Javier García Chico: “Cuando tienes mucha confianza en ti mismo, la gente piensa que eres gilipollas y no es así”
En las alturas. La vida de un deportista, pese a todo lo que pueda parecer en su momento más álgido, tiene un principio y un final. Cuando, encima, eres el mejor de tu disciplina ya sea a nivel español como europeo o incluso mundial, todo el mundo te envidia. Eres el protagonista y más, en este caso, cuando tiene que ver con un podio olímpico. Pero después te conviertes en la nada absoluta. El olvido se convierte en rutina y el día a día cambia de la noche a la mañana.
Javier García Chico (Barcelona, 1966) es un exatleta español especializado en la prueba de salto con pértiga. Entre sus hitos más importantes de toda su carrera deportiva está el bronce olímpico conseguido en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Muchos lo recordarán por su pirueta tras conseguir saltar su último obstáculo en la final. La mayoría, además, lo habrá perdido de vista, pero lo que es cierto es que este deportista actualmente se encuentra entrenando a las categorías base del Club Atletismo Cordobés.
Una auténtica joya del deporte español que reside en Córdoba desde hace más de cinco años. Todos los días aparece por el Fontanar para entrenar, como él dice, a sus “chavales”. Viene antes de la hora de quedada. Le sorprende que seamos el único medio cordobés que le haya entrevistado. “De todas formas, yo no lo voy pregonando por ahí”, recalca. Lo único que es cierto es que su naturalidad y simpatía marcan el guion de una entrevista que repasa el pasado y analiza tanto el presente como el futuro.
PREGUNTA. Esta es una entrevista para los cordobeses, que a lo mejor no saben que un medallista olímpico está viviendo en su ciudad. Es curioso que no se te haya dado ese reconocimiento.
RESPUESTA. Hombre, la verdad es que el atletismo es un deporte minoritario, por mucho que a veces quieran hacerlo notar cuando son las Olimpiadas; todo el mundo habla del atletismo, pero cuando pasan las Olimpiadas se acabó el atletismo en España. O sea, esto va como va. Y hace muchos años que gané la medalla olímpica, también es verdad; la gané en el 92, imagínate, eso era el Paleolítico (risas). Los chavales de ahora es que no habían nacido ninguno, con lo cual tampoco hay mucha gente que lo sepa, porque yo tampoco lo voy pregonando por ahí. Pero bueno, hay gente del atletismo que sí sabe que estoy aquí y que estoy ayudando a un grupo de chavales.
Un año antes de la medalla olímpica me dijeron que no volvería a saltar nunca
P. Empezando un poquito por tu historia, ¿cómo empezaste en el atletismo? Porque, si no me equivoco, empezaste en el balonmano, o por lo menos querías ser jugador de balonmano, y al final te pasaste al atletismo.
R. Sí, bueno, yo empecé con el balonmano y con el atletismo, con las dos cosas simultáneamente. En balonmano me iba bastante mejor que en el atletismo, llegué a participar en la selección catalana juvenil de balonmano... y en Cataluña hay muy buenos jugadores de balonmano, o sea que no era fácil llegar. Y en el atletismo empecé, lo que pasa es que a mí los deportes de equipo... Yo soy muy individualista y me ponía de muy mala leche cuando perdíamos y yo jugaba bien, o viceversa; cuando jugaba bien el equipo y tú tenías un mal día... Claro, es que se me llevaban los muertos. Con lo cual, al final me decidí por un deporte individual, que quieras que no, si ganas te lo llevas tú y si pierdes también te lo llevas tú, y no tienes que criticar a nadie nunca.
P. ¿Y por qué el atletismo?
R. Porque en mi familia siempre ha habido tradición. Mi hermana ha sido atleta también, es mayor que yo, y es la que me inició, se puede decir, en el mundo del atletismo. Y mi familia también, siempre estaban metidos en el rollo del atletismo en un club de Barcelona. Y entonces yo empecé a ir más que nada por divertirme y jugar un rato, pero claro, ya empecé a engancharme, empecé a ganar cosas, y quieras que no, cuando ganas te engancha mucho más que cuando no ganas.
P. ¿Desde primera hora quisiste ser saltador de pértiga o probaste con otras disciplinas?
R. No, yo empecé saltando longitud, que se me daba bastante bien. Iba a los Campeonatos de España juveniles. Lo que pasa es que ya empezaba con la pértiga a destacar un poquillo, y en el primer Campeonato de España al que fui tenían que apuntarme en longitud, que era mi prueba, y en pértiga, que también tenía marca para ir, y se olvidaron de apuntarme en mi prueba, que era la longitud. Entonces solo hice la pértiga y dio la casualidad de que la gané. Con lo cual, cuando vi que la ganaba, ya me decanté por la pértiga; dejé la longitud y me decanté por la pértiga.
P. Un error te marcó la carrera.
R. Yo creo que habría acabado igual con la pértiga, porque ese año ya despunté mucho, o sea que... Y en longitud es jodido.
