Eutanasia (acaso)

-Dejadme.

Ya está bien, gracias. Lo he pasado bien mal y regular. Me he reído y he llorado un poco. Me han tocado las narices y he tenido momentos de gloria. He conocido el placer y el dolor.

Ese dolor que ni los neurólogos ni los teólogos pueden acotar ni atajar.

Ese placer que ni el mejor de los poetas es capaz de cantar ni el mejor de los químicos está en capacidad de formular.

El dolor que sufre un ingeniero al que le cruje la viga de un puente.

El placer de estar con ella.

Me voy. No para encontrar nada ni para reunirme con nadie; tampoco os abandono, seré memoria.

-¿Has sido gilipollas?

-Just for a while

-Claro, tranquilidad, te ayudamos. No sabemos si es por tu bien o por el nuestro. Siempre nos hemos apoyado -o como se diga- en lo bueno y en lo malo y en lo raro. En ello estamos.

-Venga.

-Venga.

Por la ventana veo a un ciego con bastón que ayuda a una joven a cruzar la calle mirando el whatsapp. Le acaba de salvar la vida.

La nueva solidaridad.

El mundo

Sí, el mundo.

El nuestro.

Etiquetas
Publicado el
2 de julio de 2017 - 03:00 h