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Mercedes Mayo: “El caso de las naves de Colecor fue un trato de favor clarísimo”

Entrevista N&B a Mercedes Mayo, ex letrada del Ayuntamiento de Córdoba

Aristóteles Moreno

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Pisó el Ayuntamiento de Córdoba por primera vez en los albores de la democracia. Tenía apenas 26 años y Julio Anguita ya emergía como estrella rutilante de la transición. Mercedes Mayo se ganó por oposición un puesto de letrada municipal y, desde entonces, ha defendido los intereses del Consistorio en cientos, quizás miles, de pleitos a lo largo de nada menos que 41 años. Algunos de ellos forman parte de la historia negra de Córdoba. Como aquel dramático incendio de Chirinos, donde perdieron la vida una mujer y sus dos hijos. O el asalto al Banco de Santander, que acabó con dos funcionarias de la Policía Local acribilladas por la banda de Claudio Lavazza. 

Hace apenas mes y medio ha puesto punto final a una fecunda biografía profesional como servidora pública. Y lo ha hecho a sus 67 años, rodeada de evidentes muestras de afecto y reconocimiento por parte de sus colegas. Vitalista y afable, llega a la entrevista acompañada de dos de sus nietos. Mercedes Mayo se jubila con la agenda plagada de compromisos. Familiares, por supuesto, pero también sociales y de índole cultural. Son las diez de la mañana delante de un café cortado en la terraza del Gran Bar de las Tendillas. 

El 23-J nos jugábamos retroceder en derechos y libertades. Volver a ecos de la España franquista

PREGUNTA. Empecemos por el final. Lo del 23-J, ¿qué ha sido? ¿Un milagro o una broma del destino? 

RESPUESTA. Ni una cosa, ni la otra. Yo sí tenía esperanza. Cuando salieron los resultados, estaba contenta, pero no eufórica. Sentía cómo se estaba movilizando la gente de izquierdas y percibía que no iba a ser un fracaso. Lo intuía. Tenía ese pálpito. Y pensaba que PP y VOX no iban a conseguir la mayoría absoluta para poder gobernar. 

P. ¿Qué nos jugábamos el 23-J?

R. Muchísimo. Y a la vista está. 

P. ¿Por ejemplo? 

R. Retroceder en derechos y en libertades, y volver a escuchar algunos ecos que recuerdan a tiempos de la España franquista. Ahí está el ejemplo del vicepresidente de Castilla y León. Nos jugábamos seguir progresando. Además, para mí ha sido una decepción ver que muchos amigos de izquierdas han virado a posiciones más conservadoras. 

P. ¿Y cómo lo explica? 

R. Porque se han dejado influir por determinados medios de comunicación, que repetían los mismos mantras.

P. ¿Qué mantras? 

R. Por ejemplo, el mantra del sanchismo. Me resultaba sorprendente que algunos amigos me hablaran despectivamente de Sánchez. Pero, ¿Sánchez qué te ha hecho a ti? ¿Qué políticas ha hecho que te hayan perjudicado? Ha subido las pensiones y ha promovido la reforma laboral. Eso sí: la ley del ‘solo sí es sí’ ha perjudicado muchísimo. Y ese mantra de que estaban saliendo los violadores a la calle es una simplificación de la realidad jurídica, que obvia un análisis técnico mucho más complejo. Ese tipo de simplificaciones ha calado mucho en la sociedad. Y también lo de Bildu y los filoetarras, cuando afortunadamente ETA ya no existe desde hace años y quien la derrotó fue un Gobierno socialista. 

P. Y usted es una pérfida sanchista.

R. Yo no soy sanchista. Yo soy socialista, pero valoro las políticas que se han hecho. Tampoco fui en su momento felipista ni guerrista. Yo siempre me he sentido socialista. Y tengo que decir que ha habido determinados momentos en que no he votado al PSOE.

