Deivid, Bouzón y aquella tarde loca en Las Palmas

Deivid firma a un aficionado en la tienda | MADERO CUBERO
Bouzón, el central del ascenso blanquiverde a Primera, regresa a El Arcángel como pieza clave del Nástic | Coincidirá con Deivid, con el que compartió vestuario el curso pasado en la élite

Ninguno olvidará nunca la última vez que coincidieron en un campo como rivales. Fue el 22 de junio de 2014, en el estadio Gran Canaria. Un UD Las Palmas-Córdoba que quedó en la historia como uno de los ascensos más increíbles de todos los tiempos. Ya saben: el saque de Juan Carlos, el envío al área de Pelayo, el remate de Raúl Bravo, el rechace de Barbosa... y el gol de Uli Dávila en el tiempo añadido tras una suspensión del partido por invasión de campo. Allí estuvieron ellos. Uno, llorando de decepción; otro, bailando de alegría. David Omar Rodríguez Barrera (Las Palmas, 1989) y Iago Bouzón Amoedo (Redondela, 1983) se ganan la vida como defensas centrales, siempre y cuando los entrenadores no les ordenen lo contrario. Desde aquel día han transcurrido 16 meses. En fútbol, una eternidad en la que puede ocurrir de todo. Como que el zaguero que aquel día se echaba las manos en la cabeza al ver cómo se frustraba del modo más cruel el salto a Primera del club de su tierra sea, en estos momentos, una de las piezas capitales en el club que ejerció como verdugo de sus ilusiones. Deivid es uno de los capitanes del Córdoba. Y Bouzón, uno de los héroes de aquel 22J que fue fichado este verano por el Nástic y retorna a El Arcángel como amenaza. Otra vez frente a frente, pero con la camisetas cambiadas.

Deivid fue, paradójicamente, el primer fichaje del recién ascendido Córdoba, que decidió quedarse con Iago Bouzón para su primera experiencia en la élite tras más de cuatro décadas de ausencia. Fueron, por tanto, compañeros en un vestuario al que testigos directos de la experiencia describen ahora, a toro pasado, con calificativos impublicables. La Liga 14-15 en Primera resultó una experiencia al límite para ambos, que sobrevivieron como pudieron en medio de un desastre colectivo sin precedentes. El canario terminó jugando 21 partidos, 17 de ellos completos, acoplándose al puesto de pivote por delante de la defensa. Fue uno de los damnificados de un caos técnico que también afectó a Iago Bouzón. El defensa gallego intervino solo en tres encuentros, dos de central y otro de lateral derecho, y más tarde se lesionó. El 30 de noviembre jugó el primer tiempo en el Córdoba-Villarreal (0-2). Desde ahí, ni un solo minuto más. Su adiós se certificó al final de la temporada.

Ahora, tanto Deivid como Bouzón son futbolistas apreciados en sus equipos. “Iago es muy querido aquí, un tío importante cuando estuvo”, dijo Deivid en su comparecencia de hoy ante los periodistas. El blanquiverde lo ha jugado absolutamente todo: los diez partidos de Liga y el de Copa. Sin moverse del campo: 990 minutos. El de Redondela estuvo fuera del equipo en las tres primeras jornadas, pero entró en la Copa del Rey y lleva enganchados los últimos seis partidos del campeonato liguero. Todos completos. Su papel ha resultado relevante en el ascenso en la tabla de los tarraconenses, cuyo técnico, Vicente Moreno, le tuvo como compañero en el Xerez. Este sábado, Deivid y Bouzón vuelven a encontrarse en El Arcángel. Lo harán como hombres importantes y en su posición de siempre, la que mejor dominan, la de defensas centrales. Y serán adversarios, como aquella tarde loca de Las Palmas.

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