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Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

Los autónomos

Un autónomo agobiado con la contabilidad.

Alfonso Alba

25 de octubre de 2025 20:04 h

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Los autónomos son (somos) el sector económico más heterogéneo del país. No hay ni un autónomo igual, por eso es muy difícil hablar del sector a niveles generales. Y por eso es imposible ordenar sus cotizaciones de una manera justa y necesaria.

Los autónomos son (somos) un sector económico delicado y sensible, en el que hubo y hay de todo. Desde grandes empresarios a trabajadores muy precarios que no tienen otra opción que darse de alta como autónomos para sobrevivir en algún empleo mal pagado. Lo vivimos y sufrimos en lo peor de la crisis: millones de trabajadores por cuenta ajena despedidos se daban de alta como autónomos y cogían el primer, segundo, tercer, cuarto y hasta quinto trabajo precario que se le ponía por delante para tratar de llevarse algún ingreso medio digno a final de mes.

Es cierto que los países más desarrollados económicamente son los que menos autónomos tienen. El trabajo es tan bueno que nadie necesita tener muchos empleos. O la precariedad es casi inexistente. Pero no es menos cierto que el tejido productivo de un país como España lo sostienen miles de autónomos, muchas veces incomprendidos especialmente desde la izquierda.

Un autónomo es también tu frutero, que no tiene trabajadores, pero que se autoexplota. O tu carnicero. Los autónomos son el grueso del comercio local, ese al que le pones cara y ojos, que te pregunta por tu familia o tu salud. Que cuida de tu pueblo o tu ciudad. Y autónomos son también pequeños empresarios. Muchos, obviamente no todos, cuando tienen trabajadores los cuidan como si fueran de su familia. Porque son las personas con la que más tiempo pasan y con la que generan unos vínculos que no se crean en las grandes corporaciones en las que un fondo de inversión te despide sin pestañear.

Los autónomos suelen ser gente preocupada, de los que hacen territorio y de los que cuidan de él. Viven de su tierra y de su gente, y harán todo lo posible por su progreso. Son, insisto, la enorme red de protección de las pequeñas empresas de España.

Y sí, es verdad que no cotizan como los trabajadores por cuenta ajena. Tampoco recibirán, una vez jubilados, sus prestaciones. Tampoco reciben, cuando tienen una baja por enfermedad, un trato digno. Sus días libres son los que no facturan. Sus vacaciones, las que no cobran. Un autónomo, por tanto, no se puede comparar a un trabajador por cuenta ajena.

Por eso creo que es un error que especialmente desde la izquierda se vea a los autónomos como un sector conservador, defraudador y poco solidario. Cuando en la mayoría de las ocasiones es todo lo contrario. Claro que hay defraudadores, chorizos, gente que trata mal a sus clientes y empleados, y que no son solidarios. Pero no son la norma.

Los autónomos, además, no son un colectivo que se una, que proteste, que se queje. No hacen huelgas ni paros. Alguna concentración muy minoritaria. Y quizás por eso les va tan mal. Porque no son, en ocasiones, ni trabajadores ni empresarios, según quien los mire. Y bastante incomprendidos.

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Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

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