Porterazos

El portero mira la espalda de los suyos y está atento a la cara de los otros.

Entre otros, sé que en su juventud, han jugado al fútbol de portero, tipos como Albert Camus, un premio Nobel de literatura que defendió los colores del Racing Universitario Algerois hasta que una romántica tuberculosis le apartó de las canchas y lo recluyó a sus cuadernos.

Y otro porterazo dicen que fue en su juventud un polaco llamado Karol Wojtyla (aka Juan Pablo II), que se tiraba al barro como si fuera un aprendizaje de lo que luego fue su doctrina.

Un arquero existencialista y, otro, guardarredes del relativismo moral que tanto preocupa a ciertos equipos de casuya purpurada. Defender la zamarra, le llaman a eso.

Los porteros de fútbol son gente responsable con fama de pirados. Dueños de silencios y de certezas. Poco amigos de debates estériles y, más bien, taciturnos.

Sin embargo, son los cancerberos a la puerta de los infiernos, de los relativos o de los existenciales; y tienen mis respetos. Viven en esa cuerda funambulista que separa la gloria de la inmersión en la mierda.

Ser portero es una decisión moral. Con todas sus consecuencias.

Etiquetas
Publicado el
21 de abril de 2019 - 03:53 h
stats