Me empeño en ser feliz

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Ser feliz no es obligatorio… muy al contrario, es un acto voluntario basado en la firme determinación de serlo. (Lo que sí debería ser obligatorio "por ley" es no hacer deliberadamente infelices a los demás).

Empeñarme en convivir con la felicidad es, por tanto, la fuerza que me guía a descubrir aquellos factores negativos que impiden que me sienta satisfecho en muchos instantes de mi vida. Es la motivación que me ayuda a eliminar las barreras que me impiden alcanzar mis metas.

La clave está en analizar y comprender de una forma lo más objetiva posible los hechos y las circunstancias que me afectan negativamente cada día.

Superando la subjetividad emocional negativa me libero de la condena de vivir de una manera desdichada en la que sólo disfruto de breves instantes de felicidad, como claros en medio de una ciénaga de temor, de duda, de angustia, de hostilidad, de rabia y de frustración.

Aunque siempre dispuesto a descubrir la forma en que me hago desgraciado a mí mismo, no puedo perder el tiempo buscando curas milagrosas o métodos que no requieren un esfuerzo consciente.

No basta con repetirme una y otra vez "mejoro día a día y cada vez más" para conseguir estar mejor.

Se trata de empeño y determinación, no debo engañarme… La felicidad, incluso la felicidad relativa a la que aspiro como ser humano, no la consigo sin una considerable y prolongada inversión de energía interior…

Según Albert Ellis, padre de la Psicoterapia Racional Emotiva, el solo conocimiento de las causas de mis propias desgracias y de los medios para verme libre de ellas no bastan automáticamente para que pueda "curarme a mí mismo".

Necesito activar el tremendo potencial y la infinita valía de mi "Ser Interno", de mi "Yo Real", para comprometerme con el magnífico reto de ser feliz.

Para ser verdaderamente feliz, debo construir activamente mi satisfacción personal sobre hechos reales y experiencias emocionales objetivas, evitando caer en las garras de la megalomanía o del narcisismo, con la inestimable ayuda de la Programación Neuro-Lingüística (PNL) y de metodologías complementarias.

Nada de flotar eternamente en las nubes ni de hundirme cada día en el cieno.

El equilibrio emocional es la llave que activa y potencia mis capacidades, genera toda una serie de cualidades y recursos creativos latentes en mí y me aporta la energía positiva necesaria para reponerme con renovado ímpetu tras cualquier tropiezo.

Porque la mayoría de las veces que experimento estados destructivos de infravaloración, suelen ser la consecuencia de mi comparación subjetiva con alguien o con el éxito que alguien ha alcanzado y que yo pretendía tener.

El dicho popular de "las comparaciones son odiosas" cobra en estos momentos lamentables su total certeza.

Siempre debo tener claro que, como todos los seres humanos, soy único y exclusivo (Yo soy yo y Tú eres tú) y que la mayoría de las veces lo que ansío en mis desafortunadas comparaciones, para mi desdicha, son sólo las posesiones o adquisiciones materiales que otros han alcanzado.

En ocasiones creo, o me hacen creer, que si tengo lo que tienen otros, si soy lo que otros son, si trepo hasta donde otros han trepado, voy a ser más feliz y voy a estar más satisfecho con mi vida.

Puedo afirmar que esto es rotundamente falso, es un espejismo inducido, una alucinación casi colectiva en esta época de individualismos y prisas.

Encontrar sosegadamente las causas primeras, las situaciones antecedentes y profundas que están impidiendo mi verdadero desarrollo personal, valorándome por lo que realmente soy, debe ser la tarea primordial de mi vida para alcanzar mis metas ecológicas (con mi entorno) y éticas (con mi conciencia).

Tarea que, en el fondo, significa empeñarme atentamente en ser feliz, persistiendo sin desfallecer en la búsqueda de una auténtica satisfacción emocional en cada uno de los instantes de mi vida.

¿Te empeñas tú en ser feliz?

A FLOR DE PIEL… NEGOCIAR CON EL CORAZÓN

Durante estos días, con más o menos interés, los ciudadanos estamos asistiendo a unas jornadas trepidantes de encuentros (y desencuentros) entre las distintas fuerzas políticas de nuestra ciudad (similares a las del resto del país) para alcanzar una "estabilidad aritmética y programática" que nos impulse como sociedad local.

¿Es suficiente con redactar y consensuar listas de medidas, todas ellas necesarias e irrenunciables según sus proponentes, para que los cordobeses y las cordobesas nos sintamos en buenas manos durante los próximos años?... Posiblemente no, si los líderes del cambio consensuado olvidan a la primera que, además de cálculos matemáticos y principios inmutables, deben poner todo el corazón en sus negociaciones y acuerdos para que la sociedad cordobesa en su conjunto se emocione con un verdadero impulso renovador que le devuelva la sonrisa.

NOTA: El autor de este post lo es también de la foto que lo ilustra.

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Publicado el
6 de junio de 2015 - 13:39 h
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