P. ¿Con qué edad empezaste a despuntar?
R. Con 15 años. 14 o 15.
P. Y ahí ya viste claro que ibas a ser profesional.
R. Sí, es que yo, por ejemplo, el primer año que cogí una pértiga sin entrenador y sin nada salté 3,50 metros, que es muy malo, aunque tú creas que es mucho, es muy malo. Pero ya al año siguiente salté 4,70 metros, que ya fui con la selección española absoluta siendo juvenil. O sea, iba a los campeonatos internacionales... Te quiero decir que ya en un año pasé de nada a casi todo. Entonces, claro, ya te das cuenta de que tienes opciones de poder llegar a algo.
P. Porque en esta disciplina en concreto, ¿es mucha técnica lo que destaca de un deportista a otro?
R. Sí, la técnica... Yo creo que lo más importante en la pértiga es que es un compendio de todas las demás disciplinas. Necesitas fuerza, velocidad, agilidad, coordinación... y una parte muy importante es ser valiente porque es peligroso. Hay mucha gente que tiene muchas condiciones, pero no llega a saltar mucho porque le da miedo. Es que hay gente que tiene miedo. Y ya no es problema de ser valiente o no, es que si te da mucho miedo una cosa te bloqueas. Entonces yo en la pértiga no tenía miedo. Igual tengo miedo a un escarabajo que pasa por aquí, pero en la pértiga no me daba miedo y eso ayuda mucho a mejorar.
P. ¿Y ahora le has cogido miedo o piensas “estaba loco”?
R. No, porque yo creo que la pértiga es como todo. Siempre puedes tener un error, pero si dominas la técnica y tienes dos dedos de frente, las posibilidades de hacerte daño de verdad son muy pocas. Pero claro, esto es igual que si vas en coche, te das un golpe con el coche y dices: “Ya no cojo más el coche”. Pues no, porque tú sabes que ha sido un fallo y ya está. Pues en la pértiga tiene que ser igual, saber que si tú haces las cosas como sabes, no pasa nada.
Que Bubka fallase en la final de Barcelona 92' no me dio ninguna pena
P. Pasaste de despuntar con 15 años a, con 25, conseguir la medalla olímpica en una década. ¿Cómo fue ese recorrido hasta llegar a tus segundos Juegos Olímpicos?
R. Hombre, el trayecto fue, la verdad es que fue hasta el 91 maravilloso, porque iba mejorando, iba ganando todos los Campeonatos de España, quedé quinto en el Campeonato de Europa Junior (sub 20), con lo cual ya iba encaminado a hacer grandes cosas. Luego en el 91 me rompí el brazo, una lesión muy grave, que decían que no iba a poder volver a saltar pértiga. Pero bueno, gracias a mi fisioterapeuta que tenía y a mi tozudez, se puede decir, conseguimos mejorarlo y no perder la forma, llegando en condiciones a las Olimpiadas.
P. ¿Cómo es posible que de un año que te digan que no vas a poder saltar a pértiga y al siguiente año estés en el podio de unos Juegos Olímpicos?
R. Es que yo soy muy cabezón. Yo dije que esa Olimpiada era la mía, que ahí tenía que sacar medalla, porque era la idónea por edad, por condición física, por mis condiciones mentales... Yo sabía que esa era la oportunidad mía y que la iba a tener. Porque estaba muy bien físicamente ya y sabía que si yo saltaba lo que podía, estaría peleando por las medallas. Nunca puedes decir que vas a ganar una medalla, pero sí peleando por ellas. Y es lo que ocurrió. Ten en cuenta que el quinto saltó 5,70 metros, o el sexto también. Quinto o sexto hasta ahí saltaron 5,70 metros. Y 5,75 metros fueron cuatro atletas. O sea, que fue la cosa bordada, se puede decir. Me salió la competición de mi vida.
P. Había un nivel muy grande esa final.
R. Sí. La verdad es que no eran las alturas de 6,20 metros que salta ahora Duplantis, pero con 5,80 metros había opciones de ganar medalla. Yo creía que iba a saltar 5,80 metros porque estaba capacitado para ello, pero se dieron unas condiciones de temperatura, clima muy malas; hacía viento en contra, mucha humedad, mucho calor. O sea, hacía un día de entrada malo para competir. También es cierto que yo entrenaba en Barcelona, con lo cual estaba más acostumbrado a la climatización. Pero todos saltamos un poquito menos de lo que podríamos haber saltado.
P. Desde el 91 hasta esa final también te entrenaste mentalmente después de esa lesión. ¿Cómo te sentó lo que te dijo el médico?
R. Hombre, me sentó fatal. Yo salí de la consulta del médico y mi fisio me dijo que me fuera de la sala porque yo a mí es que se me caían las lágrimas. Él le pegó una bronca al médico que te cagas, porque es lo que decía él y lo que a mí me dijo: “Yo no sé si vas a poder volver a saltar o no, pero desde luego vamos a intentar que saltes. O sea, no hay nada más importante que tú creer que puedes hacer algo”. Y le dimos la razón. Porque luego fui a ver al médico cuando tenía el brazo bien y le dije: “¡Qué, campeón! Mira”. Y el tío: “Hombre, es que...”. Digo: “Ni hombre ni no, cabrón”. Porque al final, a otra persona que no tuviera la mente bien arreglada lo hunden en la miseria. Y ya no solo por la pértiga, que es importante, y para mí era lo más importante en aquel momento, pero para la vida en general. Que te quedes el brazo mal porque te has rendido antes de empezar a luchar... malo.
