Mi verdadera búsqueda

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Un día escribí este pensamiento titulado "La búsqueda":

Busco la felicidad y no la encuentro.

Pienso en la felicidad y no me acuerdo.

Sueño con la felicidad y me despierto…

Seguramente porque:

Busco donde no está, pienso en lo que no es y sueño con lo que nunca será.

Ahora sé que lo hice porque necesitaba reconocer que realmente me gusta vivir sin hacer demasiado ruido, sin ser la guinda de todas las tartas y sin llamar la atención a cada instante para reafirmarme con cualquier excusa irrelevante.

Que estoy verdaderamente contento de llevar lo que se denomina socialmente con algo de desprecio una vida normal, de esas sencillas, que no simples, alejada de unos modelos de cartón piedra que demasiados mortales vienen asumiendo como ideales e imprescindibles.

Que no soy un bicho raro, más bien al contrario, ya que mi relación con la vida y con los vivos es realmente interesante, o eso me parece a mí.

Y que por todo ello, aunque inacabada, mi búsqueda es verdadera y propia…

Tengo una compañera de viaje a la que quiero con locura y una hija que es "la niña de mis ojos".

Hasta ahora, a pesar de las puñeteras crisis con las que me he topado, he podido dedicarme a aquello que me apasionaba en cada momento y junto a personas con las que siempre intenté compartir, en este orden, sentimientos, sueños y proyectos.

La buena salud no me ha soltado todavía de la mano y, posiblemente para agradecérselo, practico una vida razonablemente saludable.

En la relación con mi familia extensa no ha llegado nunca la sangre al río y mis cuatro o cinco amigos y amigas de toda la vida siguen aún compartiendo pequeños trozos de sus vidas conmigo.

Voy bien encaminado, de momento…

Ya no persigo el simple éxito material y no echo de menos disfrutar de mi minuto de gloria frente a nada ni a nadie, no al menos con esa máxima intensidad con la que se echan de menos las cosas verdaderamente importantes.

No soy amigo de rencores ni venganzas, a pesar de haber recibido alguna dentellada inmisericorde y gratuita de personas a las que estimaba y por las que esperaba sentirme estimado, tal vez porque creo, con la mesura con la que últimamente creo en casi todo, en algún tipo de karma y en su poder para equilibrar lo que uno siembra y lo que finalmente acaba recogiendo.

Me gusta compartir gozoso mi tiempo con los demás pero, también y sobre todo, soy un amante apasionado de los grandes silencios y las ausencias prolongadas para conectar plácidamente con aquello que realmente soy.

Y aunque las cosas, grandes o pequeñas, en alguna ocasión no me vayan del todo bien, no me gusta adoptar el papel de víctima ni recurrir a los lamentos de manual contra los demás o contra los males absolutos y universales.

Me considero una persona tremendamente orgullosa en el más limpio y verdadero sentido de la palabra y no me siento cómodo en el papel de sufridor profesional ni de desgraciado perpetuo.

Por ello, estoy decidido a no entregar a nada ni a nadie, aún en los momentos de mayor adversidad, lo único que verdaderamente me pertenece y ninguna desgracia natural o provocada puede arrebatarme: mi alegría de y por vivir, a pesar de todos los pesares.

Me gusta agradecer a la vida sus regalos y disfrutar apasionadamente de ellos sin rubores impostados ni falsas modestias.

Soy plenamente consciente de que con esta actitud agradecida y festiva puedo mostrarme ante muchos como un ser sin problemas, tremendamente afortunado, sin motivos para el desánimo, con la vida de cara y la suerte siempre de mi lado.

Pero, pese a que otros muchos no se interesen por conocer los problemas, malas fortunas, desánimos, reveses de la vida y suertes de cruces que también he tenido, tengo y tendré como cualquier hijo de vecino, es un precio que estoy dispuesto a pagar a cambio de independencia emocional para pilotar mi verdadera búsqueda.

¿Quién pilota tu búsqueda?

A FLOR DE PIEL… SENTIR ES LO QUE IMPORTA

Desde hace ya algún tiempo y con un gran número de argumentos al parecer razonables, determinados representantes políticos se han empeñado en demostrar que, debido a sus acertadas decisiones económicas, lo peor de la crisis ya ha pasado y que, por tanto, un futuro matemáticamente esperanzador se abre ante nosotros.

¿Cómo es posible entonces que algunos millones de ciudadanos y ciudadanas no hayan entendido sus razonamientos lógicos y les hayan retirado su confianza para liderar la tan ansiada recuperación económica?... Seguramente porque, sólo empeñados en cuadrar unas frías cuentas, no han sabido o no han querido entender que las personas podemos olvidar lo que nos dicen, incluso podemos olvidar lo que nos hacen, pero nunca olvidamos lo que nos hacen sentir.

NOTA: El autor de este post lo es también de la foto que lo ilustra.

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Publicado el
30 de mayo de 2015 - 17:07 h
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