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Sobre este blog

Desde muy pequeña he sentido que mi mundo lo dirigían como en “El Show de Truman”, pero con Fofito. Me esforzaba en tener una vida seria y, desde arriba, alguien iba soltando “extras” y guiones absurdos que me hacían perder la dignidad a base de risa. Llegó un momento en que mientras protagonizaba esas historias, mi mente solo pensaba -para sobrevivir- en cómo iba a escribirlo. Por lo que ya no puedo seguir siendo testigo en silencio. Necesito vaciar mi cerebro y madurar.

Rakel Winchester

Conversaciones que tengo de día y que desarrollo de noche - Parte I

Jose Luis Moreno con 'Monchito'

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La hormona JoseLuisMoreno, nace en la sangre de los padres que acaban de tener un bebé y se mantiene en el cuerpo justo hasta cuando el hijo/hija tiene los huevos negros pa mandar al peo a sus progenitores.

Es fácil de reconocer. Un ejemplo es lo mejor:

Vas por la calle y te encuentras a una amiga que acaba de tener un bebé. Sales del bar y te acercas al cochecito para verlo. El bebé es minúsculo y pesa como un cuarto de jamón york. Y duerme.

En voz bajita, mientras acaricias su pómulo con un deíto, susurras...

-¿y esta cosita tan bonita?

De repente, surge del aire un hilillo de voz fino, como de rata, que dice:

-¡pues aquí estoy de paseo con mi madreee!.

Tu primera reacción es CAGARTE DE MIEDO. Un bebé de tres días durmiendo ES IMPOSIBLE QUE HABLE. Y no te has comido un tripi, lo juras. Por lo que vuelves a intentarlo, con recelo.

-¿Y cómo se llama este cuchi cuchi?.

-¡Me llamo Manolín!- esa voz de hiena fina vuelve a salir como de sus labios cerrados.

Miras a la madre ACOJONADA y la madre está embelesada mirando a su bebé como si nada.

Un nuevo intento, porque piensas que te has podido volver loca:

-Y... ¿cuándo has venido al mundo tú, gorditito?.

-¡Pues hace dos semanas y pesé 3 kilos y cuarto!- esa voz de pito estridente regresa.

TE ENTRA UN MEGAMIEDO DE MORIRTE y vuelves a mirar a la madre para ver si ELLA LO HA ESCUCHAO TAMBIÉN, pero la madre sigue agachada observando a su bebé con la baba por el cuello.

Te pellizcas, no puede ser cierto. ¡Estás oyendo voces!.

-¿Y éste abriguito tan bonito?- último intento, el niño está despertando.

-¡Me lo ha comprado mi mamá para que me abrigue y no pase fríooo!- SOCORRO. NO HA MOVIDO LOS LABIOS Y ESTÁ DESPIERTO. TE MEGACAGAS.

Y esa voz de rata chica continúa:

-¡Y ahora me voy al parque a tomar un ratito el sol con mi madre que hace muy buen díaaaa!.

La voz no viene del cochecito, viene de tu derecha. ¡ES LA MADRE! LA MADRE ESTÁ PONIENDO "VOCECITAS" EN MODO VENTRÍLOCUO Y SIGUE DISIMULANDO. ¡LA MADRE! ¡TU AMIGA!

Y SIGUE...

-¡Rakel, pues me voy ya al parque que se nos va a hacer de noche y se me va a juntar con la toma y el potito!- esa voz de psicofonía. Máma que miedo.

¡Y lo has visto!. La madre sigue mirando al bebé y hablando con esa voz de pito de cagarse, moviendo muy poco los labios, apenas sin gesticular como JoseLuisMoreno. ¡Y encima se va TAN ANCHA sin confesarte la verdad!.

Aunque más miedo da cuando te encuentras al padre y la voz que sale es de OGRO que dice:

-¡ME LLAMO MANOLO!- ahí es cuando me cago, pero literal...

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Desde muy pequeña he sentido que mi mundo lo dirigían como en “El Show de Truman”, pero con Fofito. Me esforzaba en tener una vida seria y, desde arriba, alguien iba soltando “extras” y guiones absurdos que me hacían perder la dignidad a base de risa. Llegó un momento en que mientras protagonizaba esas historias, mi mente solo pensaba -para sobrevivir- en cómo iba a escribirlo. Por lo que ya no puedo seguir siendo testigo en silencio. Necesito vaciar mi cerebro y madurar.

Rakel Winchester

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Publicado el
9 de agosto de 2021 - 10:48 h