P. La mente es muy importante.
R. Yo creo que lo es todo. Sin una buena mente... pero ya no en el deporte, en la vida en general. Tienes que pelear porque la vida es muy complicada, se ha de pelear mucho para conseguir cualquier cosa.
P. Y sobre todo en un deporte individual.
R. Hombre, claro, el deporte individual necesitas tener mucha confianza en ti mismo. Porque no puedes echarle la culpa al compañero. Porque claro, en balonmano o en fútbol: “Ah, es que ha fallado...”. No, no, aquí el que ha fallado eres tú. O sea, necesitas tener la mente y, sobre todo, mucha confianza en uno mismo.
P. ¿La has perdido alguna vez?
R. Yo nunca. Ni ahora. También es cierto que cuando tienes mucha confianza en ti mismo, mucha gente piensa que eres arrogante, que eres gilipollas, pero que no es problema de eso. Luego eres muy amigo de tus amigos. Tú tienes que pensar que eres el mejor y que tú vas a ganar. Que luego pierdes, te jodes, es lo que la vida es así. Pero no puedes llegar a una competición pensando que vas a quedar el quinto. Porque entonces quedarás el octavo. O sea, esto va así. Entonces yo iba a las competiciones con gente que era mejor que yo pensando que iba a ganar. Que no ganaba, pues los demás han sido mejores, ya está. Pero desde luego mi intención era ganarlos a todos, siempre. A veces pasaba y a veces no.
P. Es que esa mentalidad muchas veces es la que determina a un atleta de élite.
R. Los grandes tienen esa mentalidad. Cristiano Ronaldo tiene esa mentalidad, Messi tiene esa mentalidad. En balonmano pasa exactamente lo mismo. En todos los deportes, el que llega de verdad tiene la mentalidad esa. Lo que pasa es que hay algunos que tienen esa mentalidad y encima unas condiciones físicas increíbles. Claro, entonces son los mega cracks. Pero siendo una persona normal, con esa mentalidad puedes llegar. Igual no llegas a ese nivel, pero sí que estás peleando detrás de ellos. A veces lo importante no es ganar, es poder pelear con ellos. Porque luego ganar en una competición... te puede dar una diarrea, por decirte algo, nunca sabes. Pero al menos estar en esa opción de decir: “Hostia, es que si él falla un poquito y a ti te sale bien, ganas”. Pues eso, hasta ahí es donde se ha de intentar llegar. Que luego te sale mejor o peor, la vida es lo que hay.
Los atletas somos un objeto para los que mandan
P. Volviendo un poquito a tu etapa deportiva, ¿cómo es debutar en unos Juegos Olímpicos? ¿Cómo es esa preparación?
R. Yo creo que viene rodado. Hombre, Barcelona sí que fue un punto y aparte porque era mi casa. Claro, yo decía: “Es que esto es la hostia, ganar una medalla en tu casa rodeado de los tuyos, todo el estadio pendiente de ti...”. Pues es una maravilla. Pero es una cosa que viene rodada, porque cada año hay un campeonato importante, tú vas haciendo, haciendo... y llegas. Claro, yo en la primera, que fue en Seúl, era un pardillo, tenía 21 años cuando llegué. Entonces yo sabía que ahí no tenía nada que hacer, era ganar experiencia, ver lo que es una Olimpiada. Y me sirvió. La cagué en la competición, pero de plano, pero me sirvió mucho, pues para en la siguiente Olimpiada pensar ya, saber lo que había y dedicarme a lo que quería, que era entrenar.
P. ¿Te pusiste nervioso en el debut, en Seúl?
R. En Seúl sí, claro. Te acojona un poco porque es otro mundo. Por mucho que digan, unos Mundiales o un Europeo es importante, pero una Olimpiada te marca mucho. Es diferente. Entonces, todo el ambiente, la gente... te despistas muy fácil. Como no estés en lo que estás... te despistas. Y es complicado.
P. Porque creo que en Barcelona no estuviste en la Villa Olímpica, pero en Seúl sí. ¿Cómo fue?
R. En Seúl estuve. Es una maravilla. Estás conociendo a mucha gente, para aquí, para allá... Pero eso, despistado. Y en Barcelona preferí quedarme en mi casa.
P. ¿Por qué?
R. Porque no quería despistarme, porque sabía lo que podía pasar. Y como tenía opciones de poder conseguir algo, dije: “En mi casita; de mi casita a la pista, de la pista a mi casita, y después, si sale todo bien, ya disfrutaré de la vida”. Que es lo que hice, pero después. Antes no.