Cuando el PSOE presentó a Rosa Aguilar de cabeza de lista, no me pareció bien y no lo voté

P. ¿Cuándo? 

R. Pues mire: cuando el Partido Socialista presentó a Rosa Aguilar de cabeza de lista. No me parecía bien y no voté al PSOE.

P. ¿Cuál es el truco del prestidigitador Sánchez para sobrevivir?

R. La resistencia. Y creo que es un buen líder. Es persistente. Y valoro sus políticas en estos cuatro años muy difíciles. Me hubiera dado pavor si, en lugar de Sánchez, hubiera estado Rajoy. 

P. ¿Qué hubiera aportado Rajoy?

R. Nada. La época de Rajoy fue nefasta. Favoreció a la banca y a las grandes empresas. Y se olvidó del pueblo y de la gente trabajadora. 

P. Entre España y Sánchez, ¿qué ha elegido la gente el 23-J? 

R. No ha existido esa disyuntiva, porque Sánchez ha sido presidente de España. Otra cuestión es que la derecha ha hecho una apropiación indebida de España y de los símbolos de nuestro país. Yo no tengo problemas con la bandera de España. Y eso es lo que tendríamos que hacer mucha gente de izquierdas: enarbolar la bandera sin problemas.  

P. ¿Quién se ha pegado el tortazo más gordo el 23-J: Feijóo o Alfonso Guerra? 

R. Alfonso Guerra me ha decepcionado mucho como socialista. Y también Felipe González.  

P. ¿Por qué? 

R. Están muy alejados de los principios socialistas que defendieron con tanto ahínco. Y, sin embargo, Rodríguez Zapatero me ha encantado. Ha sido una persona excelente que ha influido mucho en animar a la gente de izquierda a votar. El batacazo se lo ha pegado Núñez Feijóo, que iba de sobrado, cuando es una persona con grandes limitaciones, como ha demostrado durante toda la campaña con sus declaraciones. 

La derecha ha hecho una apropiación indebida de España y sus símbolos

P. ¿Ahora estamos en manos de un prófugo?

R. No creo. A Puigdemont lo detesto. No de ahora. De siempre. Me parece un iluminado, que no quiere a Cataluña, sino a sus propios intereses particulares. Evidentemente estamos en una situación muy compleja, pero no estamos en sus manos.

P. ¿Es partidaria de la gran coalición entre PP y PSOE o le da urticaria?

R. Nunca sería partidaria. Solo en caso de emergencia nacional. Una guerra, por ejemplo. Un ataque exterior. La gente de izquierda somos mucho más crítica y más exigente con nuestros gobernantes. Si el Partido Socialista hiciera coalición con el PP perdería su identidad y estaría abocado a la desaparición. 

P. ¿Y qué fue de la excepción cordobesa? 

R. Córdoba no ha sido nunca de izquierdas. 

P. ¿Era un espejismo? 

R. Yo creo que sí. Veo a Córdoba cada vez más tradicional y conservadora. 

P. ¿Y cómo pudo gobernar 25 años en Córdoba el Partido Comunista?

R. El PCE hizo una gran labor y se ganó el respeto de la ciudadanía. Anguita fue un gran líder carismático. Hizo cambios muy importantes y beneficiosos para la ciudad a nivel de cultura e infraestructuras. Hubo un cambio total que percibió la gente. 

P. ¿A usted también le deslumbró el carisma de Anguita?

R. Ha sido un alcalde con auctoritas. Tú lo veías y te infundía respeto. A la izquierda y a la derecha. Cuando ya se dedicó a la política nacional había manifestaciones con las que no estaba de acuerdo. Y fue una persona honrada a carta cabal. Honesto. Y consecuente con sus ideas. La gestión después de Herminio Trigo también fue muy importante.

P. ¿Qué tiene el señor Bellido para haber logrado la mayoría absoluta? 

R. ¿Cómo le diría? Es una persona moderada y se ha rodeado de un buen equipo. Y no busca la confrontación sino que intenta el diálogo. Eso lo ha percibido la gente. Es un estilo a Moreno Bonilla, que por eso consiguió también la mayoría absoluta.

