Los querhaceres

A mis padres les ha dado por fregar compulsivamente la cocina y el baño. Parece un poco como si se estuviesen preparando para una prueba del 'Qué apostamos' de a ver quien friega mas veces. Cuando uno de los dos se despista el otro coge y, pum, se le adelanta en la jugada.

No sé en qué momento se les ha ido de las manos. ¡Que podríamos comer en el suelo por el amor de dios! Han llegado a fregar mientras me estaba poniendo una cafetera y me he quedado aislada en el espacio de mis pies (no falla que cuando te encuentras en tales circunstancias de pronto tu sentido del equilibrio se evapora y estás como si te hubiese tocado la peor postura del Twister y tu cuerpo se bambolea con ansias de moverse hacia un lado, pero no vayas a pisar). Es un no parar.

Ya me gustaría a mi que me diese ese pronto loco con las tareas del hogar, pero no. Podría afirmar que estoy un poco hasta el coño del tema mantenimiento hogareño: basta ya.

Barrer. Todo apunta a que me estoy quedando calva. Hay más pelos en el suelo que en mi cuero cabelludo (me intriga cómo estará la casa de Felicity) y hacen piña en el cepillo de la escoba para impedir que el polvo acumulado llegue hasta el recogedor. Ostras, colaborad.

Hay personas con la suerte de tener aspirador. Ya. Lo primero de todo es hablar sobre la movilidad de estos aparatos porque, las cosas como son, las ruedas de los aspiradores NUNCA giran bien. Deben hacerlas los mismos cachondos que diseñan las de los carros de la compra de los supermercados, que casi haces más ejercicio tratando de enderezarlo en su camino que yendo a una clase de pilates senior megamix (o la terminología que se les haya ocurrido últimamente para sus actividades, que no dejáis de innovar, pillastres).

Es guay porque puedes quitar las bolas de mugre que se acumulan en las esquinas. Claro, puedes hacerlo fenomenal con su cabezal rectangular que sólo absorbe desde el centro. Súper bien pensado. Total, que te pones a cuatro patas con el accesorio pequeño para poder llegar a los recovecos y acabas limpiado el suelo con tus rodillas y el pantalón de chándal de pronto es gris.

Porque esa es otra, los atuendos de limpieza. Tu rodeado de suelos brillantes y olor a limón, frescor de pino, aloe vera o lo que dios quiera que hayas escogido entre los mil aromas disponibles para limpiar tu casa, y TÚ hueles a tejón. Que ni corriendo una maratón por el vial norte cordobés a las cuatro de la tarde en el mes de agosto, jamás hedes tan ña como cuando has estado de limpieza. La venganza de la mugre. Un 'tu la llevas' en toda regla.

Quitar el polvo. ¿Perdona? De la que te das la vuelta se rehace. Es como una broma pesada. Que pasas el paño (y tú el Pronto) o el plumero y aguanta unos segundos en el aire para volver a esparcirse por SUS tierras. Otra cosa no pero las partículas de polvo saben defender su espacio.

He hecho grandes avances con mi vértigo suicida y soy capaz de tender fuera sin lanzarme al vacío detrás de la típica pinza huidiza que ni de coña va a sostener tu ropa, antes prefiere la muerte. Hablemos claro: hacer lavadoras, tender y destender es EL coñazo máximo. Es más, en el loop sin fin de vestir-ensuciar-lavar prendas, jamás está ni limpio ni seco lo que quieres usar. Ah, y te has quedado sin calcetines.

Limpiar los azulejos. Ah, ¿que había que limpiarlos? No en serio. Cuando veo los anuncios de Viakal me acojono viva. No he visto tal cantidad de roña en la vida real ever. ¿Es que esas personas se enjuagan la pasta de dientes y escupen en las paredes de su cuarto de baño? Si no, no me explico tal grado de churretones blanquecinos. Cierro debate.

Sin irnos del baño hay que admitir que el váter es mágico. ¿Por qué se acumula tanto polvo en la tapa? Vamos yo esto no lo entiendo. Todo el del baño va a parar ahí, alrededor de la cisterna. Lo que sí que da como miedo es cómo pueden ensuciarse las paredes de un artilugio por el que pasa agua a diestro y siniestro cada vez que tiras de la cadena. A ver si es que va a ser tipo fuente de estas de feng shui retornables y nos la están dando. Iucks.

Si te creías que estabas enjuagando bien el cepillo de dientes antes de dejarlo en el vasito... Mira en el fondo: Baqueira-Beret.

Planchar. Mira, a mi personalmente este quehacer ni me emociona ni me repugna (a todo esto, ¿dónde habré guardado la plancha?) pero lo de la tabla... Que en pleno año 2015 te juegues la crisma cada vez que la tienes que abrir haciendo aspavientos para protegerte de los posibles daños cerebrales que te pueden provocar hostiarte con una de sus patas... No sé.

Ya tengas lavaplatos o friegues a mano, los vasos se reproducen. ¿Tantos manchamos a lo largo del día? Parece que cuando sales de casa la taza del café ha montado una rave multitudinaria y cuando te quieres dar cuenta no queda ni uno limpio. Y luego están las cucharitas pequeñas que, al contrario de los vasos, huyen de tu vida. Ni limpias ni sucias. ¿Cuántas tienes que robar en bares a lo largo de tu vida para poder tomarte dos yogures al día? Válgame.

Coser. Al margen de que empiezo a pensar que o me estoy quedando ciega o las agujas de los kits de costura de los chinos NO tienen ojo, arreglar un descosío sencillo requiere de un arte del que muchos carecemos. Bueno, podrías ponerte una rodillera, codera o parche que cubra el estropicio con un golpe de calor de la plancha. Ponte el casco de minero y saca la tabla. Lo mismo te terminas cosiendo tu mismo unos puntos de sutura por abrirte el cráneo.

Nunca he sabido muy bien cuándo hay que limpiar electrodomésticos como la nevera o el microondas. Supongo que lo mejor es esperar a que estalle una coca-cola o recalentar en modo horno crematorio alimentos con tomate frito. Fiesta.

Limpiar espejos y cristales. Tu ahí en posturas imposibles para pillar todas las perspectivas posibles y acabar con los malditos reflejos. Pero ellos te la juegan, eliminas uno y aparecen tres nuevos en otra esquina. Oye mil gracias.

Pero es indiscutible que el limpiacristales mola.

Mmmmm. Jo, huele super rico. De siempre.

https://www.youtube.com/watch?v=4eJJF11bIxM

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10 de febrero de 2015 - 08:00 h
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