P. En esa final de Barcelona, ¿sentías presión?
R. Hombre, a ver, el que te diga que no siente presión en una final olímpica te está engañando. Porque ya que estás ahí... Y yo, que creía que tenía opciones claras de poder conseguir algo, te autopresionas aunque no quieras. Pero como estaba tan seguro de lo que iba a saltar... Es que es una cosa que hay gente que no me cree, pero es que yo sabía lo que iba a saltar. “Haga el día que haga, llueve, truene, voy a saltar cerca de 5,80. Y luego los demás, que hagan lo que puedan”. O sea, no tuve eso de “hostia, a ver si fallo aquí...”. No, no, es que lo tenía claro. Si salté todos los intentos al primer intento, fácil. O sea, que te quiero decir que yo sabía a lo que iba.
P. Y cuando Bubka falló, ahí se te abrió la oportunidad.
R. Se me abrió el cielo. Sabía que una medalla la tenía él colgada. Pensé que se han multiplicado mis opciones. ¿Para qué te voy a engañar? O sea, no me dio ninguna pena. En el sentido de... hombre, me dio pena, es un chaval que también se merecía ganar, eso está claro. Pero es lo que te digo, es que en una competición no se puede fallar. E hizo muy mal día y él no estaba acostumbrado a saltar con malos días. Siempre le ponían las cositas bien para que él hiciera récord o hiciera tal. Y claro, allí saltas con lo que toca, con el tiempo que tienes marcado, y si no saltas, pues nulo.
P. ¿Qué sentiste en tu último salto?
R. Hay fotos mías dando un mortal atrás. O sea, yo sabía que con eso... ya solo quedábamos cuatro. Y el 5,80, el tiempo era peor... Yo por dentro creía que ya estaba, pero estás cagado, claro, porque queda todavía... Yo sabía que las opciones de medalla ya eran muy altas. Ten en cuenta que el ruso que quedó segundo saltó el 5,80 al tercer intento. Que si no lo hubiera pasado, habría sido yo plata. Y lo pasó porque se le apareció la Virgen de la Macarena también. O sea, que yo ahí ya sabía que las opciones eran de un 90%.
P. ¿Y cuando se certificó esa medalla?
R. Alivio. Alivio de haber conseguido lo que buscaba. Estás un poco en otro mundo en ese momento. Una medalla, con el Rey... La verdad es que estás eso. Yo no me acuerdo de muchas cosas porque estaba eso, despistado. Ahí estaba despistado. Y por la noche también. Por la noche me despisté más. ¿Para qué te voy a engañar?
En Córdoba la cultura del deporte no está arraigada
P. ¿Y al momento de subir al podio?
R. Es una pasada. Tienes a 50.000 personas coreando tu nombre y aplaudiendo, es increíble. Además, en tu casa. Claro. Increíble. Que no se puede describir qué es lo que sientes. O sea, o lo has de vivir... Es una cosa que... y no mucha gente lo vive.
P. Muy poca gente.
R. Muy poca. Quitando los futbolistas, que les pasa cada fin de semana casi, los demás... tener tanta gente es una locura. La verdad es que eso, y has de saber gestionarlo también. Que hay gente que no lo acaba de gestionar bien.
P. ¿Por qué?
R. Porque la fama es muy efímera. Y todo lo que son palmaditas al principio, generalmente, cuando pasan dos días que no lo haces bien, son hostias a troche y moche. Entonces eso es muy difícil de llevar. Ha habido muchos deportistas buenísimos que han acabado desquiciados y hasta suicidándose algunos, por desgracia; amigos míos que se han suicidado. Porque no han sabido llevar el paso de la fama a ser una persona normal. Porque al final, cuando tú dejas estos deportes que no son el fútbol, te conviertes en una persona normal. Has de buscar la vida como cualquier otro, con el hándicap de que cuando empiezas tu carrera profesional tienes 30 o 35 años. Claro, tú vas a una empresa: “Quiero trabajar...”. “Mira, tengo estudios, he estudiado...”. “¿Experiencia laboral?”. “Ninguna”. “¿Y tienes 35 años? ¿Cómo voy a contratar yo a un tío de 35 años que no tiene experiencia?”. Es complicado. Sí que es bueno la primera entrada, porque generalmente te escuchan, porque eres famoso un poquito, todavía te escuchan. Pero claro, luego la gente no es imbécil. “Hombre, yo creo que tú puedes funcionar, pero necesitas experiencia. Yo no te puedo contratar”. Yo, por ejemplo, he hecho publicidad y a mí me decían: “Yo te contrato como copy junior, te pago 900 euros al mes”. Digo: “Chico, tengo familia. ¿Qué hago yo con 900 euros al mes en Barcelona?”. Si no me da ni para el alquiler. Con el tiempo si eres bueno, pues como todo, te consigues las cosas. Pero el inicio es muy complicado.