Alfonso Guerra me ha decepcionado mucho como socialista. Felipe González también

Mercedes Mayo fue hija única, de padre franquista combatiente de la División Azul y madre republicana de izquierdas. Fue su progenitora quien se empeñó en que “Merceditas” tuviera formación académica, en un contexto en que las mujeres aún engrosaban el casillero administrativo de “sus labores”. Fue una estudiante aplicada. El primer despacho de abogados que pisó fue el de Filomeno Aparicio y Rafael Martínez, allá en el año 76, cuando CCOO aún era un sindicato clandestino y defender a los trabajadores constituía una actividad sospechosa que te ponía en el punto de mira de la Brigada Político Social de la Policía. Su primer trabajo serio, cuando terminó la carrera, lo ejerció con el prestigioso abogado Rafael Mir Jordano, tristemente desaparecido el pasado mes de mayo.

P. Se acaba usted de jubilar después de 41 años, tres de ellos al frente de la Delegación de Justicia de la Junta. ¿Qué ve si mira atrás?

R. Yo estoy contenta, pero he tenido también dificultades en mi trayectoria profesional. Y luego, al final de mi vida laboral, cuando me otorgaron a petición del Colegio de la Abogacía de Córdoba la Cruz de San Raimundo de Peñafort, pues la verdad es que ha sido una gran satisfacción para mí. La culminación de mi vida profesional, desde que la inicié en 1978 en el despacho de Rafael Mir Jordano. 

P. ¿Qué ha perdido Córdoba con Rafael Mir? 

R. Un referente cultural. Una persona libre, independiente, con criterio. Para mí, ha sido una gran pérdida. 

P. Entró en el Ayuntamiento en 1982. Tenía 26 años. ¿Qué Ayuntamiento encontró? 

R. Un Ayuntamiento muy arcaico. En la asesoría jurídica, el jefe era Rafael Ortega. Me acuerdo de las máquinas de escribir antiguas con el papel de calco. Teníamos que buscar las sentencias en los libros de jurisprudencia. Recuerdo con cariño esa etapa. 

P. Ha llevado cientos o miles de litigios municipales durante estos 41 años. ¿El Ayuntamiento siempre tiene razón?

R. No. Hemos perdido también muchos juicios. La asesoría jurídica municipal ha tenido siempre unos magníficos profesionales. Y en los contenciosos hemos defendido los intereses municipales hasta la extenuación. 

P. ¿Qué se siente al defender los intereses municipales?

R. Que estoy prestando un servicio público a la ciudadanía. Siempre lo he tenido claro. Yo no estoy al servicio del político de turno. De hecho, cuando he visto que el Ayuntamiento no tenía razón he intentado que aceptara el planteamiento del ciudadano. Siempre he visto muy mal que no se conteste al ciudadano y se emplee la técnica del silencio administrativo para obligarle a ir a los tribunales. 

P. 20 de febrero de 1988. Una mujer y sus dos hijos fallecen en el incendio de Chirinos. ¿Qué se le viene a la memoria? 

R. Fue un juicio muy duro. La acusación la llevó José Antonio Guiote. Yo iba representando al Ayuntamiento como responsable civil subsidiario, al que se le pedía una indemnización muy fuerte. Y se me viene a la memoria también una condena injusta por la Audiencia Provincial. Se condenó por homicidio imprudente al entonces jefe de la Policía Local; al concejal de Seguridad; al jefe del Servicio de Extinción de Incendios; y al sargento que iba al mando de la dotación. Yo creo sinceramente que fue una condena injusta porque se hizo sufrir muchísimo a estas personas, que eran excelentes servidores públicos. De hecho, la condena fue finalmente revocada por el Tribunal Supremo. 

Si el PSOE hiciera coalición con el PP perdería su identidad y estaría abocado a la desaparición

P. ¿Cuál fue la clave de su éxito judicial?

R. Hubo un cúmulo de circunstancias desgraciadas, que provocaron el fatal desenlace, pero en absoluto atribuibles en vía de responsabilidad penal a los servidores públicos. El Ayuntamiento fue condenado, de hecho, por la vía de la responsabilidad patrimonial al abono de la indemnización correspondiente. Y ese era el cauce judicial adecuado. 

