muy niño en el fondo. Entonces, eso queda. Luego las experiencias. Cuando yo empecé a ser el Puto Sark tenía trece años. Cuando saqué la primera maqueta tenía quince (risas). Evidentemente ha pasado mucho. Eso fue en el 95. Han cambiado muchas cosas, pero la esencia es la misma. Y el niño que quería ser cantante, pues sigue queriéndolo.

P. Ha colaborado con muchísimos artistas, ¿alguno que le gustaría pero que aún no ha tenido la oportunidad?

R. Me preguntan esto bastante. Quién sería… pues no lo sé. Supongo que gente nueva, que va saliendo y dices hostia, este tiene algo. De los antiguos, evidentemente DJ Premier sería alguien que lo tengo ahí, que me encantaría que me diese un ritmo y rapear sobre él. De los americanos sobre todo que es lo que más escucho. Francés también. Español escucho porque es lo que me toca, pero no soy fan fan del rap español. Y con los que eso ya he rapeado. No sé si me falta alguien, la verdad. O me llaman para sus discos o los llamo yo para los míos.

P. Como diría el poeta, ¿le queda aún camino por andar?

R. Sí, completamente. Acabamos de empezar. Esto acaba de empezar. Yo creo que sí.

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