P. ¿Fue complicado para ti ese inicio?
R. Yo tuve uno o dos años complicadetes. Luego ya encontré mis caminos y me fue de maravilla. Pero el cambio ese es muy complicado. Es que pasar de una vida sistemática, que todo va bien a empezar de cero. Es como alguien que viene, un inmigrante que viene aquí y llega y dice: “¿Y ahora qué hago?”. ¿Sabes? Es muy complicado. Y ahí se ayuda poco a los deportistas, creo yo. Ahora empiezan a haber algunas cosillas que ayudan algo, pero yo creo que debería ayudarse un poco más, sobre todo a ese tránsito. Ese tránsito mentalmente es muy difícil de llevar.
P. ¿Te sentiste solo?
R. Desde luego. Respaldado, cero. En mi época se acababa y “hala, a tomar viento, tú ya no sirves, ya no nos das nada, pues ya no te damos nada”. A mí me ayudaron cero.
P. Eso es muy duro.
R. Pero no a mí, ¿eh? A todo el mundo, al 80 o al 90%. Cero.
P. Eres como un objeto.
R. Eres un objeto. Para los que mandan, tú eres un objeto. Es lo que hay.
Es complicado. En otros países te consiguen un trabajo. Que luego tú puedes cogerlo o no porque si te va bien la vida... En Italia te hacen policía. Tú tienes ese trabajo. O sea, no te vas a ir a quedar a mendigar en la calle. Que te va bien la vida y tú te ganas la vida mejor por otro lado, no lo coges, no tienes obligación de cogerlo. Pero sabes que tienes eso. Es que eso daría una seguridad a los chavales que hacen deporte toda su vida. Porque sabes que te puedes dedicar a muerte porque después tienes el apoyo. También se tendría que poner unos baremos: haber ido a un campeonato, quedar finalista en un campeonato importante... Pero claro, es que para llegar a eso has de perder muchas horas. O sea, no se puede “no, voy un ratito por la tarde...”. No, esto no va así, o sea, es todo el día liado o complicado. Entonces, ¿por qué mucha gente lo deja a los veintipocos años? Porque es que tengo que ganarme la vida. Y ahí se pierde mucha gente, mucho talento. Pero no va a cambiar. En España somos así de chulos y no va a cambiar.
P. ¿No va a cambiar entonces?
R. No. Seguro.
En Barcelona 92' tuve la competición de mi vida
P. ¿Ni por parte de la población ni por parte de las federaciones?
R. No. Porque por parte de las federaciones seguro que no, porque eso es, entre comillas, es tirar un dinero. Porque todo lo que pudieran hacer, eso vale dinero, y eso no les va a repercutir a ellos en nada. O sea, igual moralmente o éticamente sí, pero no. Entonces eso no va a cambiar. Y la gente se olvida. Pero si pasa en el fútbol, que es el gran deporte, y un día “qué bueno es este jugador” y al día siguiente lo machacan “para matarlo”. La gente se olvida, la gente en cuatro días no se acuerda de ti. Y todos los empresarios, amigos y políticos que te han dado una palmadita en la espalda, no te cogen el teléfono. El que lo pide porque yo nunca he pedido un favor a nadie de esto, ya que sabía lo que me iban a responder. Pero conozco mucha gente que sí que lo ha intentado y nada. La mayoría de políticos ni te cogen el teléfono. O te escuchan como diciendo “habla, habla...”. “Habla, que no voy a hacer nada”. “Yo te prometo la luna”, pero se queda en promesa. Como en todos.
P. Y más en atletismo, que se le tiene en cuenta cada cuatro años.
R. Con suerte. Tú ten en cuenta que María Pérez. ¡Esta tía es la hostia! No tenía nada. Hombre, le han dado lo que se ha ganado. Pero es que a esta tía le tendrían que hacer una estatua. Y esta chavala dejará el deporte y vivirá de los ahorrillos que tenga un tiempo porque estará pelada. Y será una tía que tendrá que ir a un gimnasio a trabajar a lo mejor. ¿Sabes lo que te quiero decir? Eso no es normal. Porque en otros deportes, en el fútbol te dejan igual, pero claro, te dejan con 40 o 50 millones de euros en la cuenta. Entonces es una cifra importante, cambia bastante. Pero si tú en el deporte te puedes ganar, quitando excepciones, tener tu piso pagado, tener un cochecillo, tener algún ahorrillo... pues bien. Aunque tú dejas de entrenar a los 35, por decirte una edad, ¡coño! Hasta los 80 que te mueres, ¿cómo coño vives? No has cotizado a la Seguridad Social, vas a tener una pensión de mierda, con suerte si consigues trabajar. ¿Qué vas a trabajar? ¿25 años? Si con eso te dan 900 euros al mes. Y eso con suerte ¿Qué haces con eso? Si no puedes ni comer. Y no va a cambiar. O sea, ya te digo yo que eso no cambia. O sea, los que hemos tenido suerte de montarnos las cosas bien, pues vamos tirando, pero los demás, fatal.
