El Roto, el aguijón de la sociedad

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El dibujante y pintor Andrés Rábago expone una selección de sus viñetas gráficas en las Galerías del Cardenal Salazar, dentro del Congreso de la Sabiduría

Andrés Rábago es un alambique de la realidad. Destila el mundo amorfo y desordenado en el que vivimos para abrirnos los ojos a una esencia encerrada en un perfecto cuadrado. Y lo hace todos los días desde hace años en el diario El País. Es la viñeta de El Roto, seudónimo bajo el que firma su demoledora visión de lo que ocurre. Una sola imagen, un breve texto. Los mínimos elementos para la carga de profundidad más potente y honda. Porque si El Roto no le sacude es posible que esté usted muerto. Una selección de sus obras puede visitarse en La galerías del Cardenal Salazar, en la Facultad de Filosofía y Letras. La exposición se incluye dentro de las actividades organizadas en el Congreso de la Sabiduría, organizado por la Cadena Ser, La Universidad de Córdoba y la Universidad Loyola, entre otros.

El nombre de la exposición es tan sintético y claro como las obras de El Roto: Escombros. "Refleja todo lo que se nos ha caído en estos últimos años. Todo aquello que parecía sostenerse y se ha venido abajo", explica el pintor y dibujante. "Los escombros son el resultado de todo eso y lo que aquí reflejo es lo que ha quedado de toda esa época en que parecía que nos iba a llevar a la riqueza y la gloria, pero que nos ha conducido a la miseria y al oprobio".

Los mínimos elementos que Rábago usa a para golpear nuestros cerebros son un reflejo del espacio cartujo desde el que asaetea con sus viñetas gráficas. "Sigo trabajando igual que siempre. En mi mesa, en un estudio aislado, con un mínimo de elementos y el máximo de intensidad en ellos. Ese es mi estilo", concluye. En esa celda El Roto desarrolla dos formas de trabajar. "Una es que la imagen te lleve a un texto y otra es que el texto te lleve a una imagen. Los dos caminos requieren un trabajo de pulimento, de limpieza, de eliminación de todo lo sobrante. Ocurre tanto con el dibujo como con el texto. Lo importante es que una estructura esencial que sostenga a esa idea", desgrana.

Los directos de izquierda y derecha que suelta El Roto directos al puente de la nariz casan perfectamente con el día a día en la que se mueven los lectores. Una vida de titulares leídos en diagonal dentro de cascadas infinitas llamadas Twitter o Facebook. Un mundo digital en el que el déficit de atención se ha convertido casi en herramienta de trabajo. "Tenemos que sintetizar al máximo porque la velocidad a la que se lee y se intenta absorber una imagen o una idea es mucho más corta y rápida. Tiene que tener un aspecto muy sintético que penetre, deje dentro su aguijón, su idea y luego desaparezca".

¿Esa picadura inocula nuevas ideas, cambios en la gente, distintas formas de pensar? "No, lo que haces es reforzar ideas que ya están en el lector, las haces reverberar", responde. Y esas viñetas que explotan en la sesera del público, ¿en alguna ocasión vienen dirigidas por terceras personas, como los responsables de las cabeceras para las que ha trabajado? "Tampoco. Yo soy incapaz de trabajar sobre una idea ajena de alguien, sobre algo que otros creen que debe expresarse en ese momento. Siempre he trabajado con la máxima libertad. Es algo que debo agradecer y que también agradece el propio trabajo que se realiza", zanja.

Y ese trabajo es una constante. Todos los días, sin faltar nunca, El Roto se asoma en las páginas de El País. Cualquier otro podría tomar ese ritmo como una verdadera cruz. Andrés Rábago se lo toma con deportividad, en cambio. "Es como hacer ejercicio todos los días. Si no lo haces, no te sientes cómodo ni bien. Es un ritmo de trabajo asumible si estás preparado para ello, con una musculatura suficiente para hacerlo. Es una oportunidad nueva cada día de decir algo que crees que debe ser dicho en ese momento". ¿Y cómo se entrena uno para eso? "Te lo da la experiencia de muchos años sobre cómo hacer las cosas. Por ejemplo, cómo buscar los elementos gráficos, teniendo una buena memoria visual, para saber dónde se puede encontrar un elemento determinado. Ese es a veces el trabajo más duro, buscar esa parte donde puedes encontrar esa apoyatura gráfica que se requiere".

Rábago volvió ayer a su casa. A las tres de la tarde cogía al tren. Tal vez en la pequeña mochila que llevaba a la espalda llevase material gráfico que aparezca en alguna de sus obras. Pero antes que habrá que destilarlo un poco.

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10 de septiembre de 2015 - 07:44 h