La Breña II, al 80% de su capacidad una década después
El embalse de La Breña II, en el corazón de Sierra Morena, es tan enorme que para llenarlo hacen falta varios años de intensas lluvias. Ni el reciente tren de borrascas, que ha provocado grandes inundaciones en la cuenca del Guadalquivir y en todo el sur de la Península, ha sido suficiente para llenar el último gran pantano que se construyó en Andalucía hace dos décadas.
Pero poco a poco, el embalse cordobés va ganando nivel. Tanto, que durante el fin de semana ha superado el 80% de su capacidad total. En su interior hay ya más de 660 hectómetros cúbicos de agua. Por comparación, es casi cinco veces la capacidad total del Guadalmellato.
La Breña II llevaba más de una década sin ver este nivel de agua. De hecho, en los últimos años ha sufrido las consecuencias de la sequía, con un embalse prácticamente en mínimos que incluso dejó entrever los restos de la antigua presa, La Breña I.
Para entender la magnitud de esta recuperación, basta con observar la evolución histórica del pantano. Hace poco más de dos años, a finales de 2023, La Breña II agonizaba. Los registros de noviembre y diciembre de aquel año marcaban cifras dramáticas, rozando los 79 hectómetros cúbicos. El gigante de Almodóvar del Río había caído por debajo del 10% de su capacidad, marcando su mínimo histórico si excluimos los meses de 2008 en los que la presa recién inaugurada comenzaba su fase de llenado.
El cambio de ciclo comenzó a atisbarse en la primavera de 2024, cuando las lluvias consiguieron elevar el volumen por encima de los 200 hectómetros cúbicos. Sin embargo, ha sido este espectacular e inusual invierno de 2025-2026 el que ha devuelto al embalse su aspecto más majestuoso. Solo desde principios de enero de este año hasta la fecha actual (marzo de 2026), el pantano ha pasado de almacenar unos 344 hectómetros cúbicos a engullir agua hasta superar los 660 hectómetros cúbicos. Un salto meteórico que garantiza la tranquilidad hídrica para los próximos años especialmente para lo que fue diseñado: el regadío.
El gigante de Almodóvar
El comportamiento de La Breña II a lo largo de sus 18 años de historia demuestra por qué se construyó una infraestructura de tales dimensiones. Su estadística histórica dibuja una media de almacenamiento de unos 350 hectómetros cúbicos (en torno al 42% de su volumen), pero su verdadera función es servir de “pulmón” de reserva para los ciclos secos de la hiper-regulada cuenca del Guadalquivir.
La última vez que el embalse mostró una cara similar a la actual fue hace más de diez años. Tras las extraordinarias lluvias del invierno de 2010, el pantano encadenó un ciclo húmedo que lo llevó a su máximo esplendor. Fue a mediados de julio de 2013 cuando La Breña II alcanzó su tope absoluto: 825,83 hectómetros cúbicos, rozando el 100% de su capacidad técnica.
A partir de 2014, comenzó un prolongado vaciado estructural. Durante casi una década, la gráfica del pantano dibujó unos característicos “dientes de sierra” cada vez más hundidos: ligeras recuperaciones entre diciembre y mayo, seguidas de fuertes y verticales caídas entre junio y noviembre, coincidiendo con la evaporación estival y, sobre todo, con las vitales sueltas de agua para salvar las campañas de riego agrícola de la provincia y la región.
Hoy, la estampa de la antigua presa de La Breña I (que quedó sumergida tras la construcción de la nueva) vuelve a estar oculta bajo decenas de metros de agua. Los más de 660 hectómetros suponen un alivio sin precedentes para los regantes del Guadalquivir.
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