P. Y para ese tipo de cosas hay que estar bien asesorado también, ¿no?
R. Has de estar bien asesorado si ganas dinero. Si el problema es que si ganas al año, por decirte algo, un atleta bueno, ¿qué puede ganar? ¿30.000 euros al año? Pues si eso te lo gastas para vivir. Como tengas familia, es que ya ni llegas, casi. No puedes. Entonces, ¿de qué te vas a asesorar? Si no tienes dinero. Un asesor está bien cuando tienes dos o tres millones de euros. Pero si tienes en la cuenta 14.000... No sirve de nada. Te dirá: “Déjalo ahí, que lo vas a usar para cuando no tengas para comer”. Es lo que hay.
P. Aquí tenemos justamente entrenando enfrente nuestra a Carmen Avilés. Eso también te deja el futuro en entredicho para atletas así.
R. Yo creo que esta chica lo ha hecho bastante bien. Acaba de terminar la carrera ahora. El problema es que en nada tendrá que hacer la decisión de su vida, que es: ¿me dedico full time y a muerte, o me busco un trabajo? En pértiga había un chico muy bueno de Pamplona que estuvo en Estados Unidos, saltó 5,70 metros, que era bueno, chaval joven. Acabó la carrera en Estados Unidos, le ofrecieron aquí un trabajo de puta madre, porque encima es un coco, hizo una ingeniería de estas... y vino aquí y dijo a la pértiga: “Hala, a tomar por culo”. Me voy a trabajar, me están pagando 70 u 80.000 euros al año. Y hago lo que me gusta, porque no es que vayas a trabajar de repartidor en el Mercadona, con todo el respeto. Tienes un trabajo de lo que te gusta, ganas diez veces más de lo que ganabas en el atletismo, ¿qué voy a dejarme aquí la vida para qué? Si tenía un futuro asegurado. Pues eso es lo que pasa muchas veces.
P. Hablando un poco del después de tu carra deportista. Pasaste de ser atleta a entrenar en el CAR de Soria. ¿Cómo te fue esa primera etapa?
R. Bien, bien. O sea, es lo que me gustaba, la verdad, entrenar a gente relativamente buena, que venían allí solo a entrenar. Les dábamos estudios y todo, pero sobre todo venían a entrenar. Es lo que más me gustaba, ser entrenador de pértiga, pues una maravilla. Me gustaba, es lo que domino y lo que sé. Tuvimos muy buenos resultados. Yo en los 15 años habré conseguido más de 100 medallas en Campeonatos de España de todas las categorías. Con lo cual, la simbiosis funcionó perfectamente. Pude vivir de lo que me gusta y di muchos resultados a la gente, o sea, que muy bien.
P. ¿Se te hacía raro?
R. No, es diferente. Sufres más. Como te he dicho antes, no puedes hacer lo que tú quieres. A mí me gusta, pero decía “Coño, ¿pero por qué no lo hacen así?” Claro, porque no. Pero bueno, también te llevas muchas alegrías. Son gente que has criado tú casi. Igual con los chicos que estoy ahora, hay gente que la tengo desde que tenía 12 años y ahora tiene 20. Claro, al final los has criado tú, se puede decir. Todo lo bueno que les pasa, coño, también te alegras. Todo tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Pero desde luego, no para vivir de ello. O sea, en España entrenadores que vivan del atletismo habrá muy pocos. Si te digo diez... muchos son. La mayoría tiene su trabajo y luego el hobby por la tarde, estar un rato con ellos. Hay muy pocos profesionales. Porque, claro, si te pagan, pues lo haces. Creo que en el CAR de Barcelona están pagando 1.000 euros al mes. Pues por 1.000 euros no puedes dedicarte a eso. Y menos en Barcelona. Tienes que tener otro trabajo, y si tienes otro trabajo ya no puedes dedicarte plenamente a tu atleta. Pero es lo que hay.
P. Es una pena.
R. Sí, del atletismo no se puede vivir. Hoy por hoy, no. En mi época había gente que vivía bien. Los mediofondistas, Fermín Cacho, Abel Antón... todos ganaban mucho dinero. Siguen ganando ahora con las carreras populares y todo esto. Estos viven bien. Pero estamos hablando que hoy en día, atletas que se estén ganando la vida para ganar... Peleteiro y tres más.
P. ¿Y por qué ha cambiado tanto?
R. Porque hay menos dinero para el atletismo. Es que yo pillé una época muy buena. Había más inversión en el atletismo, salía más en la tele, había los mítines. Ahora para ver atletismo en la tele se ven los campeonatos grandes. Un mitin de atletismo no lo dan en ningún lado. Antes había en España, a lo mejor, 15 o 20 mítines que se hacían en diferentes lugares; ahora habrá dos. Es que todo va junto. Después de la crisis del 92' al 95' o 96', que fue la debacle, no ha vuelto a remontar ya. Solo remonta si eres una excepción. Entonces sí, porque te vienen patrocinadores... Ahora también está el tema del TikTok, del Instagram, seguidores... Claro, si consigues tener tres o cuatro millones de seguidores, pues te haces un capitalillo. Pero antes no había ni eso. Yo tengo amigos que han hecho atletismo siendo campeones de España, igual no han ganado nada internacional, pero siendo campeones de España, que están tirados como una colilla. Trabajando de mantenimiento en una pista de atletismo, y alguno ha llegado hasta a dormir dentro de la pista porque no tenía casa.
