- "¿Eres judío?" - "No, soy valenciano"

Aún no soy demasiado viejo, pero cuando tenía nueve años, en algunos colegios públicos de Córdoba todavía se rezaba antes de empezar las clases. "Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús". Todos en pie. Cada uno en su pupitre. Letanía machacona. Estertores del sistema franquista. No entendía nada. Pero lo de tu vientre Jesús se me quedó grabado.

Septiembre de 1985. Mi primer colegio en Córdoba. Primer día de clase. Primera en la frente.

- ¿Tú por qué no rezas, chaval?- El maestro tiene toda la cara de Leonard Cohen y las manos tan grandes como las de Bud Spencer. Me da cachetillos en la cara y sonríe.

- Porque no sé- No se me ocurre mejor respuesta.

Mi segundo colegio de Córdoba. Una semana más tarde. Primer día de clase. Vuelta a empezar.

- ¿Tú qué eres, judío?- El crío con bigote de mujer y las paletas separadas me pregunta de forma sincera.

- No. Soy valenciano- Mi respuesta también lo es.

Tampoco lo dudé. El único alumno de toda la clase que no sabía rezar y que encima era "el catalán", no iba a marcarse todavía más siendo el único que daba Ética. Ni hablar. Así que abracé la asignatura de Religión. Con nueve años, sin bautizar, encontré a Dios en un libro de texto. Y su representante en la tierra, el maestro don Julio, me evaluó. Suficiente. Estaba salvado.

El año siguiente, en Quinto de EGB, volví a probar suerte con la asignatura de Nuestro Señor. No mejoré. Suficiente. Seguía salvándome, pero todavía quedaba lejos de la Gloria plena.

En Sexto conocí a otros descarriados hijos de divorciados.Como yo, sin bautizar. Así que, como éramos algunos más, la escuela claudicó y decidió abrir una línea de Ética. O no. Simplemente nos juntaron a todos en una misma aula y, cuando se daba Religión, salíamos de clase con dos destinos posibles: a Ciencias Naturales, que se daba en el pasillo de la izquierda; o a clase de Dibujo que se daba en el pasillo del fondo. Yo siempre iba al del fondo.

En Séptimo y Octavo un par de maestros se apiadaron de nosotros y con más pereza que otra cosa trataron de prepararse unas clases de Ética que dábamos en la biblioteca del centro o en el laboratorio de Ciencias. Una vez hicimos un mural pacifista que siempre detesté. Y en otra ocasión escribí el guión de una obra de teatro que le habría encantado a Lina Morgan o a Fernando Esteso. Mis notas todos esos años siguieron reflejando lo mediocre del contexto y de mi respuesta al mismo: suficiente.

En Bachillerato las cosas cambiaron. A peor. El Huevo (un alias) nos daba Ética. Filósofo, mezquino, siempre sonriente y sádico, aprovechaba las clases para evangelizar de manera poco disimulada. Los contenidos de la asignatura en Primero de BUP apuntaban maneras: el aborto, la eutanasia, el tabaco, la pena de muerte, la violación... Todo al mismo nivel.

El primer trimestre se dedicó en exclusiva al aborto. En una de las clases puso un documental provida lleno de sangre, cuerpos de fetos desmembrados y mala leche. Con su vocecita fina, El Huevo advirtió de la dureza de las imágenes antes de darle al play del vídeo. Algunos alumnos con dos dedos de frente se largaron de ahí, hartos de todo. Yo me quedé, imbécil que soy.

EXAMEN PRIMERA EVALUACIÓN (resumen demagogo):

PREGUNTA. Responde y desarrolla: La inmoralidad del aborto

RESPUESTA. No creo que el aborto sea inmoral.

EVALUACIÓN. Suspenso.

Mi tendencia regular en la asignatura de mis amores se truncó en 1991. Suspendí. Comenzó entonces mi no menos mediocre actividad delictiva. Junto a otros compañeros, perfeccionamos y ampliamos ancestrales técnicas de hacer chuletas. Mi amigo Miguelito aplicó la más alta tecnología del momento (las primeras impresoras láser) para resumir con letra minúscula y en un solo rollo de papel todas las barrabasadas que nos exigía El Huevo. Aquel papiro se convirtió en algo mítico en la clase, cuando fue desenrollado y se descubrió que casi llegaba de una punta a otra del aula.

Le dimos a aquel desaprensivo docente lo que quería. Respuestas demenciales para una asignatura sin sentido. Y yo cimenté, con la ayuda de todos mis maestros y compañeros, mi ateísmo.

La Religión no tiene cabida en las escuelas. La Ética, como tal, tampoco. Religión y moral están presentes en todas las asignaturas humanísticas. Conocer la esencia de las creencias, sus características básicas y su influencia y consecuencias en los seres humanos es fundamental para explicar bien la Historia, la Filosofía, la Historia del Arte o la Literatura. Su inserción en esas asignaturas es natural y necesaria. Hay que explicar la Religión y la moral con esos contextos.

Pero no hay que enseñar una materia propia de las catequesis, las escuelas coránicas o los estudios de la Torá en las escuelas públicas. Y mucho menos evaluarlas.

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23 de mayo de 2013 - 10:23 h
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