Las arcillas expansivas
Sobre este blog
Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.
El suelo arcilloso de la Bética es uno de los más fértiles de Europa (con permiso de las feraces tierras negras de Ucrania y Rusia). Sus singularidades son clave para que en un clima bastante agresivo los cultivos prosperen. Esas mismas arcillas, esa forma que tienen de retener la humedad, son también un peligro mortal. Cualquiera que haya vivido en la Campiña de Córdoba lo sabe. Y si es ingeniero, lo sufre.
En el corazón de la Bética, el suelo arcilloso es un auténtico quebradero de cabeza para los constructores, que se refieren al terreno como arcillas expansivas. El suelo funciona como una esponja tanto cuando llueve como cuando hay sequía. El terreno se hincha con el agua, se hace muy pesado y fangoso. Una masa que se traga a cualquier vehículo que se atreva con él. Hasta andar es imposible, en una especie de arenas movedizas. Cuando se seca, el terreno se contrae. El suelo se agrieta, en los olivares surgen cárcavas como si fueran cuevas neolíticas y los cimientos de cualquier infraestructura se mueven. Hay casas que incluso se caen.
Si circulan por la Autovía de Málaga verán el efecto de las arcillas expansivas de una carretera construida hace 20 años y en la que ya se usaron todas las técnicas conocidas para combatir este suelo tan inestable. La autovía es un carrusel de baches que Fomento tiene que ir reparando poco a poco. No hay una solución definitiva más allá de hacerlo todo de nuevo. Un bache se arregla hoy pero en tres años volverá. Ocurre con algunas casas construidas en el campo, que se agrietan y se caen. Y pasa también en la línea de alta velocidad.
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