Ganar una medalla olímpica rodeado de tu gente es la hostia
P. ¿Y cómo se cambia eso?
R. No se cambia, ya te lo he dicho. No se va a cambiar. Porque para cambiar eso, tienes que cambiarlo todo. Y también tiene que haber voluntad. Sobre todo voluntad política y no hay. No hay, pero ni ha habido nunca ni creo que haya. Te lo digo claramente. Entonces, yo cuando mis chavales me dicen: “Es que yo me quiero dedicar...”. Tú estudia. Y esto es muy bonito, eh, pero tú estudia y luego ya hablaremos. Primero te formas. Que después quieres dejar dos o tres años y empezar dos o tres años más tarde a trabajar... lo hablamos, pero primero te formas. No puedes vivir si no. Hay gente que no ha estudiado nada, gente que no tiene ni la ESO, que antes era la EGB. Es que, ¿qué haces con esa gente? Es que no te pueden contratar ni siquiera. Tienes que sacarte la EGB por adultos. Es que si no, no te pueden ni contratar, está prohibido. Es que es jodido. Entonces, hay deportes en el que hay gente así.
P. Y se pierde talento.
R. Seguro. Claro, seguro. ¿Cuántos niños entre 8 y 12 años juegan a fútbol? Porrón. ¿Cuántos niños hacen atletismo de la misma edad? Muy pocos. El 1% de los que hacen fútbol, como mucho el uno. ¿Por qué? Porque saben que si llegan a algo, se van a ganar la vida. Y no hablamos de llegar a Primera. Hablamos de llegar a las categorías RFEF o como se llame ahora. Ya te ganas la vidilla. En atletismo saben que no se van a ganar la vida. Y quieras que no, eso influye muchísimo en el deporte. Balonmano, baloncesto... no son fútbol, pero te ganas la vidilla. Y no se la ganan dos. Porque hay quince en cada equipo que se ganan la vidilla más o menos. En atletismo eres tú solo.
P. Siempre en los deportes individuales es más complicado.
R. Claro. También tiene sus ventajas, que cuando tú eres el crack, ganas más. Todo tiene pros y contras. Pero para buscando la generalidad, no hay futuro.
P. ¿Y en Córdoba cómo está la situación?
R. Fatal. Porque aquí la cultura del deporte no está muy arraigada. Así como en otros sitios sí te obligan, entre comillas, a hacer deporte de niño y tal, aquí no, aquí cuesta mucho que la gente te venga. Antes, yo cuando llegué aquí, los viernes no se entrenaba. “Ah, es que ya es viernes”. Si el viernes es el mejor día. Que no tienes que estudiar, porque tienes el fin de semana. Es el mejor día para entrenar. Claro, me miraban como si estuviera loco. Pero ahora ya entrena todo el mundo los viernes. Es que esto es poco a poco. Pero no hay cultura. Aquí luego viene el verano, “uy, qué calor, no voy”. Chico, no pasa nada, se puede entrenar con calor, nadie se deshace. Luego aquí llueve un poco, y no viene nadie. Digo: “Chicos, si han caído tres gotillas”. “Uy, uy, uy, qué día más malo”. Y ya no te digo la feria. Ya es otro mundo. Tienen que decidir entre fiesta y entreno, no hay color. Yo decidía entreno. Esa es la diferencia.
P. A Córdoba le queda mucho por mejorar.
R. Sí. La mentalidad, sobre todo. Pero que poco a poco vamos consiguiendo cosas. Que la gente se implique más. Por ejemplo, antes no venía casi nadie, venían dos días a la semana... Ahora, por ejemplo, yo entreno a 15 o 20 chavales y el 80% viene de lunes a viernes todos los días. Claro, al final vas entrando y cuando ven que tienen más resultados y tienen tal, también se motivan, vienen más. Si todo va junto. Si te dedicas más, consigues más cosas. Pero en la vida también pasa igual. Es como vosotros, periodistas. Si eres el que muy delicado, pues te vas a quedar ahí toda tu puta vida. Pero si te lo buscas y te meneas, pues puedes conseguir algo. O no. Pero puedes conseguirlo. Esa es la posibilidad. El problema es, pues eso, “me quedo jugando a la maquinita”. Pues sí, serás muy bueno en la maquinita, pero ya está. Al final eso se acaba.
P. Córdoba tiene mucho potencial.
R. Podría funcionar mucho mejor todo en Córdoba. Porque Córdoba no es tan pequeña. Yo monté la escuela de atletismo en Soria y teníamos 300 o 400 chavales en una población de 38.000 habitantes. Aquí no hay 400 chavales.
P. La capital de Córdoba tiene una población de 300.000 habitantes.
R. No es normal. Por ejemplo, en voleibol mi mujer está metida. Tampoco hay tanta gente. Que no hay mucha gente que haga deporte. Yo creo que los políticos tendrían que meterse más en hacer deporte. Porque además es bueno ya hasta para el propio político. Porque si ven que todas las cosas funcionan bien y hay competiciones, la gente sale... te van a votar, coño. Pero no lo ven así.
