El último título de Reyes

Reyes saluda a los aficionados en el Córdoba -Sporting de Gijón (3-0) en El Arcángel | ÁLEX GALLEGOS

“No sabría decir si esto es más que un título, pero desde luego que se parece”, dijo en la zona mixta, recibiendo abrazos a diestro y siniestro, el sevillano José Antonio Reyes. Llegó entre ovaciones -hubo miles de aficionados en la Tribuna el día de su presentación- y se marcha del mismo modo: El Arcángel le tributó aplausos y cánticos mientras él enfilaba, parsimoniosamente y con los brazos alzados, el camino de salida tras una lección -una más- de fútbol en su más pleno sentido. Su bota no es de este mundo, evidentemente. Tiene calidad sobrada para dominar en Segunda División. Además, dejó sobre el verde un curso de ética profesional.

Entre ambos momentos, su llegada y su salida, media un periodo en el que recuperó su rango de estrella del fútbol en el campo -venía de estar parado tras salir del Espanyol- y fuera de él. “Perdí 14 kilos”, reconoció ayer, entre risas, ante los micrófonos de Canal Sur. ¿Es la última vez que Reyes vistió la blanquiverde? La afición, desde luego, puso de su parte. Cantaron un emotivo “Reyes quédate” con las venas del cuello hinchadas y el corazón a mil. El utrerano es un ídolo, un asidero futbolístico y emocional para una hinchada que mascaba la humillación de un equipo desvencijado y sin personalidad. Reyes llevó al Córdoba a otra dimensión.

El utrerano, de 35 años, ha sido campeón de Primera División con el Real Madrid y de Segunda con el Sevilla, cuando aún era juvenil. También celebró la conquista de la Premier League, la Community Shield y la FA Cup con el Arsenal inglés. En Portugal levantó la Copa de la Liga con el Benfica. Con el Sevilla conquistó tres ediciones de la Europa League, una competición continental que también logró defendiendo al Atlético de Madrid dos veces más, además de una Copa Intertoto y una Supercopa de Europa. En sus vitrinas hay un título de campeón de Europa con la selección española sub-19. No le faltan laureles a su expediente profesional, al que ahora ha añadido un éxito de lo más peculiar. “Vengo a salvar a un histórico del fútbol como el Córdoba”, dijo a su llegada. Hubo quien le miró con recelo. Estaba fuera de forma -se lo tomó muy en serio y el doctor Escribano hizo el resto-, pero se reconstruyó con rapidez. Su entusiasmo contagió a todos. Hizo lo que dijo, por lo que el cordobesismo le aceptó de inmediato como uno de los suyos. Y no como a uno cualquiera.

Reyes recalcó la importancia de un momento clave: el que se produjo tras las derrotas en el campo de la Cultural Leonesa -que finalmente fue el equipo que terminó bajando en la última jornada- y la sufrida en casa ante el Huesca. Parecía que el camino se torcía de modo irremediable. “Es verdad que fallamos en dos partidos importantes, pero el equipo siguió creyendo y eso es fundamental; cuando un equipo cree en sí mismo y en sus posibilidades se ve reflejado en el campo”, declaró un futbolista curtido en otro tipo de escenarios. Bailó en las lujosas moquetas de los mejores estadios de Europa y ahora se emociona en recintos como el Municipal de Reus. Fútbol es fútbol. Reyes juega como lo siente.

¿Seguirá? “Desde que llegué me tienen un cariño especial, han sido cuatro meses en la que cada partido era una final”, acertó a decir ante los micrófonos, tratando de ser agradecido y cortés cuando le soltaban las clásicas preguntas a propósito de su porvenir. “Cuando uno está contento en el campo se nota”, dijo. ¿Y su continuidad? “Me gustaría. Me encuentro bien y estoy feliz. Eso es importante. Pero disfrutemos del día y a ver qué pasa”, dejó dicho.

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