P. 18 de diciembre de 1996. Asalto al Banco de Santander. Usted dirigió la acusación pública contra la banda que asesinó a dos policías locales. ¿Qué sintió cuando se sentó delante de Claudio Lavazza? 

R. Que era un asesino. Yo sentí frío. Porque era una persona de una gran frialdad en la mirada. Yo salí muy satisfecha del juicio. De hecho, después me felicitaron en la junta de gobierno local. Fue un juicio muy duro. Sobre todo, cuando ves a dos compañeras víctimas de unos asesinos y la mala suerte que tuvieron. Fue horroroso. 

P. ¿Qué había detrás del escándalo de las naves de Colecor?

R. Un trato de favor hacia Rafael Gómez. Yo ya resultaba incómoda en la Gerencia de Urbanismo por mi denuncia constante del trato de favor que se le dispensaba. 

P. Y sus informes jurídicos no le gustaban nada a la señora Aguilar.

R. No le gustaban. Y fue muy curioso: me cesaron elogiando mi labor profesional y me sustituyeron por un técnico que no tenía conocimiento alguno de urbanismo. Yo puse un pleito por desviación de poder y lo perdí. Si hubiera puesto un pleito penal por prevaricación creo que lo hubiera ganado. Me faltaron agallas. 

P. ¿Se arrepiente de no haberlo hecho? 

R. No. Yo he puesto varios pleitos al Ayuntamiento y se pasa mal. 

P. Es como morder a quien te da de comer.

R. A mí no me dan de comer los políticos. Mi puesto me lo he ganado yo.

Córdoba no ha sido nunca de izquierdas

P. ¿Podemos decir que la señora Aguilar se fue de Rositas o es una cursilada? 

R. Me cuesta decirlo. Verdaderamente hubo un trato de favor clarísimo a Sandokán. Eso lo mantuve en su momento y lo sigo manteniendo. Y me remito a las declaraciones de Rafael Gómez, a quien le abrieron un expediente porque ya era una cosa clamorosa construir esas naves tan enormes en una zona de especial protección. Según dijo él mismo, le prometieron que esta multa millonaria se iba a convertir en nada en cuanto se aprobara el Plan Especial de la Carretera de Palma y se pudiera legalizar esa construcción.

P. Que, por cierto, nunca se ha restituido la legalidad urbanística conculcada.

R. No sé los siguientes pasos que se dieron. Yo ya me desvinculé porque para mí fue la etapa más dolorosa de mi carrera profesional. Sé que siguieron pidiéndole el pago de la sanción y creo que la demolición nunca se llegó a ejecutar. 

P. En una entrevista de 2010, usted dijo lo siguiente: “Es difícil decir lo que se piensa en un partido”. ¿Lo firma 13 años después? 

R. Es difícil decir lo que se piensa en un partido si tienes algún tipo de ambición. Y me refiero al PSOE, pero también al PP.

P. Usted no tiene ambición.

R. Yo no he tenido nunca ambición de tener cargos. 

P. Y siempre ha dicho lo que ha pensado.

R. No siempre. Algunas veces. En un comité provincial manifesté mi oposición a que Rosa Aguilar encabezara una lista. Porque, además, a Antonio Hurtado lo laminaron por influencia de Rosa Aguilar. 

P. ¿Se lleva muchos secretos municipales a casa? 

R. No. Yo siempre he ido con la verdad por delante en mi ámbito profesional. Todos saben cómo soy y, si te tengo que decir que algo no está bien, lo digo. No me llevo ningún secreto importante. En el ámbito municipal todos nos conocemos y yo siempre he trabajado con honestidad, compromiso y lealtad con todos los gobiernos municipales. 

Bellido es una persona moderada y nunca busca la confrontación

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