Tras el incendio: “Todo está negro, completamente negro”

Una joven afectada en otro de los bloques muestra el efecto del humo en el interior de su casa | MADERO CUBERO

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FOTO Y VIDEO: MADERO CUBERO

Decenas de vecinos de la promoción Los Jardines de Trassierra comprueban el estado de sus casas tras el aparatoso fuego que arrasó un bazar asiático en los bajos del bloque

La mañana después del incendio de la promoción de Los Jardines de Trassierra, el olor a plástico quemado es intenso. El hollín y la ceniza que salieron del bazar asiático del bajo lo cubren casi todo en los pisos más cercanos a las llamas. Y lo tiñen de negro hasta el último rincón. “Todos estos muebles eran blancos. La estantería, la mesa, el sofá. Ahora mira”. Sandra Torquemada pasa un dedo por la superficie, pintando un rastro perfectamente inmaculado y blanco en ella. La yema le queda tiznada de carbón. Como lo está parte de su frente y de su cara. Y la de su pareja, Victor Manuel López, también sucio como un minero de solo recoger unos cuantos bultos de ropa de su casa.

La pareja ha tenido suerte. Al menos, ha podido entrar en su piso para comprobar su estado y coger lo importante antes de volver a la casa de los padres de él, donde llegaron anoche deprisa y corriendo tras salir con lo puesto por el peligro de un incendio que parecía descontrolado. “Sandra estaba hablando con su madre y yo empecé a oler a quemado. En ese momento, escuché gritar por la escalera, ¡fuego!, y cogí a Sandra, al perro y salimos corriendo”, recuerda Víctor. Un vecino suyo no tuvo tanta suerte y su animal falleció asfixiado.

“Cuando salimos por la escalera apenas si se podía ver del humo que había. Oíamos ruido y algunas explosiones”, cuenta Esther Burgos, otra vecina de un portal cercano. Ella también se ha ido a casa de un familiar mientras se airea su vivienda y decide qué arreglos necesita la casa. “Tiene grietas en las paredes y el suelo de la terraza se ha pujado, imagino que por toda el agua que echaron anoche los bomberos”, señala la joven. Estos desperfectos tienen que ser comprobados por los peritos de las aseguradoras que durante toda la mañana han estado de aquí para allá revisando y sacando fotos.

Pero los técnicos no han podido entrar en todas las casas. Los dos portales más afectados por las llamas siguen cerrados por el riesgo que representa para la seguridad de los vecinos. Uno de ellos es el de Emilio, quien anoche estaba trabajando cuando se enteró del siniestro. Su esposa, junto con otros vecinos, logró escapar por la azotea, saltando los muretes que separan las distintas fincas, hasta un espacio libre de humo. Ese oasis se encontraba vacío y por eso no fue pasto de las llamas. Pero hasta hace unos días, era parte del almacén del gran comercio asiático siniestrado. “Si llega a estar ocupado por los productos, todo esto habría sido mucho pero, el incendio hubiese quemado todos los bajos del bloque”, dice en voz alta otro vecino.

Emilio trata de reponerse del susto. Sigue sin creérselo del todo. No sabe todavía cómo está su casa pero tiene claro que no le importan tanto los muebles los electrodomésticos como los recuerdos más personales. “Ahí lo tengo todo. Las fotos de mis hijos, mis recuerdos. Eso no quiero perderlo”, termina.

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