P. Y las instalaciones que tiene Córdoba.
R. Podría tener más. ¿Sabes lo que te quiero decir? Porque ¿qué cuesta hacer un pabellón cubierto? Por ejemplo, la nave del fondo llevamos pidiéndola para que nos hagan una pista cubierta... Eso es un hangar que no hay nada, que solo hay máquinas rotas del Ayuntamiento. Eso le pones un tartán, unas colchonetas, no sé qué... ¿Qué te puede costar? Pon, te digo una locura, 300.000 euros. ¿Qué son 300.000 euros para el Ayuntamiento de Córdoba? Si luego se lo gastan en cualquier gilipollez. Pero bueno, el Ayuntamiento de Córdoba o muchos ayuntamientos. Dicen: “Es que no tenemos dinero”. Digo: “¿Y tienes dinero para esto? ¿Que te ha costado tres veces más?”. O sea, dinero tienes. Lo que pasa es que tú lo quieres para otras cosas.
Es difícil de llevar el paso de la fama a ser una persona normal
P. Como, por ejemplo, las colchonetas de pértiga.
R. Claro. Esto creo que ha costado cerca de 80.000 euros, las dos. Pero hemos tardado seis años, coño. Digo, hombre, 80.000 euros para un ayuntamiento es una puta mierda. Si luego, ¿cuántas subvenciones chorras das al cabo del año? Porque te pones a mirar y no salen 80.000, ¿eh? Ponle ceros. Pero no me jodas. O sea, que no lo haces porque no quieres, punto. Que me parece bien, pero no me digas que es porque no puedes. Y así vamos. Y seguirá así.
P. Hablando de tu presente y futuro. Llevas ya seis años en el Club Atletismo Cordobés. ¿Cómo está yendo el club?
R. La verdad es que lo cogimos estando a cero, casi se puede decir, y ahora la cosa parece que va funcionando bien. Ya hemos subido el equipo masculino a Primera División Nacional. Vamos ganando medallitas ya con los sub 20, sub 16, sub 18... Vamos haciendo una basecita para que en unos años tengamos una base para poder mantenernos estables peleando con toda España.
P. Es un trabajo de fondo.
R. Sí, estas cosas rápidas no se pueden hacer nunca. Porque, generalmente, si quieres hacerlo muy rápido mueres en el intento. Porque te basas mucho en subvenciones, en contratillos... y claro, si te vuelves loco un año, el año siguiente te cortan algo y mueres. Entonces tienes que ir haciendo la casa con mucho soporte para que si un año falla, puedas soportarlo. Y es complicado. Pero bueno, tenemos tiempo. Yo no me retiro todavía. Todavía me quedan unos años.
P. También necesitaréis financiación y subvenciones.
R. Claro. Es que si no, no hay tu tía. Ten en cuenta que mantener un equipo de atletismo vale un dinero. Los desplazamientos, alquilar autocares, material deportivo... Vale dinero. Ya simplemente sin fichar atletas buenos ni nada. Necesitas un poquito de ayuda. Porque con las cuotas que cobramos a los chavales no da. No puedes poner 100 euros al mes a los chavales. Creo que se cobran 20 euros, me parece, o veintialgo. Porque si pones más, es que no van. Ya está. Los padres necesitan para los cubatas y esas cosas.
P. Y ya la última, Javier: ¿cómo ves el futuro de Córdoba?
R. Yo lo veo muy bien. Si es que esta ciudad es una maravilla. Quitando el mes de julio... Yo estoy muy feliz de haber venido aquí. Me gusta la gente, es abierta y simpática. Tienes cosas que ver a cascoporro y se vive muy bien. La verdad que calidad-precio es una maravilla.
P. ¿Y en el deporte?
R. Vamos justos. Yo creo que tendría que tener más nombre Córdoba del que tiene. Sobre todo porque al final, si tú cuentas todas las inversiones que hay en deporte en Córdoba, son bastantes. O sea, es un dinero tirando a alto, pero, en cambio, no se ven resultados. Eso quiere decir que probablemente algo se está haciendo mal. No te sabría decir el qué, ni si es verdad. Pero lo que tú percibes es que algo se tiene que estar haciendo mal, porque equipo de fútbol lo tenemos ahí donde Dios perdió el mechero. No hay ninguna cosa puntera cordobesa. Entonces, yo creo que hay ciudades mucho peores que despuntan en algo. Ya no te digo en atletismo, pero en algo despuntan. Nosotros hemos subido a Primera División y eso tampoco es nada del otro jueves. El fútbol sala está en Primera División, pero tampoco acaba de enganchar, el balonmano igual... Hay muchas cosas así, pero no hay ninguna que esté entre los mejores. Porque eso te da mucho nombre a la ciudad también. Te trae más turistas, y todo va junto, pero no hay tu tía.
Para cambiar el atletismo tiene que haber voluntad política. Y ni la ha habido ni la habrá
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