Abre la histórica casa de Manolete como escaparate de Córdoba y de la gastronomía local

La Casa de Manolete | MADERO CUBERO

La Casa de Manolete ya es una realidad. Después de cinco meses de arduo trabajo de rehabilitación de este emblemático edificio, los impulsores del proyecto, el chef Juanjo Ruiz y la directora de la Casa de Manolete, Remedios Romero, han presentado este martes el resultado de lo que consideran “un proyecto de ciudad”. A partir del próximo jueves -fecha de apertura de La Casa de Manolete-, tanto cordobeses como turistas podrán disfrutar de este nuevo proyecto donde se ha mimado hasta la extenuación la esencia de la vivienda.

Esta iniciativa no será sólo gastronómica -con La Casa de Manolete Bistró, un restaurante clásico, y A flor de piel, un espacio gastronómico de alto nivel que incluirá una visita guiada a la casa,- sino también formativa, ya que en su interior se ha ubicado el Centro Superior de Artes y Ciencias Gastronómicas, una escuela privada de hostelería.

En rueda de prensa, Ruiz y Romero han destacado la importancia que este casa tiene para la historia de Córdoba ya que, además de haber sido vivienda de Manolete, también lo fue del filósofo Ortega y Gasset. De hecho, esta personalidad fue quien más tiempo estuvo viviendo en el número 10 de la avenida de Cervantes, pero Córdoba siempre ha asociado esta casa a Manolete. El homenaje que ambos cordobeses han querido dar a estas figuras está en uno de los salones del restaurante A flor de piel, que luce sendos cuadros monumentales elaborados por el pintor cordobés Fernando García Herrera.

Los dos restaurantes tienen una capacidad para unos 80 comensales y la escuela de hostelería atenderá las demandas de formación de 60 personas. Juanjo Ruiz ha señalado que “aunque el restaurante A flor de piel incluye una visita guiada al edificio, tanto este espacio como La Casa de Manolete Bistró tendrán unos precios que se sitúan en la media de los establecimientos del centro de Córdoba, por lo que disfrutar de esta experiencia será posible para un amplio abanico de clientes”.

Romero ha expresado que la restauración que se ha desarrollado ha sido sumamente respetuosa con todos los elementos. Romero ha agradecido a todas las personas que se han implicado en el proceso.  Tanto Ruiz como Romero han destacado durante la visita que “se ha conservado hasta el último chino cordobés”, aunque “es lógico que se haya tenido que ”reinterpretar la imagen de la casa debido a su deterioro y a la necesidad de enviar el mensaje que supone esta nueva etapa“.

Otra seña de identidad que tendrán los dos restaurantes de La Casa de Manolete es que su carta estará muy ceñida a los productos locales y de temporada para que los comensales degusten los verdaderos productos cordobeses. Para ello, además, este proyecto ha contado con la colaboración de la experta gastrónoma Almudena Villegas, que ha facilitado a esta pareja de emprendedores una receta de rabo de toro del siglo XIX. Si quieres reservar mesa deberás hacerlo para la próxima semana ya que, aún sin abrir al público, La Casa de Manolete ha colgado el cartel de completo.

Por otro lado, la decoración de la vivienda ha corrido a cargo de Raquel Bravo, que se enamoró del proyecto en el primer momento en que Romero le solicitó su participación. Aunque la directora comercial de La Casa de Manolete “tenía muy claros” todos los pormenores decorativos, Bravo ha ido marcando la batuta para que esta cuestión tan esencial también fuera en consonancia con la esencia de la casa. Por ello, tanto las ventanas como las puertas y las molduras son recreaciones y el tono sobrio inunda toda la vivienda.

Esa sobriedad llega a su máximo esplendor en el salón en el que están ubicados los dos cuadros de Manolete y Ortega Gasset, donde los tonos oscuros y las cortinas negras resaltan las majestuosidad de ambos lienzos. Los altos techos han permitido, además, que la vivienda luzca grandes lámparas procedentes de Oporto, de donde proceden también las sillas, forradas con piel de toro.

Una casa con mucha historia

La Casa de Manolete se construyó en 1890 a instancias del escritor y periodista José Ortega Munilla, padre de José Ortega y Gasset, uno de los filósofos más destacados de la historia de España. La familia Ortega pasaba temporadas en la ciudad debido al estado de salud de Dolores Gasset, esposa de  Ortega Munilla y madre de Ortega y Gasset. Por prescripción médica, la señora Gasset necesitaba pasar los inviernos en un clima seco y poco riguroso.

La obra de la casa, de estilo colonial con pinceladas modernistas y clásicas en su decoración, fue dirigida por el ingeniero Tejón y Marín y, desde que se levantara en la actual avenida de Cervantes, ha sido uno de los edificios más singulares de la ciudad. Tras dos décadas en propiedad de los Ortega, la casa pasó a ser de Rafael Cruz Conde, a quien se la compró Manolete en 1942, cuando su fama y su toreo estaban en todo su esplendor. Manuel Rodríguez Manolete, IV Califa del toreo cordobés y una de las figuras del toreo más emblemáticas de la historia, encargó una remodelación de la casa al arquitecto Carlos Sáenz de Santamaría.

De esa época data la esencia completa del edificio recién rehabilitado, que hoy está protegido en el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Córdoba. Tras pasar por propietarios como la constructora Marin Hilinger, la casa fue adquirida en 2017 por el empresario Antonio Carrillo, quien alcanzó en 2018  un acuerdo con Juanjo Ruiz y Remedios Romero para acometer el proyecto de restauración que ya es una realidad.

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